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Respuestas: ¿Por quién votar?

Respuestas: ¿Por quién votar?

Abr 23, 2018

Por Javier Medina Loera //

En la actuales campañas electorales se dificulta con frecuencia distinguir entre candidatos que merecen ser tomados en serio y los que no ameritan atención alguna, porque en su inmensa mayoría los políticos tratan de ganar votos con guerra sucia, es decir, con mentiras, ataques personales, fraudes anticipados y todo lo peor que podamos imaginar.

De ahí la dificultad que ahora se presenta para elegir a buenos gobernantes, porque además se plantea una confusión electoral, ideológica y política, jamás vista en la historia del país. Esto, aunado a que por vez primera entran en juego las redes sociales con infinidad de mensajes que desorientan más que orientar a la población.

Y no sólo se trata de guerra sucia, que es fácilmente identificable, y que a estas alturas no convence a gente con un mínimo de sentido común, sino de propuestas aparentemente atractivas, pero sin fundamento, carentes de sentido lógico y que a todas luces buscan ganar votos en determinados sectores sociales, sin la más mínima intención de ser cumplidas.

UN CASO NACIONAL

En el ámbito nacional, por ejemplo, vemos a dos candidatos, López Obrador y Ricardo Anaya, que se han enfrascado en una especie de competencia para ver quién ofrece mejores salarios mínimos: el primero habla de 175 pesos diarios, y el segundo de 100, pero ninguno explica cómo lograrían su objetivo.

Lo cierto es que nadie puede ofrecer un salario que siempre estará sujeto, dentro de la economía de mercado que vivimos, a la ley de la

oferta y la demanda, de suerte que si se pagan salarios de 100, 200 o 500 pesos, más de lo que aconseja una sana administración de la economía, todo se viene abajo porque cualquier salario que exceda lo aconsejable repercutirá inmediatamente en los costos de producción de las empresas, que luego se verán obligadas a elevar los precios de sus productos, creando una espantosa inflación de precios, con lo cual quedarían anuladas de la noche a la mañana las supuestas conquistas salariales.

En concreto, los políticos no pueden jugar con la economía; quieran o no tienen que respetar sus leyes; para ellos es fácil ofrecer atractivos económicos, porque el populismo se presta para ello, pero una cosa es prometer y otra muy diferente es cumplir.

UN CASO LOCAL

Asimismo, en Jalisco vemos en el arranque de las campañas a gobernador, candidatos que plantean propuestas, unas necesarias y congruentes, como el impostergable rescate del Río Santiago, y otras que se antojan fuera de la realidad política, social, cultural e histórica del Estado, como es el caso de la llamada “refundación de Jalisco”, que a manera de eslogan pregona el aspirante Enrique Alfaro.

Por principio de cuentas, no puede haber refundación de algo ya fundado: a Jalisco lo fundaron en la segunda década del siglo 19, al término de la lucha de Independencia, destacados políticos y juristas, entre ellos don Prisciliano Sánchez, primer gobernador.

Después de esto puede haber reformas del Estado, que las ha habido muchas a través de la historia, pero no una refundación, que suena a demagogia pura.

http://www.javiermedinaloera.com

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