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PULSO CRÍTICO: Al cuerpo lo que pida…

PULSO CRÍTICO: Al cuerpo lo que pida…

Oct 25, 2014

J. Enrique Olivera Arce 

Y bajo esta premisa México tiene el gobierno ad hoc que responde al cuerpo social de un Estado-Nación decadente en el que las minorías se imponen por sobre el interés más caro de las mayorías: su independencia y soberanía,  libertad, seguridad, educación, salud, recreación y oportunidades para desempeñarse en un trabajo digno y remunerativo. 

¿Hasta cuándo seguiremos como país, bajo esta premisa? 

En estos maquinazos desde el 2010 se ha insistido de manera reiterada en la percepción de una crisis del régimen  y partidos políticos que le sustentan, que ha tocado fondo, requiriendo de una profunda renovación que le permita ser funcional a las nuevas realidades de los dos Méxicos que conforman el todo nacional. La situación que hoy acusa México en todos los órdenes de su vida económica y social confirma tal percepción, objetivizándole y mostrándose al mundo  su precaria desnudez. 

La corrupción, impunidad, miopía, simulación, así como carencia de honestidad intelectual para reconocer que México transita sin brújula y sin rumbo cierto, a diferencia de lo que afirma el señor senador José Fco. Yunes Zorrilla, se están encargando de negar posibilidad alguna de viabilidad de futuro al Estado Mexicano. Imponiéndose una nueva percepción que ronda en torno a la no muy lejana posibilidad de sumarnos a la lista de Estados fallidos que, por cierto, frente a la crisis económico-financiera global va en aumento. 

El régimen político que tiene secuestrado al Estado mexicano, ya no es funcional al cuerpo social; el pensamiento serio y lúcido de no pocos analistas propone un nuevo pacto social, así como la realidad real exige un nuevo pacto federal que atienda lo mismo al desarrollo regional desigual que a la polarización cada vez más severa entre entidades federativas con ventajas comparativas que les favorecen y las que se debaten entre pobreza y pobreza extrema. 

Y en este marco, es de llamar la atención el que nuestra llamada clase política, apoltronada en sus privilegios, mantenga la inveterada costumbre de bañarse empezando por los pies. Autorrecetándose reforma tras reforma, pretende encontrar en sí misma respuesta a una enfermedad social y política de la cual es directamente responsable. 

¡Al ladrón… al ladrón!

Peña Nieto ha venido posponiendo el combate a la corrupción. Hoy la realidad le obliga a declararse de dientes para afuera favorable a una reforma constitucional que limpie la basura oculta bajo la alfombra. De inmediato, los partidos políticos se unen a tal propósito presidencial y, en un gesto más de seguidismo y simulación, secundan la iniciativa del PAN dispuestos a legislar sobre el particular. Los corruptos, en el papel, dejarán asentado que son enemigos a muerte de la corrupción e impunidad y, con fundamento legal, el Estado mexicano se encargará de que cobre vigencia aplicando todo el peso de la ley en chivos expiatorios a modo. 

Desgarre de vestiduras a destiempo. Pretender tapar el pozo después del niño ahogado, en medio del descrédito, protesta y resistencia social poco abona a su favor al régimen que en su propósito de salir bien librado del atolladero, descarga su crisis terminal en las espaldas de una sociedad ofendida. 

Si hay algún culpable en la ofensa a los guerrerenses, son éstos al permitir la presencia de la delincuencia organizada en su vida pública y privada, es la tónica adoptada. De un plumazo una crisis política de Estado se transforma mediáticamente en crisis de un tejido social local deteriorado y penetrado por «el narco», saliendo al quite el gobierno federal para enderezar el entuerto que éste mismo creara.  

En tal escenario, el combate a la corrupción que propone el régimen nace corrupto por así determinarlo su antecedente genético. Si «la corrupción somos todos», esta empieza por la cabeza y ésta,  cómodamente, se mantiene al margen e impune. 

Primero Michoacán, ahora Guerrero y el Estado de México, son la punta del iceberg que sobresale en las nauseabundas aguas en que el régimen político ha transformado a México. Estas entidades federativas no son sino un pálida muestra de que el régimen político, sus partidos con el PRI a la cabeza y los obvios poderes fácticos que mueven los hilos, no son más garantía de progreso y buen gobierno; así lo está inscribiendo en su agenda el imaginario popular en sus afanes por retomar el hilo de la memoria colectiva y revivir  la Revolución interrumpida.

La moneda está en el aire, toca a la sociedad actuar en consecuencia por los amplios caminos del fortalecimiento de ciudadanía, participación responsable y exigencia de honestidad, transparencia y resultados, en un marco de civilidad y respeto entre diferentes.

Hojas que se lleva el viento

La creación en Veracruz de un organismo policiaco de élite  muy al estilo de series televisivas (de primer mundo, dicen), no se corresponde con el tipo de delitos que predominan en la entidad, pues a decir del propio gobernador, el mayor índice delictivo se registra en el renglón de robo de golosinas en tiendas de conveniencia. Esta sobredimensionada medida tomada por el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, tiene dos lecturas: O el gobernante insiste en mentir ocultando la realidad existente en materia de seguridad, o le sobran recursos públicos y no sabe en qué gastarlos. Una u otra cosa lo cierto es que Peña Nieto le toma la palabra y a Veracruz no entra la gendarmería nacional en el «combate al robo de pingüinos».- Cd. Caucel, Yucatán., octubre 22 de 2014.

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