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Políticamente Correcto: Las verdades de la consulta

Políticamente Correcto: Las verdades de la consulta

Nov 5, 2018

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Por César Iñiguez //

Tengo un tiempo tratando de ser imparcial, intentando ver la buena intención en algunos temas y decisiones del Presidente electo y su equipo, pero de manera inevitable saltan dudas y graves contradicciones en sus acciones que vale la pena enunciar.

Pareciera que es una buena decisión consultar a la gente sobre temas públicos que aparentemente nos conciernen a todos; pero en el caso particular sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX (NAIM), por decir lo menos, AMLO y su equipo tratan de abusar de nuestra inteligencia.

En campaña, el tabasqueño señaló una y otra vez que el nuevo aeropuerto se cancelaría, acusando que tanto técnica, como financieramente era inviable, además de que era un “negocio corrupto” de la mafia del poder.

Obviamente, conforme fue avanzando su campaña, y sus alianzas por supuesto, matizó ese discurso hasta diluirse al final del proceso electoral; hoy, se quedó metido en un embrollo del que no podía salir, ya que señaló que evitaría la construcción del NAIM, pero sus nuevas alianzas lo presionaban para seguir adelante con ese proyecto, emblema de la administración de Peña Nieto.

Durante la campaña dijo que ampliaría el actual aeropuerto internacional Benito Juárez y que construiría dos pistas más a la base militar Santa Lucía, y que cancelaría “el negocio corrupto del NAIM”, y después del proceso no sabía cómo legitimar su decisión, ya que por un lado, sus discursos y sus huestes le exigen que cumpla su palabra, pero sus nuevos acuerdos y aliados le decían seguir adelante con el nuevo aeropuerto.

¿Qué hacer? Fingió decidir como Poncio Pilatos, lavarse las manos y lanzar la papa caliente al “sabio pueblo” quien no se equivoca y decide.

No sería tan malo si realmente la cosas las hicieran de manera correcta, pero es un acto descarado para taparle el ojo al macho y anunciar una decisión que prácticamente tenían tomada y que simularon con una supuesta consulta.

Ya tenían decidido ampliar el aeropuerto actual y construir las dos pistas en la base militar de Santa Lucía, pero simularon preguntarle a la gente; ¿qué hicieron? Preguntaron dónde los votos de Morena les favorecieron, y pusieron a sus empleados en muchas casillas a marcar las boletas, las cuales no tenían folios ni registros, donde se podía votar tres o cuatro veces más; es decir, nos intentaron engañar en un proceso que era muy fácil de hacer, que AMLO decidiera y ya.

El equipo de Andrés Manuel cometió grandes errores y pifias jurídicas señalando, que si bien este tipo de consultas no están en la ley, no son ilegales; se les olvida que un gobernante no puede actuar “a criterio”, sino que debe actuar acatando expresamente lo que la ley le manda; hoy tienen una salida momentánea, no son gobierno, aún no entran en funciones; sí, pero habla mal que el Presidente electo y su partido convoquen a consultas al margen de lo que establece la ley. Preocupa que esa sea la tónica de su gobierno.

Porque, ¿quién decide qué se consulta y qué no? ¿Qué temas merecen irse a consulta y qué temas no? ¿El empleo, la pobreza, la inseguridad y la corrupción se irán a consulta o eso no? Es un callejón sin salida, porque esta discrecionalidad solo demuestra autoritarismo en qué se le pide opinión a la gente.

Además, las herramientas de participación social, como el referéndum, la consulta popular, el plebiscito y demás herramientas ciudadanas, están establecidas en la ley bajo un procedimiento; y su aplicación obedece a una lógica en la que se garantice una libre e informada participación, no las ocurrencias de la consulta con el NAIM.

Los instrumentos de participación social son herramientas exclusivas de la sociedad civil, si los partidos, gobiernos o autoridades influyen en ellas deja de ser eso, participación ciudadana, para convertirse en acciones de gobierno.

La figura de la consulta popular, como elemento de participación social, tiene un procedimiento establecido en la ley; lo que AMLO y su equipo hacen no es una consulta popular, sino un buzón de sugerencias gubernamental.

Las consultas populares, de entrada, se promueven por la sociedad civil a través de los diputados; donde debe existir un proceso de información sobre los temas que serán votados, la gente debe saber puntualmente qué se votará y deben darse los elementos de valoración para tomar la decisión; se instalan casillas y mesas receptoras para que todos puedan acceder a la consulta y la lleva a cabo una autoridad electoral, el INE; se lleva a cabo de manera concurrente con los procesos electorales federales y quien la califica es la Suprema Corte, máxima autoridad del poder judicial. Obviamente nada de eso ocurrió.

Andrés Manuel se metió en un enredo difícil de salir, se le ocurrió la brillante idea de usurpar una herramienta exclusiva de participación ciudadana, la consulta popular, para simular pasarle la estafeta al pueblo para que tome una decisión que claramente ya tenía.

No fue siquiera un buzón de sugerencias, porque se trató de una pantomima para preguntarle a la gente algo que muy pocos sabían, jugaron con las cartas marcadas por tener boletas sin control; y los que realizaron el procedimiento fueron empleados de Morena, y el resultado fue claro, un 70 por ciento de los consultados, votaron casualmente por la propuesta del tabasqueño.

Esos porcentajes cercanos a las unanimidades preocupan, solo se daban en los años mozos del priísmo y en los tiempos del comunismo ruso.

Twitter: @CesarIniguezG

Facebook: César Iñiguez

E-mail: cesar_iniguez@hotmail.com


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