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RESPUESTAS | Días nublados

RESPUESTAS | Días nublados

Jul 2, 2016

Nunca he sido pesimista, por lo contrario, quienes me conocen saben que frecuentemente exagero mi optimismo. Sin embargo, en estos momentos veo a un país prácticamente arruinado en lo político (gente sin capacidad para negociar), en lo económico (con una moneda en picada) y en lo moral (un verdadero desastre).

Es claro que los últimos gobiernos no han sabido llevar con justicia y honradez las riendas de la nación, y si a esto agregamos una sociedad que tampoco colabora mucho, no porque no quiera, sino porque no ha sido preparada para ello, la situación es grave, bastante grave.

Reconozcamos que hay grandes sectores de la población verdaderamente heroicos que trabajan día tras día para llevar alimento y vestido a sus familias, pero en cambio hay multitud de parásitos incrustados en las esferas del poder que sólo buscan la menor oportunidad para «hacerse» de las escasas ganancias de los pobres (ya para qué las quieren —diría yo— si utilidades tienen de sobra en sus negocios bien o mal habidos).

Ese afán de seguir acumulando dinero y poder en el gobierno y en algunas empresas es lo que más preocupa, porque esto fue sin duda el detonante de los tres grandes movimientos sociales de este país en su historia: Independencia, Reforma y Revolución, que tienen el común denominador de haber sido provocados por la desigualdad social y el abuso de poder contra la gente más desprotegida. Nadie quiere volver a esos violentos tiempos. No hay peor desgracia para un país que la inestabilidad política y social.
Cuando los valores se pierden

Imagínense si en una comunidad no se garantiza la seguridad, la justicia, la honradez, ¿para qué sirve el Estado? El problema del gobierno no es tratar de convencer de que hay valores, como busca hacerlo con presupuestos millonarios de publicidad, sino de hacer realidad los conceptos: esto es difícil, claro, pero no imposible. Lo demás es salirse por la tangente.

El gran problema es que un pueblo carente de valores no puede ir a ningún lado. Y muchos valores antiguos que nos enseñaron nuestros padres, abuelos, líderes del pasado, no son malos, pero hay que entenderlos y tener voluntad para aplicarlos, tanto por parte del Estado como de la sociedad.
¿Qué podemos hacer?

Lo cierto es que las cosas andan mal: los políticos en general no responden a las circunstancias (ellos presumen de que la política es de circunstancias. No lo veo). En otros sectores se manifiesta gran preocupación: periodistas, empresarios, maestros, etcétera, pero hasta ahí.

El caso es que cada mexicano bien nacido está obligado a cuestionar en qué hemos fallado y a exigirnos cuentas unos a otros. México y Jalisco en particular necesitan respuestas francas e inmediatas. Preguntemos a la autoridad federal, a la del estado, a los munícipes, cuál es su proyecto de país, de estado y de municipio, respectivamente, y si han cumplido con el mismo. Veamos si sus respuestas son satisfactorias; si no es así, no hay más camino que levantar la voz.

Javier Medina Loera es periodista.
www.javiermedinaloera.com