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Tú eres mi hermano

“Tú eres mi hermano del alma, realmente el amigo”, aún recordamos estas imborrables expresiones de Roberto Carlos, en su obra “El Amigo”, cuya canción interpretaron niños del Colegio México y el Instituto Miguel Ángel, al personaje más trascendente del siglo XX, sin duda alguna por su excelsa bondad y permanente lucha por la paz y el bienestar de la humanidad, el ahora beato Juan Pablo II.

Para católicos y fieles de otras religiones, el polaco Karol Józef Wojtyla, fue capaz de transformar al mundo hacia estadios de solidaridad y paz entre nuestros semejantes, derribando el mayor número posible de muros y barreras que limitaran la reconciliación entre hermanos, además de acercar a la Iglesia a minorías raciales y a diferentes de acción y pensamiento, así como a los más pobres de entre los pobres, a los enfermos sin cura y desvalidos de todo y de todos, sin distingos de raza, credo o ideología.

Su singular humildad y amor a los distintos a su convicción y creencia, lo llevó inclusive a perdonar a quien atentó contra su vida, así como a los suyos que ofendieron a la humanidad a través de los tiempos, ofreciendo en todo momento disculpas y rogando piedad por los errores cometidos a lo largo de la historia.

Nadie conoció a heredero alguno de Pedro, como lo fue el Papa Juan Pablo II, siempre sonriente y dispuesto a colaborar con causas justas, siempre incansable predicador del mensaje de Jesucristo a lo largo y ancho del planeta, además de un inigualable estadista, persistente optimista e indiscutible emprendedor de buenas acciones por el bienestar de los pueblos.

Jamás doblegaron al espíritu del viajero, las acechanzas bélicas alrededor del mundo, aunque en todo momento advirtió sobre los riesgos a la humanidad que tales enfrentamientos provocaban; el también arzobispo originario de Wadowice, Cracovia, insistió en evitar la confrontación con las demás creencias religiosas, fomentando encuentros ecuménicos que favorecieran la concordia y el respeto entre las diferencias.

Este pescador incansable, además de teólogo, políglota, escritor y poeta, quien generosamente se autonombró también un Papa mexicano, se ganó el perpetuo amor, cariño, respeto y admiración de quienes habitamos estas benditas tierras capitaneadas por nuestra Señora de Guadalupe, desde el cerro del Tepeyac; en todo momento reconoció al México siempre fiel a la Iglesia católica, apostólica y romana, al tiempo que se declaró un devoto mariano, dejando plenamente constancia de su amor a estas tierras y sus habitantes durante las cinco visitas que efectuó durante su Pontificado.

El sábado 2 de abril de 2005, Juan Pablo II nos dejó físicamente, no sin antes advertir que sigue entre nosotros: “Estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”, ocasión en que de nueva cuenta nos habremos de reunir con la firme esperanza de que lo mejor está por venir. Por lo pronto, este 1 de mayo reiteramos al Amigo que su legado permanece por siempre en nuestros corazones.

* Es consultor y empresario.

 

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