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SEXTO SENTIDO: Hijos de la… incapacidad e indiferencia

SEXTO SENTIDO: Hijos de la… incapacidad e indiferencia

Feb 22, 2014

Irma Adriana Luna Cruz —-

Antaño el maestro era visto por niños, adolescentes y padres de familia como un ejemplo de vida, como un amigo al que se podía acudir abiertamente para recibir consejos, como ayudante para resolver problemas aritméticos, pero también de vez en cuando, para tratar asuntos personales y de familia.

La maestra era un símbolo maternal extendido y para algunos el primer amor platónico. Antes era un orgullo social ser maestro. En cambio hoy, la imagen del maestro ha llegado a convertirse en un sinónimo de conflicto, incapacidad e indiferencia.

Lejos de ver a los miembros del magisterio como integrantes de nuestro equipo por ser una parte importante en la edificación de la intelectualidad de nuestros pequeños y entrenadores en el desarrollo de sus habilidades, muchos los perciben como el enemigo, el ogro, el obstáculo que impide el crecimiento del educando y en el peor de los casos, el gran ausente.

Es común encontrarnos con muchos maestros confiados en la protección sindical, ya no importan sus negligencias, omisiones e incapacidades. Vemos a profesores que abusan de distintas formas de sus alumnos: imposiciones personales e ideológicas, torturas físicas y emocionales. Maestros indiferentes en su labor pedagógica, con carencias ortográficas. No logran real conexión con el corazón y la mente de los niños. Están divididos en su propio sindicalismo, resultando una catástrofe profesional.

Lo indignante es que no pasa nada. Maestros, directivos, inspectores, sindicato, todos parecen confabularse y cubrir irregularidades. Ante este escenario, los padres no levantan la voz, no denuncian, no asumen su responsabilidad de defender a su cría cuando padecen abusos, prefieren guardar silencio o hasta sobornar al profesor con regalos para que cambie su trato hacia el hijo “que al cabo sólo lo tendrá un año como maestro”.

Cuando algún padre de familia se hace presente, atento al desarrollo educativo de su hijo y señala irregularidades, es tachado de problemático y enfadoso. Aunque hay que reconocer también que algunos padres ven a la escuela como un lugar temporal para depositar al escuincle, como una guardería que mientras más tiempo dure mejor. Estos progenitores creen que el deber del maestro es corregir los hábitos errados del pupilo y devolverlo depurado al hogar.

El círculo virtuoso entre maestro-padre de familia-directivo escolar se ha roto desde hace 20 años aproximadamente, reconoce preocupado el secretario de Educación en Jalisco, Francisco Ayón.

Los resultados de ésta separación tienen un efecto más que negativo en el proceso educativo de los pequeños y al transcurrir de los años un daño irreversible para las familias y la sociedad en general.

La separación entre padres de familia y educadores es como un divorcio que deja a los niños en indefensión, les arrebata la oportunidad de adquirir herramientas valiosas que les ayudarán a enfrentar la ferocidad de la sociedad en la que viven.

No nos extrañe entonces ver a adultos-profesionistas que no desarrollaron su capacidad de lecto-comprensión, que no pueden expresar con claridad sus ideas al escribir, ya no digamos el manejo de matemáticas y de pensamiento lógico.

Sin lugar a dudas algo está fallando tanto en el sistema educativo como en las familias, no estamos logrando el cometido, como equipo, de enseñar al estudiante a aprender. Estamos criando a niños incapaces de sobrevivir en términos intelectuales, de habilidades, de honestidad y laboralmente en este mundo voraz y cambiante.

* Es periodista multimedia

Twitter: @adrianalunacruz

E-mail: adriana@notiemp.com