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Sarkozy…de la cama a la palestra

Sarkozy…de la cama a la palestra

Abr 3, 2011

Resulta importante en estos momentos no sólo para el pueblo francés y árabe, sino para el mundo entero, conocer un poco más acerca de los promotores, actores y productores de la tragicomedia que se desarrolla en estos mismos momentos en Libia con la obra “Amanecer de la Odisea” –romántico nombre que evoca a las milenarias epopeyas homéricas– (que de heroica no tiene ni un ápice).

Como prólogo al tema que esta ocasión tocaremos, fuera de la periferia mayor de los mass media nacionales e internacionales, cabe aclarar el por qué del nombre de la operación militar desarrollada en territorio libio (“Odyssey Dawn”).

El portavoz del Comando Africano del Ejército de Estados Unidos (Africom), Eric Elliot, declaró en una entrevista recogida por el Washington Post. “A veces, algunos de los nombres pueden transmitir algo, como ‘Tormenta del Desierto o ‘Libertad Iraquí’”, títulos que escoge la misma Casa Blanca o algún alto cargo del Pentágono. “Otros, como ‘León Africano’, pueden tener alguna relación simbólica con la ubicación en la que se realiza la operación. ‘Odisea Amanecer de la Odisea’ no tiene nada que ver con estos dos casos”, aseguró el portavoz del comando estadounidense (La Vanguardia, 23/3/2011)

Sin embargo –como casi siempre sucede– las cosas no son como aparentan y menos tratándose de algo de enorme trascendencia como el nombrar a los “hijos de mal”, engendrados en el seno de los intereses palaciegos y amamantados por la Codicia, la Gula, la Ira, la Lujuria, la Pereza, la Envidia y la Soberbia. Aquellos que tengan entendimiento, sabrán que “dawn” (amanecer) se refiere al inicio de lo que se ha venido planeando desde hace ya siglos y que, a propósito de las grandes epopeyas helénicas, así es como sus autores lo vislumbran en su óptica, ya que cambiará por completo la faz de la Tierra –si se los permitimos, claro–. Así que no nos vengan con el cuento de que el nombre es elegido aleatoriamente. Las palabras, así como su pronunciamiento, tienen efectos más allá del simple entendimiento de la comunicación. Ya Oscar Wilde, el excelso literato inglés del siglo XIX, apuntaba la importancia del uso de las palabras y el lenguaje con su obra “La importancia de llamarse Ernesto” (The Importance of Being Earnest) haciendo un doble juego de palabras con el concepto mismo de “earnest” (serio, ferviente) y “Ernest” (nombre propio). Esta obra de Wilde –la única comedia que escribió y que fue representada por primera vez el 14 de febrero de 1895 en el St. James Theatre, tres meses antes de ser condenado a prisión– satiriza las costumbres y seriedad de la ultraconservadora sociedad inglesa en plena Era Victoriana. El autor ya daba con esto algunos bosquejos de la farsa y doble cara con que la sociedad anglosajona se desenvuelve hasta la fecha, entre otras cosas lanzando la piedra y escondiendo la mano.

Así, la operación “Amanecer de la Odisea” es la representación de la más reciente elucubración de los cada vez más tambaleantes “dueños de la democracia y la libertad” –aristocracia y plutocracia anglosajona– ahora asociados con la cleptocracia del país galo, encabezado por su actual dirigente –el zalamérico adicto a las lisonjas femeninas– Nicolás Sarkozy o mejor escrito para su compinchería corsa –que alguna vez tuvo la intención de cambiarlo– Nicolas Sarkosi.

La historia personal de Sarkozy está ligada a muchas cosas y sucesos que han cambiado la historia contemporánea y reciente en buena parte del mundo occidentalizado, sólo que estos hechos bastante alejados de la ideología y actos de otros ilustres connacionales, los grandes ilustradores franceses del siglo XVIII –Kant, Didelot, Rousseau, Voltaire, Montesquieu– que forjaron la idea de libertad, igualdad y justicia entre los hombres sometidos luego de milenios de esclavitud forzada en los continentes tocados por la mano –lanza y espada– del hombre blanco.

La realidad de nuestros hermanos franceses es que ya no hallan la puerta con su actual presidente que, además de haber estropeado sistemáticamente las relaciones diplomáticas con países anteriormente aliados y amigos –véase el caso de México con Florence Cassez– ahora está metido hasta las orejas en el baño de sangre libio en pos de las riquezas petroleras del país árabe norafricano.

Los que han seguido de cerca el desarrollo del nuevo conflicto bélico en el Magreb, recordarán que Francia inició el ataque armado en contra del gobierno de Muammar Gaddafi el pasado 19 de marzo al atacar blancos militares libios leales a su líder, seguidos por la ofensiva conjunta de Estados Unidos y Gran Bretaña en el que sólo durante el primer día del inicio de la operación “Amanecer de la Odisea”, lanzaron más de 110 misiles de crucero Tomahawk –los mismos usados durante la “Tormenta del Desierto” (la primera incursión norteamericana en Irak a inicios de la década de los noventa, por George Bush padre), “Operación Plomo Fundido” (parte del actual genocidio israelita contra los palestinos) entre otros, cuyo precio en el mercado bélico inicia en el millón de dólares cada uno– desde buques y submarinos de ambos países, alcanzando no menos de 20 sistemas de defensa antiaérea integrados, así como otras instalaciones estratégicas del Gobierno libio.

Este certero ataque ofensivo del mencionado triunvirato anglo-galo (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) se dio a pesar de que el todavía líder de Libia, Muammar Gaddafi, anunciara el cese al fuego de su milicia en contra de las fuerzas rebeldes que buscaban desestabilizar a su gobierno -el más estable y desarrollado del Magreb- y sin importarles la opinión pública internacional que repudiaba cualquier acción bélica en contra del pueblo libio.

“A toro pasado”, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –para sus intereses– aprobó días después de iniciado el ataque multinacional a la nación árabe la resolución 1973 del uso de la fuerza militar en contra de Libia y la instalación de una zona de exclusión aérea, pasando por alto la invitación hecha por Gaddafi para el envío a su país de una comisión de observadores internacionales que comprobaran el cese al fuego que había anunciado previo al inicio al ataque bélico galo.

Como muchos se preguntan… ¿y por qué Francia inició el ataque, contraviniendo la costumbre y usanza del Pentágono de ser la punta de lanza de casi cualquier intervención occidental armada? La respuesta se encuentra en distintas aristas del tema de Libia, pero nos ocuparemos en esta ocasión de uno de los más importantes pero menos conocidos… el pasado del actual presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy.

Parte de las estrategias con las que Sarkozy ha engañado rutinariamente al pueblo galo ha sido el uso recurrente de la conocida “cortina de humo” –distractores de la verdad, algo de lo que aquí también conocemos… A-H1N1, Kalimba, Paulette, Cabañas, etcétera etcétera– en los momentos clave, como su matrimonio estilo telenovela política mexicana (¿o será a la inversa?) con la ex modelo y actriz Carla Bruni, haciendo un espectáculo de su supuesta vida privada, sin mostrar la verdadera cara –muy bien oculta por cierto–, como el de su origen húngaro y la relación estrecha que guarda con los poderes ultraconservadores de la política norteamericana y económico-financieros judío-sionistas como los Rothschild.

Nicolás Sarkozy se ha distinguido por ser un hábil actor político, astuto, sagaz, avezado en los menesteres que conjugan y confluyen en la política, los negocios –“lícitos” e ilícitos–, la diplomacia –el tráfico de influencias a niveles internacionales– y las alianzas estratégicas –de non sanctum origen–.

Su otra cara es la de ser oportunista, traicionero, infiel –tanto en lo político como en lo marital– inescrupuloso, ruin y servil, siempre dispuesto a ofrecer la cabeza del “amigo” por tal de salvar la suya.

Algunos de los pecadillos de Sarkozy llevados de la alcoba a la palestra que tuvieron repercusiones en el ámbito político de la nación gálica –por citar un ejemplo– es aquella que inició en 1992, al haber fungido como testigo de honor en el casamiento de Claude, hija de Jacques Chirac –ex presidente de Francia, en aquellos años alcalde de París–, con un editorialista del periódico francés Le Figaro. Como es usual en él, no fue capaz de contener su “hombría” –lujuria enfermiza– y sedujo a Claude con quien sostuvo un romance mientras estaba casado con Cecilia, ex esposa de Jacques Martin, un conocido animador de la televisión francesa, a quien también sedujo estando casada con el personaje televisivo…

(CONTINUARÁ)

albertogomez.consultor@gmail.com


One comment

  1. magdalena cosio /

    albert,te felicito por tu objetividad en el manejo de la politica internacional en el caso especifico FRANCIA en lo personal desconocia muchas actividades del sr.zarkozy ,te comento que fue muy grato el saber del dominio que tienes en la literatura,asi como en otros temas que los tocas de una forma sencilla agil y entendible para aquellos mortales que no tenemos los suficientes conocimientos de muchos temas,te felicito en verdad y me ha sorprendido gratamente tu columna asi como la redaccion y tu manejo de tu cultura general sin caer en lo soberbio ni arrogante, mis mejores deseos para ti y mucho exito.