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Son tan lindos los funcionarios

No sé por qué pero a nuestros hombres y mujeres públicos en general no se les ocurre para justificar sus aspiraciones decir la verdad, ya que esa ansia de servir a sus semejantes que invariablemente manifiestan, ese amor desmedido a los que menos tienen no son muy convincentes especialmente para quienes militamos en las filas del infelizaje. Desde luego me refiero a los políticos que militan hasta la cuarta división y en esto yo no he percibido ninguna diferencia entre los diferentes partidos, son terriblemente parecidos. Desde luego que habrá alguno que no sea así, ya que no se puede generalizar y me sirve de pretexto para que si afectara a alguno éste se autocalifique como perteneciente a los que son excepción.

Y es que aquellos que aman desesperadamente a la gente una vez que llegan al puesto al que aspiraban, suspenden por completo su amor a la gente, cuando menos a la que decían deseaban servir y no es que no quieran servirla, simplemente no quieren servirla tan de cerca, tenemos que reconocer que los pedigüeños somos muy latosos y esto aumenta en proporción inversamente proporcional a lo pobre que sean.

Siempre están pidiendo cosas y eso es horrible. Lo adecuado es conseguir pobres escogidos, para ello el elegido tiene una bola de lambiscones cuya especialidad es precisamente aislar al ungido del contacto con el peladaje y cuando es estrictamente necesario un baño de pueblo, pues se le consigue un escenario, después de hacer un casting de pueblo en que todos los géneros estén presentes y convenientemente disfrazados e instruidos sobre qué deben decir, hacer pedir y preguntar y el funcionario, como Zeus Olímpico dispensara favores a los asistentes, sin que el grueso de la plebe reciba un beneficio pero que pondrá feliz al jefe y estando contento él el círculo de barberos estarán contentitos con los beneficios.

Igual sucede con el amor a los que menos tienen, desde la eternidad ha habido políticos entregados a los más necesitados y los más necesitados siempre han estado ahí y es difícil que dejen de estar, pero se oye padrísimo que trabajas con los migrantes, que cuidas a los ancianos –si se quiere de la tercera edad– los niños de la calle, las madres solteras o solteras madres y los ejemplos de la realidad saltan a la vista. Miles de migrantes son secuestrados y extorsionados por los pillos organizados y por el Instituto Nacional de Migración que también son pillos y también están organizados y son temidos por los migrantes igual o peor que a los malos.

De los ancianos baste como ejemplo los meses que no les depositaron los apoyos que tanto se cacarearon y el vergonzoso caso de los braceros que tienen años con el tema. Cientos de niños de la calle, por mencionar un caso “sobreviven en el Centro de la ciudad”, hace poco fui a un evento en el Convento del Carmen ( me niego a llamarlo ex convento, porque si algún día voy a Roma no podré ir al Coliseo ni al Panteón de Agripa que hace años no funcionan como tales y nadie los llama ex, y si seguimos así pronto mencionaremos el ex palacio de Gobierno) llegué temprano y me senté a fumarme un cigarro en el patio, una niña de 13 o 14 años, a lo más, sentada junto a mí me pidió un cigarro, le dije que no y vi que estaba oliendo tonsol, me dio miedo esa realidad, no supe qué hacer y me retiré; charlando después con gente que creo que saben, me hablaron de ese problema que existe en la Guadalajara subterránea.

Alguna vez leí que el siglo pasado la mitad de niños nacidos en nuestra patria nacían fuera de matrimonio, por lo que una gran parte de ellas, las que no vivan en pareja estable, serán madres solteras, el número debe ser altísimo, ¿es siquiera pensable que están siendo protegidas cuando no se protege a las mujeres en general?, aunque hay muchas organizaciones que pretenden defenderlas aunque yo opino que esos intentos en lugar de protegerlas actúan en su contra. Absolutamente creo en la absoluta igualdad de derechos y obligaciones de mujeres y varones y cualquier violación a estos debe producir que los jueces actúen, si nosotros diferenciamos ellos también lo harán.

En fin, me encantaría complacer al presidente Calderón y hablar puras cosas bonitas, que las hay, pero palidecen ante una realidad que nos abruma, nadie niega éxitos –terrible y millonariamente festinados por una abrumadora publicidad– pero no debe llevarnos a ignorar realidades evidentes. En fin, como todos, los políticos se ven tan bonitos, son tan buenos, nos aman tanto que quisiera, si alguno me lee, que se preguntaran hace cuánto que no ponen gasolina, o compran una nieve. Si no me cree, por favor hable a la oficina de cualquier y digo cualquier funcionario a pedir hablar con ellos. Suerte.

E-mail: cenriguezuluoaga@gmail.com