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SEXTO SENTIDO: Hacer el bien ¿sin daños colaterales?

SEXTO SENTIDO: Hacer el bien ¿sin daños colaterales?

Dic 7, 2013

Por Irma Adriana Luna Cruz —-

Una señora reporta a un policía una narcotiendita activa cerca de su casa. La droga se vende a niños en los alrededores de una escuela. El policía se siente obligado moralmente a atender el llamado. El uniformado acepta el caso y se dirige al lugar indicado. ¿Qué pasa después? ¿Cómo vive un policía el día a día?… Uno de ellos nos cuenta…

“Recibo el llamado de alerta y tengo la obligación de generar un resultado con el señalamiento de alguien. Dentro del recorrido de vigilancia me percato que sí, un sujeto estaba recibiendo la droga por parte de las personas que le surten.

“Con toda la ley de mi parte, sabiendo que como policía estaba protegido, busqué la aplicación de la ley, procedí a registrarlo. Detecto en su poder un arma de fuego, medio kilo de cocaína y una báscula. Remito al sujeto y a sus acompañantes ante la autoridad. ¡Ah, recuerdo, ese día me sentí muy bien, muy satisfecho de haber cumplido con mi deber como policía!

“Sabía que la sociedad podía cambiar cuando yo hacía bien mi trabajo. Había logrado tal cercanía con la ciudadanía que con toda la confianza podían acercarse y denunciar ilícitos. Como si fuera un súper héroe ¡podía, y estaba combatiendo el crimen!

“Saqué de circulación a ese vendedor de droga y sus secuaces, pensé que ahí el problema había terminado. Eso creí, no imaginaba que el problema apenas comenzaba. Lo que realmente pasó fue que a los dos meses y medio, la señora vuelve a hablar conmigo y me confiesa que siguen vendiendo droga en el mismo lugar. Escuchar esas palabras me sorprendió. ¿Cómo puede ser eso posible, si yo personalmente había detenido a la persona que se dedicaba a vender droga y a sus colaboradores y actualmente estaban en la cárcel?

“Por lógica había terminado ese problema, tenía que haber saneado a la sociedad. Eso, en teoría. Pero la realidad era que la mujer –la esposa del distribuidor– se quedó con la deuda por la droga y la gente que se dedica a distribuir en otro nivel le comenzó a exigir el pago del producto con amenazas contra su familia.

“Todo al grado que la mujer sin tener más remedio, aceptó continuar con la venta de droga para poder pagar la deuda de su esposo, deuda que yo había generado por mi acción al ejercer la justicia, obviamente dentro del marco legal.

“La mujer por su soledad y las presiones comenzó a consumir drogas, cayó en depresión.
Una tarde, cuando yo estaba patrullando la misma zona, recibí el reporte de una persona lesionada. Eran los mismos cruces donde yo meses antes localicé la narcotiendita y concreté la detención de los delincuentes.

“Acudí al servicio, pensando que era un caso diferente, pero cuando arribo al domicilio ahí estaban los paramédicos, me informan que en la casa una persona va a fallecer. Entré al domicilio rápidamente. Observo a la esposa de la persona que yo había remitido a prisión, estaba colgada, se había suicidado. La escena que no puedo sacar de mi mente es ver a sus dos niños –de dos y tres años de edad–, abrazados de las piernas de su madre, llorando.

“Ese día, no sentí satisfacción alguna. Tenía sentimientos encontrados. Pasé días recapacitando ¿qué había hecho mal? Sólo cumplí con mi trabajo ¡había aplicado la ley! Por hacer el bien, hice un daño colateral.

“Mandar a una persona a la cárcel para purgar una década de condena y dejar abandonada a la familia no puede generar un buen impacto en la sociedad. Hoy, sigo preguntándome qué pasa con esos niños. Seguramente ya crecieron con un odio hacia el policía, ese que metió a su padre a la cárcel y que provocó que su madre se quitara la vida.

“¿Qué va a ser de esos niños? ¿Aman la justicia? ¿El final hubiera sido diferente si tan sólo se hubiera ayudado a las víctimas de forma integral? Me convencí de que hay que trabajar en la prevención. No hay justicia si se dejan daños colaterales que alimentan la injusticia”.

* Es periodista multimedia
Twitter: @adrianalunacruz
adriana@notiemp.com