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Políticamente Correcto: Ni un peso a partidos

Políticamente Correcto: Ni un peso a partidos

Sep 23, 2017

Por César Iñiguez //

La tragedia de los sismos, ha traído consigo un debate nacional. Los partidos políticos se han convertido en los enemigos públicos favoritos de los mexicanos, y con justa razón; el dispendio, el exceso, los actos de corrupción, ha traído consigo un repudio casi generalizado.

Por ello, la sociedad demandó que parte del enorme recurso destinado para mantener a los partidos políticos y otro tanto que sirve para ser gastado en el costosísimo proceso electoral, sea reducido sustancialmente para ser dirigido a las labores de asistencia a los damnificados en todos los estados afectados.

Es una demanda legítima, por el desprestigio que sufren los partidos políticos; pero, ¿realmente soluciona el problema de fondo? Definitivamente no, es una cantidad importante de recursos, superiores a los tres mil millones de pesos, pero que representan una cantidad muy pequeña comparada con lo que dispone el gobierno federal.

La presión social hizo, que de manera escalonada, los presidentes de los distintos partidos políticos comenzaran a dar propuestas de reducción de su financiamiento; AMLO propuso reducirse hasta un 50 por ciento el recurso que recibía de Morena; después, Enrique Ochoa del PRI, ofreció reducirse un 25 por ciento de sus recursos, equivalentes a más de 250 millones de pesos; y posteriormente, el Frente Ciudadano por México, conformado por el PAN, por el PRD y el PMC, decidieron presentar una iniciativa constitucional para reducir el 100 por ciento y eliminar así, de manera total, el financiamiento público a los partidos políticos, acción que se traduciría en que ni un peso de nuestros impuestos, irá a parar a estos institutos políticos.

Estoy convencido que es una medida reactiva a la presión social, pero no necesariamente es la adecuada si no va acompañada de un ejemplar ejercicio de austeridad, fiscalización, compromiso, transparencia de recursos, que conlleven la eficiencia en su aplicación, con una serie de acciones y medidas para evitar el despilfarro y gasto excesivo, principalmente del gobierno federal.

Me explico mejor, nuestra imperfecta democracia, en la mayoría de veces, es engorrosa y cara, pero es el motor de nuestro crecimiento como país, donde se soporta nuestro sistema político y nuestra estabilidad, porque así se determinan nuestros gobernantes, y en esto, los partidos políticos juegan un papel fundamental, menos protagónico que antes, claro, por el desgate y por las recientes reformas donde se han establecido las candidaturas independientes y otras figuras de participación ciudadana y social, pero no dejan de ser instrumentos útiles para el avance democrático.

Por ello, los partidos recibían financiamiento público, precisamente para evitar compromisos y acciones, ya en el ejercicio del gobierno y del poder, que comprometan el rumbo del país; al no haber recurso público, de alguna manera se tendrá que conseguir el dinero y ahí habremos de ver de dónde echan mano para financiarse. Es sencillo, si un político quiere hacer campaña y no tiene dinero para hacerla, conseguirá con alguien, quien después tratará de recuperar la inversión que hizo en aquél político; que en el mejor de los casos, sean personas con dinero bien habido, pero seguramente se mantendrá el riesgo de que entre dinero sucio, algo que es realmente peligroso.

Estaremos orillando que el tema de la participación política se convierta en algo de pesos y centavos.

Bien, supongamos que prospera la iniciativa con cuatro de los cinco partidos con presencia en el Congreso de la Unión que pueden modificar las leyes y hacer una reforma constitucional federal, con el PAN, Morena, PRD y PMC; bien, pero la pregunta es ¿a cuánto asciende el ahorro e inversión a los damnificados de los sismos?

No representa, ni el uno por ciento del recurso total que tiene el gobierno de Peña Nieto, habrá que revisar entonces, una reducción importante al gasto corriente, al número de burócratas, pero sobre todo a los privilegios con los que cuenta el ejecutivo federal; aviones, camionetas, carísimos seguros de gastos médicos mayores carísimos, gasolina, viáticos, gastos de representación, alimentos, alojamientos y un sinfín de prebendas y privilegios con los que cuentan, además de sus sueldos exorbitantes y que todos los ahorros sean eficientemente invertidos y fiscalizados para evitar la corrupción.

Para lograr un cambio de fondo, todos deben entrarle y se debe cambiar la manera en la que se concibe el ejercicio público, en el que se trata de algo muy simple, ayudar a la gente y procurar el bien común.

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