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SEXTO SENTIDO: Asesinos de empresas

SEXTO SENTIDO: Asesinos de empresas

Ene 25, 2014

Por Irma Adriana Luna Cruz —-

Mexicanos aquí y en Estados Unidos se indignaron con la ejecución de Édgar Tamayo hace unos días, pero no hay que viajar al extranjero, aquí tenemos a varios asesinos que a diestra y siniestra, coludidos con funcionarios públicos, matan a familias completas sin que hasta el momento se asome la justicia.
Decenas de empresas jaliscienses están condenadas a la muerte de forma injusta, premeditada, artera e impune. Y no es por causa de la crisis económica o las malas ventas. Esta ejecución es aún más cruel, inhumana e irreversible que la practicada en el país vecino. Aquí le arrebatan en vida la dignidad a una persona o a familias completas, con toda vileza.
Ellos comienzan perdiendo su fuente de trabajo, sus ahorros, sus bienes, su tranquilidad, sus casas y su salud. Muchos son los casos en los que micro y pequeños empresarios tras caer en severa depresión a causa de un juicio laboral largo, mañoso e ilegal, finalmente, mueren físicamente.
Millones de pesos se invierten anualmente en la promoción de la economía de Jalisco –hasta en el extranjero–, para que más negocios abran sus puertas y generen fuentes de empleo a otros. ¿Todo para qué? Para que estos llamados “abogados talibanes” que amparándose en algunos artículos de la Ley laboral, despojen de sus bienes a personas trabajadoras y se llenen los bolsillos.
A Édgar Tamayo lo ejecutaron por un delito cometido. ¿Pero cuál es el delito de estos hombres y mujeres de empresa? Solamente toparse a los “talibanes”. Lo más indignante es que esos sujetos tengan de cómplices a funcionarios y a instituciones públicas prácticamente a su servicio. La Junta de Conciliación y Arbitraje está podrida en sus entrañas y así lleva más de 20 años.
La impunidad con la que han estado actuando estos abogadillos, los ha envalentonado al grado de retar y amenazar a la autoridad. Mientras ellos sigan asesinando a empresas sin una mano firme que los frene, de nada servirán las millonarias partidas –de las que se jactan los gobernantes– que son destinadas a promoción económica. Es dinero echado a la tumba.
Un empresario tarda décadas para fortalecer su negocio, luchando contra todo (incluyendo los problemas económicos y al fisco), si acaso logra sobrevivir es una hazaña. Pero si corre la mala suerte de sumar a sus filas a un mal empleado que quizás estuvo activo un año, un mes o hasta un día en su empresa y en venganza por su despido llega a contratar a estos abogados talibanes, la sentencia de muerte aparece.
Ellos se encargan de inflar salarios, esconder procedimientos, conseguir de forma irregular embargos, exigir laudos estratosféricos siempre buscando que el microempresario termine hasta empeñando la vida para obtener el dinero y pagarles mientras ellos se quedan con el bonche más gordo del botín. Y para su buena fortuna no reciben castigo por sus actos delictivos.
¿Dígame usted si eso no es más indigno y cruel que la mismísima pena de muerte en la que una inyección cumple su cometido en cuestión de segundos?… Aquí la tortura física, mental y económica dura años, hasta que la muerte se apersona.

* Es periodista multimedia
Twitter. @adrianalunacruz
adriana@notiemp.com