Portal informativo de análisis político y social

Terremotos y tsunamis…¿Solares?

Nuevas tragedias naturales parecen azotar a nuestra civilización actual; el terremoto ocurrido el pasado viernes 11 de marzo a las 14:46 horas (05:46:23 UTC) en Japón con una intensidad de 8.9 en la escala de Richter ha sido devastador –el más fuerte en al menos 140 años–, se contabilizan ya por miles las víctimas –aún sin conocer una cifra exacta– así como más de 100 mil desaparecidos como consecuencia, primero, del movimiento telúrico mismo, y segundo, por los demoledores efectos del tsunami ocasionado por dichos reacomodos en las placas tectónicas del “Cinturón de fuego del Pacífico” –la más activa y proclive a producir este tipo de fenómenos naturales–, al tiempo que ocasionó una alerta en al menos 20 países, México incluido.

El epicentro se ubicó a 373 kilómetros al noreste de Tokio y su foco se localizó a una profundidad de 10 kilómetros en el lecho del Pacífico, ocasionando un tsunami con olas de hasta 10 metros de altura, que golpeó la ciudad portuaria de Sendai, capital de la prefectura de Miyagi, en la región oriental de Japón.

Hasta el momento del cierre de la presente edición de Conciencia Pública, era incierto el recuento de daños ocurridos en la región y en el país, pero, entre otras cosas se reportó la desaparición de un barco con 100 personas a bordo. El buque pertenece a una empresa de construcción naval del puerto de Ishinomaki.

Cientos de kilómetros de carreteras y caminos en Japón han quedado inutilizables a causa de las cuarteaduras y despedazamiento de las capas geológicas superficiales, lo que ha dificultado, entre otras cosas, un recuento exacto de los daños ocurridos en el país, además de la suspensión de servicios de gas, luz, teléfono y agua en vastas zonas, al tiempo que siguen ocurriendo otras réplicas del terremoto, algunas con una intensidad que sobrepasa los 6.6 grados en la escala de Richter.

El mayor riesgo –al momento de escribir el presente artículo–, es la posible fuga radiactiva de la central nuclear de Fukushima-Daiichi, ubicada a unos 240 kilómetros al norte de Tokio, como consecuencia de la falla de suministro eléctrico del sistema de enfriamiento de la planta. Al parecer, la comisión de seguridad ha detectado niveles de radiación mil veces superiores a los normales, por lo cual miles de personas han sido evacuadas de los alrededores.

Japón decretó emergencia nuclear el sábado 12, ya que una segunda planta está en grave riesgo también por fallas en su sistema de enfriamiento. Desde dos días anteriores al demoledor terremoto del viernes, ya se habían registrado otros de menor intensidad, como preámbulo del mayor.

De todo esto que sucede en el Pacífico Sur, como pieza de un gran sistema –en el que vamos todos incluidos– debemos hacer un análisis desde una perspectiva más abierta y holística, aunque –y en apariencia– no tenga relación con los temas que normalmente analizamos aquí, en Visor Internacional.

El Sol, la estrella de nuestro sistema planetario, símbolo de la vida y objeto de adoración de las más antiguas culturas humanas, puede ser además de portador del bienestar, el generador de los más violentos cambios en nuestro planeta. Desde hace 250 años se han venido registrando los ciclos de actividad solar, basados principalmente en la observación de las manchas que aparecen periódicamente en el Sol.

Esto marca los picos máximos o mínimos de la actividad solar en dichos ciclos, teniendo estos una duración aproximada de 11 años, durante los cuales se registran las mayores afectaciones en nuestro planeta. Por ejemplo, durante la segunda mitad del siglo XVII, la actividad solar fue notoriamente débil. En Europa se observó un importante descenso de la temperatura y comenzó lo que se denominó un pequeño período glacial, prueba de ellos son algunas pinturas y grabados de esa época, en la que se puede ver el Río Támesis congelado y gente patinando sobre este.

En la actualidad, la actividad solar ha alcanzado uno de los niveles más altos en los últimos mil años; la cantidad de manchas solares ha aumentado considerablemente hacia el cierre de estos últimos ciclos. Como sabemos, la radiación electromagnética emitida por el Sol es factor determinante de fenómenos terrestres observados desde hace siglos por distintas disciplinas del conocimiento científico, tales como la Astronomía, la Geofísica, la Termodinámica, la Física Cuántica, Física Nuclear y la Biología.

Dentro de las observaciones hechas en el marco de los ciclos de actividad solar, se ha determinado que estos influyen de manera preponderante en la aparición de fenómenos naturales como el cambio climático; esto tiene implicaciones no sólo del orden de la temperatura en la biósfera, sino la alteración de los sistemas propios de esta, como el cambio en las corrientes oceánicas, en los ciclos de lluvia, cambios en la salinidad del agua y su PH (medida de acidez o alcalinidad de una sustancia), etcétera, además de las variaciones del campo magnético de la Tierra.

La Tierra en su núcleo es una masa de hierro fundido en constante movimiento, con circulación bien definida, pero a ciencia cierta desconocida para los científicos por lo complicado que resulta su estudio a falta de tecnología propia para ello. Aún así, se ha determinado que las eyecciones solares (desprendimiento de masas coronales) afectan directamente el comportamiento de las placas tectónicas de la Tierra, al estar estas flotando sobre el mar interior de hierro fundido del planeta. Existe así, una relación concomitante entre el comportamiento solar y los movimientos telúricos.

Las tormentas magnéticas solares, ocasionadas por el desprendimiento de enormes ondas de radiación y viento solar desde su núcleo, pueden averiar circuitos eléctricos, electrónicos y los sistemas de comunicación, como ya ha ocurrido sin que la mayoría de la población se haya dado cuento de esto.

Sin embargo, desde hace un par de años, destacados científicos –algunos de ellos de la NASA– han venido alertando sobre el incremento del riesgo en este tipo de fenómenos, que en el futuro inmediato pueden tener consecuencias impredecibles pero realmente devastadoras para nuestra forma de vida actual.

Como se ha demostrado fehacientemente, los seres vivos somos sumamente susceptibles a los cambios en las radiaciones electromagnéticas, ya que, entre otras cosas, en los humanos el 75 por ciento del peso corporal corresponde al agua contenida por nuestras células. Recordemos que el agua es la unión de las moléculas de Hidrógeno y Oxígeno unidas mediante fuerzas de orden primordialmente electromagnéticas. Así, cualquier alteración en los campos electromagnéticos que nos rodean, afectan la salud física y mental de las personas.

Desde hace algunos meses, el incremento en las manchas solares ha sido bastante inusual, así como el desprendimiento de grandes masas coronales. La última fuerte y veloz eyección de estas masas coronales acaba de ocurrir el pasado 7 de marzo –según la información obtenida por las sondas STREO y SOHO de la NASA– de las cuales se esperaba sentir su efecto los días 9 y 10 de marzo.

Es muy probable que esta última llegada de grandes masas de electromagnetismo solar haya provocado el devastador terremoto de Japón. Además de las afectaciones geológicas que hemos mencionado, son muy importantes las referentes al ser humano. Por coincidencia –o como usted lo quiera llamar– el incremento reciente de las actividades solares –nunca antes vistas–, ha tenido su paralelo en el cambio de creencias, actitudes y conductas de cientos de millones de seres humanos, como en esta sección lo hemos venido atestiguando desde hace semanas con el despertar de naciones enteras –de origen árabe como inicio– y sus crecientes manifestaciones en contra de todos los órdenes anteriormente establecidos (económicos, políticos, sociales, culturales y religiosos).

Algunos científicos suponen que el nuevo máximo solar tendrá lugar en octubre de este 2011; mientras que otros expertos consideran que será en agosto del 2012. La realidad es que nos acercamos con mayor celeridad a una nueva etapa de la humanidad en la que nos daremos cuenta que no somos seres únicos e independientes en el universo, sino que todos formamos parte de una sola unidad cósmica y, sólo entonces, habremos de abrazar nuestro destino común cualquiera que este sea.

 

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com

One comment

  1. LEOBARDO YBARRA MATUS /

    Pues ya explotaron las plantas nucleares japonesas en cuestión. Esperemos que no sea tan catastrófico como lo ocurrido en Chernobyl.

    Pero el cuadro es triste. Tokio ha sido evacuado en algunos sectores. Las comunicaciones no se han restablecido. Caos por falta de suministro de energía eléctrica… y las consecuencias económicas que ya se sufren.

    Miles de vidas humanas perdidas… y la mayoría de los habitantes de este planeta sigue alienado como el amarillo personaje de TV “Homero Simpson”…

    Un abrazo, Alberto.