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TODOS PERDIMOS

TODOS PERDIMOS

Oct 29, 2011

En mayo de 2011, en Conciencia Pública, mi colaboración se tituló “Juegos para bonitos y ricos”. En ella afirmé: “Empecemos por esa parte deportiva. Estados Unidos, con una selección B o C, no la olímpica, se llevará cerca de 250 medallas; Cuba, que si bien ya es tan potencia como antes, tendrá atletas que se llevaran 150; Brasil andará cerca de Cuba y rondará por esa cantidad de preseas; después vendrá Canadá con un poco menos que Cuba y Brasil; México, con una muy buena actuación, tendrá un éxito si llega a las 100”. Cinco meses después se acertó en buena medida en cuanto a logros deportivos. En aquel momento era aventurado y hasta demasiado optimista esa cifra de 100.

 

No es tanto que confiara en el deporte nacional, sino que las condiciones se prestaban a ello. Ya después bajé mis expectativas con 25 de oro y 80 medallas, números que también se superaron por mucho.

Deportivamente hablando, México hizo un poco más de lo esperado y rompió jetaturas en ciertas disciplinas en las que no se ha tenido mucha suerte. Sin embargo, esa algarabía que aprovecharán todos los políticos para sus cargas mediáticas debe medirse en su justa dimensión. Salvo las medallas futboleras y la sorpresiva en basquetbol femenil, en nuestro país no se nos da eso de los deportes de conjunto.

 

Hemos dependido –y seguiremos– de las individualidades, y eso se refleja también el quehacer de otros ámbitos. Por ejemplo, la enseñanza que podemos tener es que somos buenos –a nivel Panamericano– en pegarle a una pelota (como nuestros ancestros) en modalidades como racquetball, squash y frontón. No lo somos tanto –aunque se insista– en pegarle a esa pelota con los pies. La razón también tiene que ver lo la maña y la malicia. El mexicano así es –somos– y nos movemos bien en esos terrenos. Aun así, el 15 por ciento de nuestros atletas se llevó medalla (o lo que es lo mismo, el 85 por ciento no).

 

Eso de que varios hagan lo mismo, en equipo, sigue siendo nuestro Talón de Aquiles. Lo mismo pueden decir los políticos y los empresarios. Nuestros organigramas son verticales, no horizontales, y nos preciamos de ser campeones en el verdadero deporte nacional: si algo sale bien, nos colgamos la medalla; si algo sale mal, le echamos la culpa al otro.

 

En aquel mayo escribí aquí: “…los Panamericanos en realidad no son unos Juegos: son un escaparate político y un negocio para unos cuantos –muy contados y privilegiados– y sus cuates –muy cuates–.

 

“Para recibir sus respectivas medallas, entrenan sobre todo tres personajes: el gobernador de Jalisco, el Presidente y el presidente municipal de Guadalajara. Ninguno de los tres, por cierto, fueron artífices para que Guadalajara sea la seda y reciben estos regalos de rebote. Tampoco ninguno de los tres ha hecho algo especial para que estos sean ‘los mejores Panamericanos de la historia’. La limpieza social previa es tan sólo un ejemplo que ni saben qué quieren, ni mucho menos expresarlo”.

Hasta ese momento la limpieza social se reflejaba en sacar a los “feos” indigentes, prostitutas, indígenas. El extraño fenómeno de lo boletos perdidos (ver número anterior de Conciencia Pública) lo único que refleja es que hubo una escondida selección de aficionados.

La “gente bien” se dio cita en el evento y las clases populares no tuvieron acceso y de ahí que se les confinara a quedarse a ver la tele o a desahogarse con el Clásico.

Desde ya deben empezar las explicaciones. Los Juegos no dieron ganancias. No fueron un atractivo turístico. No detonaron la economía estatal.

Escribí: “son para bonitos y ricos”. Si queda así, todos perdemos.