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SEXO, POLÍTICA Y TRAICIONES (SEGUNDA PARTE)

SEXO, POLÍTICA Y TRAICIONES (SEGUNDA PARTE)

May 29, 2011

“Yo considero que todo judío de la diáspora y de Francia debe aportar su ayuda a Israel. Es además por eso que es importante que los judíos asuman responsabilidades políticas. En pocas palabras, desde mis funciones y en mi vida de todos los días yo trato de aportar mi modesta contribución a la construcción de Israel.” La anterior declaración de apoyo incondicional –sumisión tácita– a la causa judío-sionista de DSK (Dominique Strauss-Kahn) resulta ahora poco congruente con los eventos recientes en los que el ex director gerente del FMI (Fondo Monetario Internacional) se encuentra atrapado y de los que difícilmente tendrá una salida digna.

El escándalo mundial que ha venido cimbrando al mundo financiero internacional a raíz de la detención de DSK por cargos criminales por presuntos delitos sexuales en contra de una mujer inmigrante trabajadora del hotel en donde éste se hospedaba en la ciudad de Nueva York, viene a sacudir no sólo la precandidatura de Strauss-Kahn a la presidencia de Francia en el 2012, sino la del Partido Socialista francés –cuyo candidato sería DSK– en el marco de un País totalmente en contra de las políticas públicas y diplomáticas llevadas a cabo por su actual presidente Nicolás Sarkozy. Para este último, DSK representaba la pérdida de su reelección ante las urnas incluso antes de que el período electoral se llegara. ¿Será casualidad que su principal contendiente sea ahora descalificado, sobajado y vilipendiado por la moralidad del inconsciente colectivo internacional a la que ha –presuntamente– mancillado y deshonrado… o no será parte de un plan –brillantemente maquiavélico, por cierto– para abrir paso a actores realmente comprometidos con el lobby internacional judío-sionista y militaro-industrial norteamericano…?

DSK arriba al FMI después de prestarse a participar en la sucia maniobra política que quitó del camino por la presidencia francesa a Dominique de Villepin (Primer Ministro francés del 2005-2007) en las elecciones del 2007 para abrir paso al actual presidente Nicolás Sarkozy

Nicolas Dupont-Aignan, un candidato menor que trata de resucitar la tradición del gaullismo social, afirma, contrariamente a muchos observadores, que la eliminación de DSK es un golpe de suerte para la izquierda. “Dominique Strauss-Kahn era un falso buen candidato para la izquierda y creo que la derecha cometería un error si se alegrara. Siempre he creído que había una especie de falaz moda pasajera en torno a Strauss-Kahn y que él era acaso el mejor contrincante que podía tener Nicolas Sarkozy…”.

Recordando que treinta años atrás, el astuto François Mitterrand condujo al Partido Socialista a una victoria electoral que todavía se celebra. Inicialmente aliado al Partido Comunista para mejor subyugarlo y destruirlo, los socialistas de Mitterrand comenzaron con un derroche de reformas, aboliendo la pena de muerte, nacionalizando empresas y rebajando la edad de jubilación, sólo para invertir su curso un par de años más y abandonar medidas económicas socialistas imposibles de llevar a cabo en el contexto de la Comunidad Europea (hoy Unión Europea). La época de Mitterrand enterró en realidad el socialismo, pero el Partido Socialista siguió llamándose “la izquierda”. Con ello ya no se referían a medidas económicas que favorecieran a la clase trabajadora sin sobre todo a cuestiones morales tales como el antirracismo y toda clase de vagas y buenas intenciones.

Con Dominique Strauss-Kahn, la mera ausencia de socialismo evolucionó hasta convertirse en algo mucho más enérgico: la promoción sin reparos del capitalismo global. Tras convertirse en Ministro de Economía, Finanzas e Industria en 1997, le dio totalmente a la vuelta al rumbo del primer Mitterrand, promoviendo una ola de grandes privatizaciones, entregando la industria de telecomunicaciones, del acero, aeroespacial y otros sectores claves a los caprichos del capital financiero internacional. Es lo que podía esperarse del vicepresidente del “Cercle de l’Industrie” de alto nivel, en el que ingresó en 1994 invitado por Raymond Lévy, director entonces de la empresa de automoción Renault. En este círculo encantado, dedicado a fomentar los intereses de la industria en las instituciones europeas, DSK se alineó con la misma multitud de supremos capitalistas franceses en cuya compañía tanto se complace Nicolás Sarkozy. Ciertamente, es de lo más justo sugerir que Sarkozy escogió a DSK para que dirigiese el FMI no sólo, como constantemente se repite, para mantener a su rival alejado de Francia sino porque los dos son del mismo parecer cuando se trata de política financiera internacional.

De modo coherente, DSK se opuso a la última reforma del Partido Socialista destinada a favorecer a los trabajadores, a saber la reducción de la semana laboral a 36 horas adoptada en 2002. Habiendo escrito su tesis doctoral sobre la economía de “recursos humanos”, ha argumentado en favor tanto de una semana laboral más prolongada como de elevar la edad de jubilación, “ahora que vivimos cien años”. (Diana Johnstone, Sin Permiso. 24/5/2011).

DSK arriba al FMI después de prestarse a participar en la sucia maniobra política que quitó del camino por la presidencia francesa a Dominique de Villepin (Primer Ministro francés del 2005-2007) en las elecciones del 2007 para abrir paso al actual presidente Nicolás Sarkozy.

Sin embargo y a pesar de que fue el lobbying anglo-sionista lo que lo pusieron al frente del FMI, Strauss-Kahn había venido cambiando el rumbo de ciertos temas de suma importancia para ese organismo financiero desde su arribo a este hace cuatro años, criticando en repetidas ocasiones al llamado “Consenso de Washington” (el listado de políticas económicas de los organismos financieros internacionales que los países en desarrollo deben aplicar para “impulsar el crecimiento”, convirtiéndose en programa específicos en las economías de dichas naciones).

Parece ser que de estos cambios que DSK preparaba, había uno en especial que trastocó a los “dueños” del dinero mundial: la implantación de una nueva moneda de reserva internacional que desplazaría al dólar estadounidense, algo que se ha venido planeando e intentando desde hace un par de lustros hasta ahora fallidamente. Este tema ha costado no sólo el puesto de trabajo, sino virtualmente la cabeza a líderes de naciones que se han atrevido a participar en dicho “complot” en contra de los avasalladores intereses imperialistas de los grupos militaro-financiero internacionales que detentan el poder en buena parte de los países occidentalizados.

Otro participante en las directrices actuales de la República Francesa que tiene vínculos muy estrechos con Washington –o línea directa que le marquen– es la Ministra de Economía, Finanzas e Industria, Christine Lagarde, actualmente en campaña para lograr asumir la dirección del Fondo Monetario Internacional, vacante dejada tras la dimisión de DSK. Esta otra cómplice francesa que ahora se postula –a diferencia de los anteriores dirigentes del FMI que han sido economistas– es una brillante abogada, especializada en derecho social formada en el sistema jurídico-empresarial de Estados Unidos. Se incorporó en 1981 al bufete Baker & McKenzie, en Chicago, e hizo toda su carrera en aquel país –de ahí que hable un perfecto ingles–.

Sin renunciar a su vida como mujer, subrayan los encargados de su publicidad, ascendió en los niveles del bufete de derecho comercial más importante del mundo (cuatro mil 400 colaboradores en 35 países) hasta convertirse en miembro de su Comité ejecutivo y más tarde, en el otoño de 2004, en presidenta de su Comité de Estrategia. Por otro lado, en abril de 2005, entraba al Consejo de Vigilancia de la multinacional holandesa ING Groep, una de las sociedades financieras más importantes del mundo. Christine Lagarde ha ocupado los primeros lugares en la lista de mujeres de negocios europeas que publica el Wall Street Journal así como una de las 20 mujeres más poderosas del mundo según la revista Forbes (2011).

Christine Lagarde, que será la nueva dirigente del FMI ya que enfrenta rivales de poco peso real –el mexicano Agustín Carstens entre algunos del tipo, sin mordacidad oculta– tiene un pasado desconocido para la mayoría de los franceses y la opinión pública mundial que la liga con el Consenso de Washington y la poderosa industria militaro-financiera anglo-sionista.

No será extraño que en un futuro más cercano que lejano –si no “patea el pesebre” como intentó DSK– la abogada Christine Lagarde aspire a la máxima dirigencia de su país, Francia –cuando menos de origen– (¿?), si es que las nacientes protestas en aquella nación, por contagio de los españoles y los árabes, no terminan por derrumbar un sistema que se pensaba extinto desde 1789, y que es precisamente allí, en la Plaza de la Bastilla donde se están dando esta serie de protestas civiles en contra de las nuevas “aristocracias” que, a diferencia del siglo XVIII, no obedecen a un monarca francés, sino a una plutocracia internacional.


E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com

One comment

  1. Patricia /

    Muy interesante como todos sus artículos, muchas felicidades Maestro.