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PORQUE LO DIGO YO | Echarle la culpa al de atrás

PORQUE LO DIGO YO | Echarle la culpa al de atrás

Jul 16, 2016

No se debe confundir la delincuencia organizada con la delincuencia común (mal llamada por algunos ordinaria). No es el mismo tipo de delincuente el que se roba unos espejos de un automóvil que el que exporta droga a Estados Unidos.

Aunque en ambas actividades existe un común denominador: necesitan estar coludidos con alguien dentro del gobierno para poder operar.

Los narcotraficantes hicieron más corrupto al poder con grandes cantidades de dinero que reparten o bien para que se hagan de la vista gorda o para protegerlos en el peor de los casos.

En el caso de las bandas de robacoches, de robo de autopartes, asaltatranseúntes y otras actividades de la «cotidianidad delictiva» de la  Zona Metropolitana de Guadalajara, el juego de complicidad entre la autoridad, en este caso la policía, opera de manera diferente: trabajan a porcentaje.

Es ingenuo pensar que simplemente la policía no pueda con los delincuentes. Que los asaltos estén a la orden del día justamente en el momento en el que no pasó por allí la patrulla.

Quien encabece una corporación policiaca tiene que ser más desconfiado que nadie. Los comandantes en las comisarías tienen una especie de sociedad secreta mediante la cual rigen los índices de seguridad, con su respectiva «tajada».

No hay que ser perito ni especialista investigador del fenómeno delictivo para darse cuenta de que lo que pasa en la ciudad tiene que ver con que las policías, en especial la de Guadalajara, están coludidas con la delincuencia. Una complicidad que pareciera generar buenos dividendos a esos comandantes y de las que —quisiera pensar— el comisario no se da cuenta pues actúa de buena fe.

Cuando en una corporación policiaca, en uno de los cuadrantes, o polígonos, les están pegando continuamente se pone bajo investigación o por lo menos bajo observación, al comandante; se le cambia de zona y se revisan los mandos a su cargo. En Guadalajara no pasa así. De hecho en la policía de Guadalajara internamente no pasa nada.

Quienes gobiernan insisten en echarle la culpa a las pasadas administraciones. Si bien todos los vicios del sistema los hicieron los gobiernos del pasado, cuando la gente votó por un cambio justamente esperaba eso: que las cosas cambiaran.

Hoy, a mas da ocho meses de iniciadas las actuales administraciones en lugar de proponer acciones que hagan cambiar las cosas, se siguen aferrando a que las cosas están mal porque los anteriores así las dejaron.

La inseguridad se mide a través de tres parámetros: el del número de delitos que se cometen. El de la proporción de delitos por millar de habitantes y finalmente el de la percepción. En los tres andamos mal.

El gran problema es que no se reconoce que hay un problema en materia de seguridad y por ello no se plantea ninguna solución. En el pleito entre políticos de diferentes partidos en el gobierno los que salimos perdiendo somos los ciudadanos. El día que el Fiscal General Eduardo Almaguer da a conocer cifras de hechos delictivos, el Comisario de Guadalajara ya está organizando a los comisarios de otros municipios para contraatacar esas cifras, como si se tratara de una guerra de campaña política.

Las acusaciones cruzadas no nos dejan nada bueno a los ciudadanos. En cambio el hecho de que la gran mayoría de ciudadanos nos sintamos inseguros en esta ciudad genera sentimientos de impotencia e inconformidad.

El recurso de echarle la culpa a alguien más de los problemas propios que continuamente utiliza el alcalde de Guadalajara está ya muy gastado. Si bien la ciudad tenía muchos problemas añejos, hoy por lo menos debía haber una ruta crítica de cómo los solucionaremos.