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SEXTO SENTIDO | Matando a la libertad de expresión

SEXTO SENTIDO | Matando a la libertad de expresión

Jun 6, 2015

La campaña más sucia de la historia concluyó para beneplácito de la mayoría, pero lo más seguro es que sólo dio paso al proceso electoral más impugnado de Jalisco. Hay elementos suficientes hasta para que la elección tenga que repetirse, no hubo igualdad para todos.

Sí, en estas campañas políticas hubo especialistas en guerra sucia y lograron su objetivo, pero con ello mermaron la confianza ciudadana en las instituciones, pusieron en duda la metodología electoral y aumentaron el desencanto ciudadano, si acaso, eso se pudiera más, y como si el abstencionismo no fuera suficiente. Así que el impacto de esa suciedad con la que impregnaron el proceso no ha terminado.

Antes de estas campañas la porquería más grande vista en Jalisco era la jugarreta que le hicieron a Arturo Zamora vinculándolo con el crimen organizado pocos días antes de que los votantes fueran a las urnas, un medio de comunicación fue quien dio el tiro de gracia. El día de su derrota él estaba indignado y decepcionado de la política, pero como quizás no podía ir en contra de su propia naturaleza se levantó. Al analizar su entorno se dio cuenta de que estaba peleando contra el viento, encontró que son pocos los amigos del perdedor, su visión cambió y ahora ahí lo tiene, es uno de los jaliscienses mejor posicionados en la política nacional y hasta se rumora que en breve tendría un puesto privilegiado en el gobierno federal.

Esta guerra sucia enseñó a los políticos el poder de los medios de comunicación, y por ello se han dado a la tarea de manosearlos, presionarlos y usarlos como sicarios informativos para concretar su cochinero.

Los pioneros del periodismo tienen múltiples historias de los sobres sin destinatario que eran entregados a diestra y siniestra en las manos de los representantes de medios informativos para obtener al menos un buen comentario en los programas, o en páginas escritas, a favor de gobernantes, toreros y artistas. Esa práctica cambió al incluir a algunos reporteros en las nóminas institucionales. Ahora algunos políticos corruptos han visto que les deja más invertir en el mercado. La entrega del «chayote» no se ha erradicado, sólo se ha maquillado, los beneficiarios de él ahora son pocos y las cantidades de dinero han aumentado. Irónicamente en este proceso intermedio coincidieron las elecciones con el Día de la Libertad de Expresión.

Los políticos han encontrado una forma de manipular a los medios de comunicación, han encontrado su punto débil, todos dependen de los recursos económicos, de la publicidad. Cuando sus cochinadas llegan a alcanzar la información que se publica en los diarios, que se escucha a través de la radio y que se observa en la televisión, perdemos todos.

Los periodistas siguen con sueldos raquíticos. Ahora tenemos a analistas light y a sicarios con micrófono en mano, pero ambos con escasa credibilidad. El dinero repartido para corromper queda en pocas manos, el daño es mayúsculo. Muchas empresas críticas que no se prestan al juego quedan sentenciadas a muerte.

Los periodistas que se distinguen por su férrea integridad, los incorruptibles pierden sus empleos. El público pierde, los lectores pierden porque tienen que buscar como aguja en un pajar al periodista íntegro y confiable, al informante crítico, al analista sin colores. Sí, con su guerra sucia, con su hambre de poder, con su corrupción están matando a la libertad de expresión.

 

Adriana@notiemp.com
@adrianalunacruz