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RESPUESTAS | Errores tan grandes como sus autores

RESPUESTAS | Errores tan grandes como sus autores

Nov 26, 2016

Hace unos días trascendió en redes sociales la corrección que una niña de primaria hizo al secretario de Educación Pública de México cuando le comentó al oído que no se dice «ler» sino «leer», error aceptado luego por el alto funcionario, quien poco antes lo había cometido pensando que hablaba ante niños con poca ilustración, como generalmente creemos los adultos, pero que con frecuencia resultan más ilustrados que uno.

La reacción inmediata del señor secretario, además de mandarle una carta y dos libros de regalo a su pequeña profesora, fue minimizar el hecho diciendo que «cualquiera se equivoca».

Y en efecto, cualquier ser humano se equivoca porque sólo Dios es perfecto. Sin embargo, pronunciar «ler» en lugar de «leer» en boca de todo un secretario de Educación es un error máximo, porque se trata de la mayor autoridad en materia educativa, quien siempre debe poner ejemplo en el ámbito de su competencia. Y con mayor razón cuando este funcionario exige a los maestros mexicanos una evaluación periódica de capacidad para realizar su labor.

En estas circunstancias, cualquiera diría que el primero en evaluarse debe ser el ministro de Educación, porque se expone al riesgo de que públicamente lo evalúen hasta los niños, como ocurre en este caso, y sobre todo cuando el gobierno y muchos mexicanos estamos involucrados en una campaña para que la gente lea más, ya que somos uno de los países peor evaluados en niveles de lectura.

 

 

Nada personal

No se trata, por supuesto, de señalar a nadie en particular, porque seguro estoy que la niña que corrigió al señor Secretario tampoco lo hizo con el afán de ponerlo en ridículo, sino de que tomemos conciencia de que todos nos equivocamos; pero, claro, los errores se miden por el nivel de quienes los cometen, es decir, mal hecho que el ministro justifique su error diciendo que «cualquiera se equivoca» porque obviamente él no es un cualquiera, sino quien debe poner ejemplo de cómo decir las cosas.

Los periodistas, por señalar un caso, frecuentemente cometemos errores en las noticias que damos, pero si somos profesionales de la información, de la comunicación social, no tenemos derecho a equivocarnos tan seguido, porque la gente que nos lee o que nos escucha, confía en nuestro profesionalismo, es decir, que informamos las cosas con propiedad, de acuerdo con las normas del lenguaje, y además con verdad, con altura de miras.

 

 

Humildad sobre todo

Igual que los funcionarios, los periodistas, maestros, empresarios, etcétera, hemos de tener la humildad necesaria para ofrecer disculpas ante cualquier error y, desde luego, tratar de corregirlo; esto, aparte de ser tolerantes con quienes no han tenido la preparación necesaria para entender nuestro oficio.

En conclusión, el error es del tamaño de quien lo comete, porque no es lo mismo una falta de dicción o de ortografía en boca de un secretario de Educación o de un periodista profesional que en cualquiera de los muchos ciudadanos que participan en redes sociales.

www.javiermedinaloera.com
Javier Medina Loera es periodista.