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TRI, EL GRAN PASTEL

No descubrió el hilo negro, simplemente, Hugo Sánchez confirmó públicamente lo que es un secreto a voces, el manejo de la Selección Mexicana de Futbol por las televisoras, y cómo éstas manejan a su antojo a cronistas y comentaristas al tenerlos maniatados prácticamente, e impedirles criticar abiertamente. Un silencio que venden a buen precio.

 

En la entrevista concedida a su amigo Carlos Alasrazki del programa de televisión Marcaje Personal, el domingo antepasado desde Madrid, España, sin proponérselo, o quizá a su estilo, con toda la mala intención, Hugo reveló parte de las cláusulas de su contrato con la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), cuando fue el técnico nacional previo al Mundial de Sudáfrica 2010, y que no pudo finalizar.

 

Mencionó que le obligaban a dar sólo entrevistas exclusivas a TV Azteca y Televisa, lo que provocó enfrentamientos con las demás televisoras de cable, o jalón de orejas cuando se atrevió a concederlas. Otro punto fue el que estaba obligado a dirigir la Selección Juvenil que fracasó rotundamente en el Mundial en que participó, “y fui exhibido, porque ahí me pegaron con todo”, dijo Hugo. De ahí aumentaron las presiones también con la Selección mayor, y terminaron colgándolo.

LA MINITA DE ORO

Esto confirma que las televisoras sólo ven el aspecto comercial, que es entendible, mas no justificable, y se olvidan del deportivo en la mayoría de los casos, como pasa finalmente en general en nuestro balompié.

 

Partidos amistosos, la mayoría disputados en el vecino país de Estados Unidos que se ha convertido en una minita de oro para las arcas de la Femexfut y también para las televisoras, que comercian todo. Torneos que son otra minita de oro como la Copa América y la Confederaciones, y que a la larga afectan al torneo local, aunque hay que reconocerles también el beneficio de mostrar algunos jugadores de calidad, y que esto ha servido para colocar ya varios jugadores mexicanos en Europa, aunque a un alto precio deportivamente hablando.

 

Un gran negocio, pero sólo para los directivos de la Femexfut y las televisoras, eso es hasta hoy el Tri, y que impide realmente al técnico nacional en turno trabajar a sus anchas. A esto agréguele la intervención de promotores como Carlos Hurtado y Guillermo Lara, que también no dejan de engrosar sus chequeras.

Secuestrado, en una palabra, se encuentra el fútbol mexicano por estas tres entidades: Promotores, Televisoras y la propia Femexfut. Y nosotros como aficionados sólo nos queda consumir lo que nos dejan, lo que nos ofrecen acorde a sus intereses.

 

Qué bueno que nuestro balompié esté presente en torneos como la Copa América y la Confederaciones. Qué malo que no se haga pensando principalmente en lo deportivo, y que lo económico esté por encima de todo, para negocio de unos cuantos.

EL APRENDIZAJE

Hoy, Hugo confiesa que aprendió de todo lo malo, más que cuando fue dos veces campeón con los Pumas de la UNAM. Muestra prudencia, algo que poco, o nunca había manifestado. Y espera la hora en que debe volver a los escenarios como director técnico. Ha recibido, estudiado y rechazado propuestas interesantes, hasta hoy, pero mantiene su sueño de un día dirigir al Real Madrid, el equipo de sus grandes glorias, y el mayor de sus sueños que mantiene protegido a la espera del momento oportuno: ser un día el presidente de la Femexfut.

 

Sabe que es una misión casi imposible, porque este medio está plagado de envidias, y sobre todo de intereses particulares que han mantenido enfermo a nuestro balompié. “Hemos demostrado que tenemos material humano y deportivo para despegar y destacar como anhelamos, pero ahí están esos problemas que nos lo impiden, pero este mal no debe ser eterno”, sentenció Hugo.

 

Mientras tanto, el manoseo de jugadores y los intereses comerciales de televisoras y Femexfut, son el pan de cada día. Y la amenaza de perder el trabajo para comentaristas deportivos y jugadores en su mejor momento, que se ven impedidos por este cáncer, a ejercer su libre expresión que llevaría a tener un balompié más fuerte y constructivo, deportivamente hablando.

 

Por eso es que nuestras figuras en el mejor momento de sus carreras guardan silencio, y cuando saben que van de salida, pretenden convertirse en guerrilleros, pero al no encontrar eco en sus pretensiones, terminan como columnistas o comentaristas de televisión, recibiendo una limosna de este gran pastel, a través de una “buena paga”.