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SEXTO SENTIDO: GRITOS DE UNA NIÑEZ VICTIMADA

SEXTO SENTIDO: GRITOS DE UNA NIÑEZ VICTIMADA

Nov 12, 2011

Por Irma Adriana Luna Cruz *

 

“Para”… grita desesperada una jovencita mientras con movimientos torpes, intenta evadir cada cinturonazo que le propina brutalmente un sujeto repetidamente. Ella padece discapacidad intelectual, pero el varón –que se dice su padre– cegado por la rabia e insatisfecho del número de veces que la golpea, opta por buscar otro cinturón para disciplinarla y que “entienda” su equivocación. La supuesta madre también aparece en escena pero no para defender instintivamente a su criatura, sino para incrementar el castigo.

 

Ese maltratador y abusivo, es además un juez norteamericano que se supone debería gozar de un criterio superior al común de los mortales para impartir justicia. Seguramente usted ya observó ese video en la red de internet o en los medios de comunicación y concordará en que duele, duele profundamente.

 

No es simplemente el abuso y la crueldad contra la niña, es tan sólo pensar que en este mismo momento, cerca de nosotros, un pequeño está padeciendo violencia a manos de quienes deberían protegerlo, pero no hay cámaras, ni oído, mucho menos un corazón que capte ese sufrimiento.

 

Tenemos un asunto no resuelto, por tradición se ha utilizado una nalgada, un coscorrón, un cinturonazo para corregir al niño de sus “errores”. Las autoridades estiman que en uno de cada dos hogares mexicanos, la violencia está presente en alguna de sus formas y Jalisco ocupa los primeros lugares de la lista nacional.

 

No es atípico conocer casos alarmantes “algunos espeluznantes, niños de dos o tres años víctimas de situaciones violentas de parte de aquellos que tenían la obligación de protegerlos”, me dijo el juez Dionisio Núñez, quien es representante de México ante La Haya (donde se firmó en 1996 la máxima legislación internacional sobre la protección de infantes).

 

Si pudiéramos escuchar el llanto de los niños que son violentados física, emocional, sexual y hasta económicamente, tendríamos un estremecedor y ensordecedor sonido, similar a las Cataratas del Niágara. Lo más lamentable es que guardamos silencio y hasta permitimos esa violencia en nuestro propio hogar cuando nos exasperamos, gritamos y agredimos, olvidando comunicarle claramente al hijo cuál es la conducta errónea y la corrección impuesta.

 

La violencia en el hogar suele tener un círculo vicioso: la pareja se agrede y alguno de ellos –frecuentemente la mujer– traslada sus frustraciones e intolerancia a sus hijos, convirtiéndolos también en víctimas.

 

Es tan grave nuestro problema que se han incrementado; los juzgados familiares ya no son suficientes para solucionar todos los casos que se presentan ante el juez. En 9 de cada 10 divorcios –que terminan porque fueron malos matrimonios–, aparece la alineación parental, los hijos se toman como botín de guerra, según registros de la Asociación Mexicana de Padres de Familias Separados, capítulo Jalisco.

 

El fenómeno presenta diversos grados: el absoluto es cuando al niño se le arrebata la figura de uno de los padres por manipulación o venganza. La única capacidad de la madre para castigar al padre es quitarle a sus hijos y la capacidad del padre para castigar a la madre es no darle alimentos, estamos peleando con los juegos de alimento y visita. La víctima real, el infante.

 

Enseñamos con golpes, fomentamos el rencor, la agresión y el odio, en lugar de la tolerancia y la comunicación, pero después nos quejamos de la violencia intrafamiliar, el bullying en los planteles escolares y la delincuencia en las calles. Entonces, ¿dónde está la verdadera discapacidad que origina nuestros problemas?

 

* Es periodista multimedia

Twitter @adrianalunacruz

E-mail: analisis@notiemp.com