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PROTEGER AL EJÉRCITO ES PROTEGER A MÉXICO

PROTEGER AL EJÉRCITO ES PROTEGER A MÉXICO

Jun 19, 2011

Esta es una época oscura para los uniformes verde olivo. El caso Hank ha venido a desencadenar una avalancha de críticas en contra de las Fuerzas Armadas mexicanas. Se consolida así una tendencia que se ha venido formando durante los últimos meses, en los que prácticamente de manera unánime los medios de comunicación han criticado a los militares.

Ciertamente, algunas de esas críticas tienen sustento. Es evidente que en la llamada guerra contra el crimen organizado las Fuerzas Armadas han sufrido un desgaste sin precedente y varios de sus integrantes han incurrido en acciones indebidas.

Por el propio bien de esta institución indispensable para la vida nacional, dichas acciones deben ser señaladas, investigadas y aireadas ante la opinión pública. La cultura del secretismo en nada ayuda. Por el contrario, crea una muralla de silencio que genera sospechas y desconfianzas entre civiles y militares.

No obstante, considero que toda crítica a nuestras Fuerzas Armadas debe tomar en consideración el contexto político que actualmente condiciona, e incluso lastra, a los castrenses.

Sin llegar al extremo de afirmar que “el que obedece no se equivoca”, sí podemos sostener que la formación de los militares, su estricto sentido del deber y su respeto al poder civil los obligan a seguir órdenes aun cuando puedan o no, en su fuero interno, estar de acuerdo con quien las emite.

El general de cinco estrellas

Según Nigel Hamilton, “un ejército es la creación de su comandante, no la suma de sus unidades”. Sin dejar de considerar que una institución también es la suma de sus tradiciones y del marco jurídico que la determina, bajo esa premisa marcada por Hamilton es indispensable recordar el gran peso que en el actual estado de las Fuerzas Armadas tiene su Comandante Supremo, el Presidente Felipe Calderón.

Ciertamente, el actual Presidente ha tenido una presencia inusitada en nuestras instituciones militares. Ya desde el portar un uniforme militar (cosa que no hicieron como presidentes, según Arturo Herrera Cornejo, ni siquiera los generales Lázaro Cárdenas o Ávila Camacho) se advertía una clara señal del rumbo que tomaba este sexenio. Pero del simbolismo del uniforme se pasó a la real politik, haciendo de una estrategia de imagen el sello de un gobierno.

Hoy todos los mexicanos pagamos el costo de esa decisión política. Y lo pagan, más caro que nadie, los propios militares, pues para ellos la sombra de la política ha agraviado ideales que en el estoico ideario castrense no tienen precio, sino valor.

Por todo ello, políticos, periodistas, ciudadanos en general, debemos recordar hoy más que nunca la vital contribución histórica de nuestros militares a la Nación, su respeto a la democracia y su noble subordinación al poder civil. Ayudemos a las Fuerzas Armadas con nuestras opiniones, pero no desde la estridencia o la crítica superficial, sino desde el análisis ponderado y reflexivo.

 

E-mail: manuespino@hotmail.com

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