Portal informativo de análisis político y social

Sepulta José Bicieg a Contraloría Ciudadana

A decir del todavía presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Jalisco, José Bicieg Ocampo, “por el bien de la sociedad”, el Gobierno del Estado será la única instancia que informe y opine sobre la crisis de inseguridad que enfrenta la población, en declaraciones hechas recientemente a un grupo de reporteros, cuando por estatuto de ley y voluntad de los organismos de la sociedad civil, es precisamente ese organismo que consume seis millones de pesos anuales del erario (principalmente en nómina y gastos de representación), el que tiene esa atribución y responsabilidad.

Es así como el comerciante de trajes de novia (Made), que formara parte del Comité de Financiamiento de la Campaña a la Gubernatura de Francisco Ramírez Acuña, finalmente aceptó de manera pública, la incompetencia institucional del Consejo Ciudadano al que poco o nada toman en cuenta en la actual administración estatal (hace cuatro años desistió seguir operando su reconocido programa de denuncia anónima), y únicamente es llamado para cubrir un asiento en las mesas de presídium de eventos relacionados con la seguridad pública, sin que sus propuestas y planteamientos (muchos de ellos plagiados del Internet) sean tomados en serio y puestos en marcha.

Circunstancia que no extraña del todo, puesto que en los últimos años prepondera la “política del avestruz”, en aras de “no generar incomodidades o molestias en el ámbito gubernamental”, como lo denunciara públicamente la Coparmex, dejando de lado su espíritu de instancia de Contraloría Social en materia de seguridad pública, prevención y readaptación social, que en algunas ocasiones aportó trascendentes políticas públicas, tales como la misma creación de la Secretaría de Seguridad Pública y hace poco más de cinco años, el Código de Ética Comunicativa en Torno a Contenidos Jurídico-Policiacos.

No en vano, desde hace buen tiempo le perdieron la confianza a Bicieg en el sector empresarial, instancia a la que el mismo gobierno estatal creó ese organismo como válvula de escape ante la desesperación de los poderosos “Caballeros del Dinero”, en donde también participan sin espíritu, ánimo o compromiso alguno, la Cámara de Comercio y el Consejo de Cámaras Industriales, junto con universidades (incluidas las “patito”), algunas instancias de “representación social” como Barrios Unidos (instrumento del cardenal Juan Sandoval y el PAN) y la denominada “Colonia Obrera” (trinchera priísta en aquella zona del Oriente tapatío), cuyos varios de sus representantes únicamente han utilizado ese espacio para litigar sus “asuntos institucionales” e incluso personales, así como para su promoción política y la obtención de cargos públicos tanto en el Gobierno del Estado como en el Ayuntamiento tapatío.

De hecho, el propio vicepresidente del organismo y representante del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco, Sergio Delgado Torres, ha confesado públicamente que el silencio y omisión del Consejo Ciudadano que todavía encabeza José Bicieg, ante los narcobloqueos, granadazos y narcomantas, así como asesinatos de jefes policiacos y enfrentamientos entre sicarios a plena luz del día, es “para evitar confrontaciones” con las autoridades estatales.

Es ahora que puede explicarse, más no aceptarse, que un organismo público que nació con objetivos trascendentes y constructivos, otrora plural y colegiado, además de único en su tipo en el país, y crítico frente a todos los demás mandatarios de la entidad (hasta el mismo Francisco Ramírez Acuña “aguantó vara”), hoy en día se pierda en la omisión, silencio y desinterés con lo que sin duda alguna derivará en su pronta desaparición, como así lo han pretendido en el Ejecutivo del Estado en los últimos tres años.

Para la sociedad en general y el empresariado jalisciense, “no bastan un ridículo semáforo que alerte lo que se ha vivido en el último año, así como un manual de seguridad copiado del Internet”, toda vez que a decir de sus principales dirigentes, “la urgencia radica en la rendición de cuentas, la transparencia en las actuaciones de las autoridades, así como la estrecha coordinación de las policías de todos los niveles, además de la cercana participación ciudadana y la indispensable contraloría social”, porque de lo contrario, serán la simulación y sumisión ciudadana lo que terminarán sepultando las legítimas aspiraciones de una comunidad segura y en paz, dejando por consecuencia el paso libre al caos y la anarquía delincuenciales.

 

E-mail: moises@notiemp.com