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Propuestas para forjar alianzas democráticas

Ningún demócrata genuino puede estar en contra de las alianzas. Fraguadas con visión de Estado y conducidas con espíritu de servicio, consolidan transformaciones políticas profundas sin violencia, pues se basan en la concordia y no en la fuerza bruta.

Hablo, por supuesto, de coaliciones que no sean amontonamiento de siglas y promiscuidad ideológica pues ello significa, en última instancia, una traición a los fundadores de los partidos que las conforman. Hablo también de alianzas en las que haya candidatos que renuncien a perseguir sus intereses genuinos por generosidad cívica, jamás bajo presiones centralistas.

El más reciente ejemplo de lo que no debe ser una coalición política se dio en el proceso electoral para elegir un nuevo gobernador de Guerrero. Allí se tomó a un buen candidato, a un ciudadano de bien, y se hizo escarnio público de él, obligándolo a renunciar a la palabra empeñada reiteradamente durante su campaña.

También se ignoró a la militancia, despreciando su sacrificio y su entrega, imponiéndole una decisión contraria a sus deseos. Además se puso la imagen y el prestigio del PAN en manos de una persona, el candidato adversario, que no es panista ni tiene compromiso alguno con nuestros principios y valores.

Con ello, se lanza a los candidatos panistas y a los militantes la señal de que son peones movidos en el ajedrez de la política nacional por decisiones tomadas en el centro de la República.

Lo más grave de este tipo de alianzas es que carcomen el sistema de partidos y debilitan el espíritu democrático de la ciudadanía: se fomenta la falta de participación, la desilusión, la apatía, enfermedades sociales que medran en ese “todos los políticos son iguales” que confirma el pragmatismo rampante.

Mi propuesta: alianzas democráticas

En marzo del 2007, durante una sesión del Consejo Nacional del PAN el presidente Calderón hizo un llamado a hacer justamente lo contrario de lo que padecemos hoy. Pedía el Presidente, con justa razón, un PAN con apertura a la sociedad: “Acción Nacional no debe tener miedo a abrirse a reclutar una nueva militancia de calidad, porque en sus casi 60 años de vida, precisamente, ha ganado porque ha sido capaz de renovarse y nutrirse con los mejores ciudadanos de México”.

Creo que toda propuesta debería comenzar por allí: es indispensable abrir el PAN no a figuras oscuras o desprestigiadas, ni a renegados de otros partidos, sólo porque tienen popularidad en las encuestas, recursos económicos o políticos. Urge retornar a la mejor tradición panista, aquella de valorar por sobre todas las cosas la honestidad, el prestigio y la probidad de un candidato, incluso por encima de sus habilidades políticas.

Otra propuesta para consolidar alianzas éticamente válidas es cimentarlas en programas de Gobierno consensuados, en agendas públicas y publicadas con anterioridad, en visiones a largo plazo y coincidencias ideológicas del más alto calado. No basta con planteamientos vagos de sepultar un pasado; es toral señalar una ruta crítica hacia el futuro posible. México no merece alianzas del “no”, reclama alianzas del “sí”.

No se trata de que los partidos renuncien a sus principios, pues eso sólo resquebraja a su militancia y los desdibuja ante la sociedad. Es preciso encontrar coincidencias, debatirlas públicamente para trascender lo ideológico e ir a lo programático.

Por último, quizá la propuesta más importante sea consultar invariablemente a la militancia. El militante de a pie es un ciudadano comprometido, generoso con su tiempo y su patrimonio, que se entrega a una causa por ideales superiores. Eso merece un absoluto respeto. Por ello, no basta con enviarle instrucciones desde una oficina en la Ciudad de México. Es preciso que la dirigencia informe y consulte a la militancia, dialogando de igual a igual, con aprecio por su irrenunciable dignidad.

Estoy seguro de que si se cumplen estas tres propuestas —abrir las candidaturas a los mejores ciudadanos, tener un proyecto previo y consultar a la militancia— los partidos pueden volver a hacer de las alianzas una herramienta al servicio de México, de su democracia, su paz y su prosperidad.

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