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RESPUESTAS | El trabajo de los niños

RESPUESTAS | El trabajo de los niños

Jun 18, 2016

No hace todavía muchos años, en las zonas rurales, cuando nacía un bebé en una casa, pronto acudían a la misma los parientes y amigos de la familia, llevando casi siempre algún regalo, y antes de visitar en su cama a la madre y al bebé, le preguntaban al padre «qué fue». Si el recién nacido era niño, el padre contestaba que «un sembrador», y si niña, «una cocinera». ¿A qué más se podía aspirar en aquellos lugares y en esos tiempos?

Así las cosas, desde la cuna los bebés tenían asignada una tarea económica que realizarían más tarde en apoyo de su hogar, de suerte que, a la vuelta de unos años, los niños eran enseñados a sembrar y cultivar la tierra, cosechar y transportar productos del campo, cuidar animales domésticos y a hacer «mandados», en tanto que las niñas se ocupaban de ayudar a su madre en sencillas tareas de cocina, asear la casa, regar las plantas y cuidar a los niños más pequeños.

De esta manera, niños y niñas, mientras alcanzaban la edad de ir a la escuela (si es que había en su comunidad) aprendían a realizar diversas actividades productivas, e incluso después de su ingreso a la primaria sus padres trataban de mantenerlos ocupados, ya fuera en sus propias tareas escolares o en otras labores de la casa, siempre con la idea de que no se hicieran «flojos», ni anduvieran de vagos.

 

Explotación infantil

Muy diferentes eran aquellas actividades de los niños rurales, promovidas y vigiladas por sus padres con un propósito de formación, altamente educativo, a lo que ahora acontece con numerosos niños del campo y de la ciudad, sujetos a una explotación económica criminal por parte de gente sin escrúpulos que se aprovecha de su indefensión para hacer con ellos lo que quieren, llegando con frecuencia a lo peor, que es la explotación sexual comercial.

De acuerdo con recientes datos oficiales del DIF Zapopan, en Jalisco trabaja el 4 por ciento de los niños entre 5 y 13 años, es decir, 58 mil 515 niños y niñas ocupados en diversas vertientes, desde vendedores en cruceros viales y en supermercados como empacadores o «cerillos», hasta en tianguis, tiendas y otros establecimientos, así como en campos agrícolas e industrias rurales.

Ninguna garantía, ninguna acción solidaria de la sociedad, ni del gobierno, en favor de estas criaturas, víctimas de la extrema pobreza; niños que ni siquiera tienen oportunidad de ir a la escuela, aunque esta exista en sus comunidades urbanas o rurales, porque son obligados a trabajar para sobrevivir.

 

Formación laboral, no explotación

En conclusión, mantener a los niños ocupados en labores domésticas y recreativas sanas cuando hayan terminado sus tareas escolares, es una antigua costumbre que de ninguna manera debe perderse porque es altamente formativa y además los mantiene alejados de la vagancia y de los vicios. Sin embargo, la explotación infantil que atenta contra sus más elementales derechos no debe tolerarse de ninguna manera.

Javier Medina Loera es periodista
www.javiermedinaloera.com