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Seguridad y visión de Estado

La semana pasada estuve en Colombia hablando con expertos en seguridad pública y recabando algunas propuestas que pronto compartiré en este espacio. Desde la tierra hermana de Colombia, comprobé que tanto a nivel nacional como internacional en la agenda mexicana hay un tema en primerísimo lugar, muy por encima de cualquier otro: la seguridad pública.

 

Tanto visto desde el extranjero como desde la realidad que enfrentamos cotidianamente, podemos comprobar que en México no hay un estado, una ciudad, ni siquiera una familia en cuyo seno no se haya comentado la amenaza de la violencia. Incluso comunidades tradicionalmente pacíficas, hoy viven bajo la sombra del crimen organizado.

 

Y la verdad es que enfrentamos un panorama negro y no se ve una mejoría en el futuro próximo. Para muestra, veamos tan sólo el contexto político en el que se desarrolló la reunión de Felipe Calderón y Barack Obama este 3 de marzo.

Relación bilateral: peor estado en 25 años

El encuentro Obama-Calderón que se celebró hoy se dio un contexto lamentable: La relación entre México y Estados Unidos pasa por su momento más delicado en los últimos 25 años, debido a dos sucesos de la más alta trascendencia para ambos gobiernos: el asesinato de un agente estadounidense en territorio mexicano y la filtración de cables de la embajada norteamericana en México orquestada por WikiLeaks, con los que fueron exhibidos diversos miembros del equipo del Presidente Calderón y descalificados los integrantes del Ejército Mexicano.

Estas diferencias, importantes pero coyunturales, se suman a una de fondo: la visión con la que cada Gobierno enfrenta el problema del crimen organizado.

 

Para los mexicanos, es necesario que el Gobierno estadounidense asuma su responsabilidad en disminuir el tráfico de armas hacia nuestro país y reduzca su mercado interno de drogas ilegales. Basta decir que se ha comprobado plenamente que el agente norteamericano recientemente asesinado fue víctima de las balas de un fusil de asalto comprado en una armería norteamericana. Es decir: se trató de un oficial norteamericano, asesinado con un fusil norteamericano, comprado con dólares de drogadictos norteamericanos.

 

A ello se sumó la terrible revelación hecha por el agente estadounidense John Dodson, quien denunció que su Gobierno permitió deliberadamente que se introdujeran armas de contrabando a México, una de las cuales acabaría matando a uno de sus compañeros en San Luis Potosí durante el mes pasado.

 

Para Estados Unidos el enfoque es muy diferente, para ellos México es un problema de seguridad nacional. Se teme que la delincuencia organizada se alíe con grupos terroristas y se lamenta la porosidad de nuestras fronteras, dejando de lado la principal variable: el tráfico ilegal de estupefacientes.

Encuentro infructuoso

Desde Washington nos llegó sólo una muestra de diplomacia de coctel. No vimos cambios reales. El mismo presidente Obama, por más que quisiera personalmente combatir el tráfico de armas, se encuentra maniatado por vigorosos grupos de poder conservadores que pugnan por conservar intacta la segunda enmienda de la Constitución Norteamericana, al amparo de la cual todo ciudadano puede poseer armas que en otros países son de uso exclusivo de los militares. Por ello, hemos visto declaraciones de amistad, llamados a reforzar el diálogo y la coordinación, pero pocos, muy pocos cambios de fondo.

 

Exigir lo que no hay en casa

Seguramente, muchos de nuestros políticos coincidirán con este análisis que acabo de esbozar y condenarán la falta de cooperación genuina del Gobierno estadounidense, más allá de las declaraciones diplomáticas.

 

Sin embargo, habría que ser más autocríticos, más autoanalíticos, y ver que nuestros líderes han mostrado serias carencias a la hora de despolitizar el tema de la seguridad pública. Todos los días los mexicanos venos improperios, descalificaciones y acusaciones graves esgrimidas precisamente entre los políticos que deberían trabajar juntos.

 

Quienes se insultan hoy, ¿podrán elaborar juntos una ley mañana? Quienes se atacan, ¿podrán colaborar para enfrentar el crimen? No podemos exigir coordinación con otros países ni demandar corresponsabilidad cuando nosotros mismos no ponemos el ejemplo. Ya basta de peleas entre políticos. Ya basta de enfrentamientos. Se supone que estamos en el mismo equipo, independientemente de los colores de nuestros partidos.

 

Porque en el tema de la seguridad —como en muchos otros— es indispensable superar toda diferencia ideológica y dejar de lado intereses políticos, pues la única motivación que nos debe inspirar y urgir es generar un México pacífico para nuestros hijos y nuestras familias.

 

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