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Políticamente Correcto: La ley y el ruido

Políticamente Correcto: La ley y el ruido

Jun 3, 2017

 

Por César Iñiguez //

El ruido es todo sonido coordinado o descoordinado que no deseamos; un sonido inesperado que quita nuestra tranquilidad. En la ciudad es muy común escuchar ruidos, el ritmo vertiginoso nos lleva a generar y escuchar sonidos inesperados; el camión urbano, la campana de la basura, el camión del gas, el tráfico, las escuelas, las máquinas trabajando, las empresas, las recientes obras, los bares, restaurantes, los eventos y qué decir de los vecinos ruidosos que generan decibeles que muchas veces no son permitidos por la ley.

Hay que establecer los parámetros para poder darnos una idea de los niveles de ruido permitidos, los saludables y lo que los genera.

El cuerpo humano se dice tiene una tolerancia hasta los 120 decibeles, a partir de ahí comienzan las afectaciones, dolor de cabeza, estrés, irritabilidad, problemas de sueño, falta de concentración, entre otros problemas.

El susurro y la respiración normal generan 10 decibeles; el ruido de las hojas en campo libre generan 20; una biblioteca o una habitación en silencio provoca 40 decibeles; una conversación normal trae consigo 50; una oficina grande en horario de trabajo da 60 decibeles; un timbre o un camión pesado moviéndose dan 80; una aspiradora o una máquina de una fábrica trabajando provocan 90; una banda de rock genera 100; un motor de un avión son alrededor de 150 decibeles.

La Norma Oficial Mexicana NOM081, es la que regula los límites máximos permisibles de emisión de sonido por fuentes fijas y su método de medición, establece que el límite en una zona residencial o habitacional el límite durante el día (de seis de la mañana a diez de la noche) es de 55 decibeles, mientras que en la noche (de diez de la noche a seis de la mañana) lo permitido equivale a 50 decibeles.

Las industrias y comercios tienen un límite durante el día de 68, y en la noche de 65; las escuelas y las áreas exteriores de juego no deben sobrepasar los 55 decibeles durante el juego; mientras que las ceremonias, eventos de entretenimiento y festivales, no deben ser superiores a los 100 decibeles.

Las autoridades municipales dentro de sus reglamentos observan estas disposiciones bajo un procedimiento que se debe ejecutar en caso de que se presente alguna violación a lo señalado en la norma federal.

En el caso de que sea un particular el que exceda los límites permitidos, debe ser remitido ante el juez municipal bajo un arresto administrativo, mientras que los comercios, industrias, empresas y negocios deben ser apercibidos previamente antes de dárseles alguna sanción.

En marzo, un grupo de ciudadanos se organizaron bajo la “Cruzada contra el ruido”, la cual tenía como objeto presentar denuncias a diversos establecimientos que superaran los límites permitidos en la ley.

Los gobiernos municipales afines a Movimiento Ciudadano iniciaron operativos en diversas zonas de la ciudad para clausurar decenas de establecimientos; como un método reactivo para atender la exigencia ciudadana.

Lo que provocó fue la molestia de los empresarios, quienes denuncian que los ayuntamientos metropolitanos no han cumplido los protocolos establecidos en la ley y clausuraron los negocios sin antes ser apercibidos.

Denuncian la incongruencia e hipocresía de las autoridades municipales, quienes por un lado permiten festejos ruidosos como el de la Minerva en el campeonato de las Chivas, en los que participaron y afectaron a cientos de ciudadanos que viven en los alrededores del emblemático monumento de la ciudad, quienes padecieron los ruidos, desmanes y basura que este evento generó.

Señalan que Enrique Alfaro y su gobierno no aplican la ley en lo que debe ser, y simulan hacerlo golpeando a un sector de la población, que genera productividad y empleos.

Sin duda, ninguna persona debe vulnerar la tranquilidad de otra con ruidos indeseables, y los empresarios deben ajustarse a lo que establece la ley, para evitar la molestia de los vecinos; pero sin duda, esto no justifica el actuar de la autoridad municipal, quienes evidentemente utilizan la ley a su conveniencia, sin algún criterio imparcial y general, usando a su estilo, la intolerancia y la represión.

La solución debe ser, consensuar, atender y ejercer autoridad, no la represión; buscar alternativas para que los empresarios cumplan la ley sin afectarlos de manera abusiva.

Facebook: César Iñiguez

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