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PORQUE YO LO DIGO: EL FENÓMENO DE LA ESPIRAL

PORQUE YO LO DIGO: EL FENÓMENO DE LA ESPIRAL

Dic 17, 2011

Lo que parecía una columna sólida del próximo proceso electoral se convirtió en pocos minutos en una pila de ladrillos endebles y tambaleantes. Enrique Peña Nieto era para algunos el virtual ganador del proceso electoral del 2012, aun sin haber comenzado siquiera las campañas. Su imagen se había manejado de manera impecable durante los seis años que duró su administración en el Estado de México. El timing exacto, incluso cuando unió su vida a la actriz Daniela Castro “La Gaviota”. Todo había salido bien hasta que llegó la Feria Internacional del Libro.

 

El episodio de la FIL no fue sino el inicio de una espiral que lo ha llevado a un golpeteo político del que no salió bien librado. Todavía en la Feria del Libro estaba en posibilidades de evitar la espiral, pero su hija tuvo la ocurrencia de retwitear un mensaje del novio donde llamaba a los críticos de peña “proles pendejos” lo que ha sido utilizados y explotado políticamente en su contra, sobre todo por los panistas y el apoyo y simpatía de los intelectuales del país.

 

No es la primera vez que veo una espiral de esa naturaleza. La vi muy de cerca a lado de Jorge Arana en su campaña a presidente municipal en el 2003, cuando una serie de errores y mentiras lo llevaron a caer casi 25 puntos en las encuestas en menos de dos meses. Aquella vez era la primera en que veía a un hombre desesperado tratando de salir del embrollo y como si estuviera en arena movediza, cada movimiento lo hundía más, hasta que perdió. Hubo quien aconsejaba que desapareciera del escenario político un par de semanas pero entre la serie de errores cometidos, lo rechazó.

 

Otro caso es el de Arturo Zamora Jiménez, que se enredó en sus contradicciones y el escándalo orquestado por un periódico y filtraciones panistas hasta que lo hicieron perderse en la desesperación y terminar perdiendo la elección del 2006 para gobernador. El primer síntoma de la espiral es la comisión de dos errores seguidos. Si en ese momento no se le pone un alto, parar el resto de las circunstancias adversas se vuelve casi un reto imposible. Un candidato que está envuelto en una de estas espirales pierde la perspectiva de las cosas, y como fenómeno anexo aparecen muchos consejeros con la solución al problema que generalmente es opuesta a la propuesta por el anterior que la proporcionó.

 

Enrique Peña tiene a su favor la temporada navideña  encima, pero tiene en su contra dos rivales, PAN y PRD que no van a olvidar tan fácilmente los errores que llevaron al virtual candidato del PRI a la circunstancia actual de desesperación. Lo que está en juego es mucho, por eso no se puede dar por descartado a Peña Nieto, pero tampoco se van a poder borrar los sucesos de la FIL ni la ofensa al proletariado de México, a menos de que ideen una estrategia creíble para los mexicanos y que regrese la conexión del personaje con el grueso del pueblo, independientemente de la clase de élite que podría darse por perdida de una vez, por el simple hecho de no ser un lector, o por lo menos de no fingir serlo como lo hacemos la mayoría de los mexicanos.

 

El más grave problema de estas espirales está en el impacto del colectivo imaginario o como lo conocemos la mayoría de los mexicanos en la sensación que genera. Es muy fácil cambiar la sensación de que “ya ganó” por la de que “ya perdió”, pero a la inversa aún no se inventa la fórmula para reconstruir de manera exprés una imagen o una percepción de un político. En el punto que nos encontramos el tema de Peña no se ha convertido en uno de grave impacto en el colectivo imaginario, si fuera una pirámide como la dibujan los sociólogos apenas la punta es la que está manchada, pero la pintura se está a punto de desbordar hacia abajo, donde la mancha ya no se quita.

 

E-mail: alfonso_marquez@hotmail.com