Portal informativo de análisis político y social

VISOR INTERNACIONAL: Tratados y “compromisos” internacionales

VISOR INTERNACIONAL: Tratados y “compromisos” internacionales

Ene 21, 2014

Por Alberto Gómez —-

Los tratados internacionales tienen -al menos en teoría o en el discurso- el objetivo de ayuda mutua a quienes forman parte de estos, y deben regirse por el Derecho Internacional, con el auxilio de uno o varios instrumentos jurídicos conexos.
Aunque lo más común es que se celebren tratados entre Estados, también se hacen entre Estados y organizaciones internacionales. Los primeros están regulados por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969; los segundos, por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados celebrados entre Estados y Organizaciones Internacionales de 1986.
México es uno de los países con mayor número de tratados y acuerdos a nivel internacional, aunque esto no necesariamente se ha visto reflejado en una mejoría de bienestar para su población, para muestra de ello basta revisar y analizar lo que se ha obtenido a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
Actualmente, México está en negociaciones para firmar su entrada a varios tratados y acuerdos internacionales con otros países, principalmente en materia económica. Uno de ellos es el Acuerdo Trans-Pacífico (TPP por sus siglas en inglés).
Este es un tratado de libre comercio multilateral que tiene como objetivo liberalizar las economías de la región Asia-Pacífico. El tratado fue originalmente promovido y firmado por Chile, Nueva Zelanda, Singapur y Brunéi, el 3 de junio del 2005, entrando en vigencia el 1º. de enero del 2006.
El acuerdo, inicialmente conocido como Pacific Three Closer Economic Partnership (P3-CEP), tuvo como inicio de sus negociaciones la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) realizada el año 2002 en Los Cabos, México, por el presidente de Chile Ricardo Lagos, y los primeros ministros Helen Clark, de Nueva Zelanda, y Goh Chok Tong, de Singapur. Posteriormente, Brunéi participó por primera vez en la quinta ronda de negociaciones en abril de 2005, momento desde el cual se conoció como Acuerdo P4.
El propósito del acuerdo original era eliminar el 90% de los aranceles entre los países miembros al 1 de enero de 2006, y eliminarlos completamente antes de 2015.
Otros ocho países están en negociaciones para entrar al grupo: Australia, Canadá, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Perú y Vietnam.
En principio el tratado parece muy atractivo y beneficioso para sus participantes, pero también hay voces que denuncian lo contrario, ya que es un acuerdo cerrado, sin la participación de la sociedad civil, ni para el establecimiento de los puntos de acuerdo, ni para saber la información contenida en este.
Según activistas, tendrá efectos negativos sobre todo en el acceso a medicinas, cultura y libertad en Internet de los ciudadanos, así como en las regulaciones en materia medioambiental.
La mano anglosajona se siente en su intervención en el tratado. “Más que un acuerdo de comercio multilateral se busca reforzar la política estadunidense de beneficiar, sobre todo, a su industria, no al ciudadano común ni a los países en desarrollo, pues establecería regulaciones específicas y extendería leyes de propiedad intelectual restrictivas”, afirma Marco Correa, integrante de la ONG chilena Derechos Digitales, la cual ha creado la red de organizaciones llamada TPP Abierto, en referencia a la demanda de que se elimine el secretismo con que se negocia dicho acuerdo.
“El TPP es un gran peligro porque es el modelo para el futuro de eventuales tratados de libre comercio”, dice Melinda St.Louis, integrante de Public Citizen, una de las organizaciones que lidera la oposición al TPP en Estados Unidos.
Iván Martínez y Salvador Alcántar, presidente y secretario, respectivamente, de Wikimedia –también integrante de TPP Abierto—, advierten que sin las filtraciones que Wikileaks hizo el pasado 13 de noviembre sobre el capítulo de propiedad intelectual que los países negociaron, no se conocerían los efectos negativos en este rubro.
“Alimentos, medicamentos, cuestiones tan elementales que tocan la vida y pueden afectar potencialmente, deberían tener discusión abierta”, dice Martínez.
Su principal preocupación estriba en las limitaciones que implicaría para el acceso a la cultura de los ciudadanos y la forma en la que se perseguirían las violaciones a la propiedad intelectual.
En 1998, diversos dueños de marcas, como Disney, lograron en Estados Unidos la aprobación del Copyright Term Extension Act, una ley que extiende por 70 años los derechos de autor. El ACTA (Acuerdo Comercial-Anti-falsificación) y el TPP aumentarían estos plazos para los países firmantes. (Apro; 17/1/2014)
La participación de México en el TPP fue promovida, impulsada y presionada en 2012 por el entonces presidente Felipe Calderón –casualmente durante los últimos meses de su mandato-, luego de su gran fracaso con las “reformas estructurales” que con la presente administración pudieron concretarse.
El TPP forma parte de los nuevos acuerdos comerciales (¿?) del siglo XXI, que buscan alternativas a las crisis económicas y ante el fracaso del neoliberalismo, que comienza a ser duramente cuestionado por las sociedades civiles antes la falta de resultados y un acentuado crecimiento de la pobreza, desigualdad e injusticia social, lo que está ocasionando un masivo despertar ciudadano ante el agobio de la actual situación; esto ha generado la perspicacia de las naciones exportadoras del actual régimen económico a la mayoría de los países occidentales, que ven en este despertar cívico una amenaza a sus intereses en los cuales está cimentado su poder.
En la realidad actual del mundo occidental, en la que el control de los gobiernos y de la población se encuentra en manos de las grandes corporaciones trasnacionales, estas buscan legitimar su control y espacio de acción mediante muchos de estos tratados y acuerdos. Por ejemplo, el Acuerdo Comercial Anti-Falsificación (ACTA, por sus siglas en inglés) es un acuerdo multilateral voluntario que propone fijar protección y respaldo a la propiedad intelectual, con el propósito de evitar la falsificación de bienes, los medicamentos genéricos y la piratería en Internet. Para lograr el cometido, este acuerdo permitirá aumentar la vigilancia fronteriza,3 y obligará a los ISP a vigilar todos los paquetes de datos que sean cargados o descargados desde Internet (descargas un mp3 de forma ilegal, además el usuario podría eventualmente recibir multas, perder el derecho a la conexión a la web, o penas de prisión.2 Principalmente, las empresas beneficiadas son las RIAA y MPAA, empresas que dicen que compartir archivos entre usuarios sin ningún fin lucrativo es ilegal, desvirtuando a entidades por almacenar contenido con derechos protegidos u otorgados a un autor específico.
Las negociaciones de ACTA se llevan a cabo de forma secreta y no pertenecen a ninguna organización internacional. La Comisión Europea, la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos, y el Departamento australiano de Comercio y Asuntos Extranjeros, y otras agencias de gobierno han reconocido haber participado en las negociaciones de ACTA, pero han rechazado liberar los borradores del tratado o hablar de términos específicos bajo discusión en las negociaciones. De la misma manera que el ACTA, el TPP inicia la gran cadena de “tratados” y “acuerdos” para privilegiar los activos más valiosos en la economía del conocimiento y la información que rige las actuales vidas.
(continuará…)

Académico, analista geopolítico y Consultor en Mercadotecnia Política y Opinión Pública 

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com