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Revolución árabe…¿Será?

Como habíamos comentado aquí, en las recientes ediciones de Visor Internacional, la “Revolución Árabe” apenas iniciaba. Luego de un saldo de más de 300 personas muertas y miles de heridos, así como cuantiosos daños materiales y, tras 18 días de multitudinarias protestas civiles en las principales ciudades de Egipto, especialmente en la capital, El Cairo, donde los últimos días se volcaron a las calles dos millones de egipcios –supuestamente– para protestar por las pésimas condiciones económicas y de vida que hasta ahora han tenido, agudizadas claro, en los últimos años de la presidencia de su hoy derrocado presidente, el ex militar Hosni Mubarak.

En las más recientes elecciones presidenciales en Egipto (2010), Hosni Mubarak ganó con una arrolladora diferencia contra sus oponentes. Ahí se comenzó a gestar el levantamiento que hoy finalmente pone fin a los casi 30 años de su mandato ininterrumpido al frente del Gobierno, ya que para no variar, el aparato burocrático y electoral estaba siendo manipulado por él y quienes lo acompañaban, entre ellos el general Omar Suleiman, ex jefe de la temida agencia nacional de inteligencia (Mukhabarat).

Sin embargo, desde las elecciones del 2005, ya habían comenzado las manifestaciones de inconformidad con dimensiones de importancia, que tuvieron como saldo 11 muertos y más de mil civiles heridos. El logro mayor fue de los Hermanos Musulmanes –oficialmente prohibidos, pero tolerados– y que participaban en la política con mayor presencia cada vez. En esta ocasión, jugaron un papel de gran relevancia en los eventos que culminaron con la deposición de la presidencia de Mubarak, promoviendo entre cosas, las manifestaciones no-violentas de los ciudadanos contra el régimen totalitario.

Tanto en elecciones anteriores a la del 2010, como estas últimas, ya los Estados Unidos comenzaban a manifestar cierta preocupación en contra de sus intereses intervencionistas, dado el autoritarismo represivo del sistema político de Mubarak, y la rapacidad cínica de sus familiares y protegidos con los recursos del país, lo que iba a terminar provocando lo que finalmente sucedió: la ira incontenible del pueblo. Eso, a los privilegiados y managers del Establishment es lo que menos conviene.

Por eso, hace ya algunos años, y desde la administración Bush, buscaban un equilibrio de fuerzas, si no equitativas, cuando menos no tan notoriamente desproporcionadas entre una democracia auténtica –si es que existe alguna–, y el Gobierno abiertamente autoritario y controlado (¿habrá alguno que no lo sea…?).

Así, por consejo y recomendación de sus amigos hegemónicamente democráticos (Estados Unidos) –sus jefes inmediatos superiores–, toleró la presencia del partido apoyado por los Hermanos Musulmanes y bueno… tal vez pensando mal… hasta preparaban desde entonces, lo que hoy vemos que culmina: la defenestración del tiránico gobierno de Hosni Mubarak.

Ya en 2005, el analista demócrata en asuntos de seguridad Robert Dreyfuss, expresaba en The Nation Institute su preocupación –y en nombre de la democracia–, por la política del gobierno de George W. Bush, ya que –denunciaba– el apoyo a la democratización en Egipto es el respaldo a los Hermanos Musulmanes, parte de la política exterior ejercida por la Casa Blanca, buscando claramente la mediación en el juego político en aquel país para no dar margen de entrada a fundamentalismos islámicos; no fuera a suceder lo mismo que en Irán, que la situación se le salió de las manos al gobierno del entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, llegando al mando del Gobierno de aquel país árabe, el religioso y fundamentalista Ayatolá Jomeini.

Recordemos que desde entonces, los gobiernos iraníes, han sido contrarios a los intereses norteamericanos en la región de Medio Oriente y, los sucesivos gobiernos en la Casa Blanca, se han dado a la tarea de satanizar a Irán y su gobierno teocrático, intentando tozudamente la defenestración del partido político en el poder, a manos de fundamentalistas islámicos.

Por lo pronto en Egipto, el poder ha quedado en manos de sus Fuerzas Armadas con el ministro de Defensa de Egipto, Mohamed Hussein Tantawi, que encabeza el Consejo Superior Militar después de la renuncia de Mubarak, informó una fuente castrense.

¿Será acaso el nacimiento de una nueva dictadura militar, a la usanza estadounidense, al haber perdido vigencia la de Mubarak?

Tanto los Estados Unidos como Israel difícilmente permitirían un auténtico Gobierno democrático en Egipto, dada su importancia estratégica para sus intereses.

Es muy probable que el activista egipcio de la oposición –y Premio Nobel de la Paz 2005–, Mohamed ElBaradei, que fuera director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) –organización intergubernamental dependiente de la ONU–, tome parte activa la conformación del nuevo gobierno que dirigirá el destino de los egipcios, aunque en una entrevista a Reuters, declaró que no estaba dentro de sus planes el competir por la presidencia de su país. Sin embargo declaró “este es el mejor día de mi vida”, y sabemos que en política, cuando algo se niega, es la confirmación positiva de los verdaderos objetivos o intenciones.

Mientras Mubarak definiendo su destino y el de su fortuna personal, estimada –según la fuente– entre 40 y 70 mil millones de dólares (la de un Slim cualquiera… de esos de los que hay más de los que imaginamos). ¿Existirá alguien capaz de amasar tan espectaculares fortunas con el trabajo y sudor de su frente? Por supuesto que no.

Según las estimaciones internacionales divulgadas hace un par de semanas por el Banco Mundial (BM) –demasiado conservadoras, por cierto– entre 20 mil y 40 mil millones de dólares son robados en forma anual de los países en desarrollo a raíz de la corrupción. Sin embargo, en más de 15 años, apenas cinco mil millones fueron restituidos.

Como ejemplo, el BM subraya que 20 mil millones de dólares permiten la construcción de 48,000 kilómetros de rutas o el tratamiento durante un año de 120 millones de personas afectadas por el virus del sida. Calcule cuántas casas se podrían construir con la misma cantidad, o cuánto alimento o mejor dicho, cuántos humanos se verían beneficiados si ese dinero se usara para financiar programas educativos y culturales para erradicar el analfabetismo, la ignorancia, la desigualdad, la injusticia y el hambre; sin mencionar lo que significaría esa cantidad para el desarrollo científico y tecnológico sustentable y la generación de alimentos basados en la optimización de recursos naturales y economías verdes. Eso sí que es algo de urgencia.

Mientras las protestas árabes contra sus gobiernos toman mayor fuerza –como en Argelia, contra su brutal dictadura– podemos observar que en países como Libia se vislumbra la anhelada posibilidad del gobierno de la Casa Blanca de terminar con el gobierno de su férreo enemigo en la región, Muammar al Gaddafi –quien se ha opuesto a sus mandatos e intereses durante décadas–. Al momento, se han reportado 27 decesos a causa –supuesta– de tales protestas. Es otro de los próximos destinos de la dizque “neo-democracia” árabe -que no es tal– sino el reposicionamiento de las piezas de ajedrez norteamericano.

En Libia, a diferencia de Egipto –donde las protestas comenzaron desde hace muchos meses pero fueron ignoradas por la prensa internacional– el gobierno de Gaddafi ha gozado de la simpatía de la población durante décadas apoyando las decisiones de este, principalmente aquellas que evitan el intervencionismo extranjero liderado por Estados Unidos e Israel.

Sin embargo –al parecer– los halcones yanquis ya se encuentran posicionados en buena parte de las naciones árabes, orquestando los próximos cambios que fortalecerían –o consolidarían– su presencia en Medio Oriente. Lejos de ser una Revolución Árabe será una Neocolonialista, si los ciudadanos del mundo arábigo así lo permiten.

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com