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VIDA URBANA | Alerta de Género

VIDA URBANA | Alerta de Género

Feb 13, 2016

Ser mujer, en Jalisco, es más peligroso que ser periodista o narco. De 2013 a la fecha, 424 mujeres han sido asesinadas en la entidad por el solo hecho de ser mujeres. Ante ello, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz emitió la Alerta de Violencia contra las Mujeres para los municipios del área metropolitana de Guadalajara, así como para Ameca y Puerto Vallarta. Todo tipo de reacciones se han despertado; algunas, de increíble insensibilidad al preocuparse por las repercusiones que la alerta pudiera tener sobre el turismo internacional hacia el estado en lo general, y hacia Puerto Vallarta, en lo particular.

La alerta estatal incluye 15 acciones gubernamentales de prevención, protección, seguridad y justicia para las mujeres y niñas, destacándose «Junt@s por Ellas» para la localización de mujeres y niñas desaparecidas; sin embargo, y aun cuando se incluye, entre otros, el programa «Aprende un oficio. Mujeres hacia el autoempleo» de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social estatal, me parece que aún estamos en su etapa de exploración. Nadie, por ejemplo, ha destacado la importancia de las mujeres en el crecimiento económico de las naciones.

Está demostrado que, cuando las mujeres son las administradoras y responsables de las transferencias públicas para el alivio de la pobreza y el desarrollo de competencias humanas, los resultados son siempre mejores, aun en los casos con limitantes en materia de cobertura. Según datos de Naciones Unidas, una mayor igualdad de género se correlaciona positivamente con un mayor PIB per cápita, teniendo un efecto multiplicador en la sociedad como un todo. Así, y a manera de ejemplo, la igualdad de acceso a la tierra y otros insumos agrícolas aumenta la productividad del campo en un 20 o 30 por ciento, y reduce el número de personas con hambre. Esto tan simple traería resultados muy destacados en los propósitos de la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Pero vayamos a lo no visible, el trabajo no remunerado de la mujer dedicada al cuidado de su familia desde el hogar, brinda elementos de bienestar que jamás podrán adquirirse en el mercado: valores, principios, tradiciones, integración, confianza, certeza…

Las brechas de la desigualdad cada día se profundizan más en México, o como lo explica Oxfam, «Nuestro país está inmerso en un ciclo vicioso de desigualdad, falta de crecimiento económico y pobreza. Siendo la decimocuarta economía del mundo, hay 53.3 millones de personas viviendo la pobreza. La desigualdad ha frenado el potencial del capital físico, social y humano de México; haciendo que en un país rico sigan persistiendo millones de pobres».

No podemos imaginar resultados satisfactorios, justos y de largo aliento en el combate a la violencia en contra de la mujer si no se le permite ejercer la plenitud de sus posibilidades de crecimiento y desarrollo. Jalisco demanda de un cambio estructural que reduzca las desigualdades para que la violencia por género tienda a desaparecer, a través de políticas públicas diferentes, avaladas desde el Congreso y con el consenso de toda la sociedad. La gran paradoja de cualquier política de igualdad es la de reconocer las diferencias. Cifras disponibles nos permiten señalar que millones de mujeres en México no son capaces de alcanzar todo su potencial económico debido a barreras de acceso igual a las oportunidades, a los ingresos y al crédito. En México, los hogares encabezados por mujeres siguen siendo más pobres que los encabezados por hombres; esta es otra forma de violencia que debe resolver la alerta que nos convoca.

En materia económica, a la mujer hay que apoyarle de manera diferenciada, primero con capacitaciones para su incorporación al mercado laboral desde una visión emprendedora y, luego, con créditos preferenciales, flexibles y prácticos, para abrir sus propios negocios, con esquemas de autonomía laboral que permitan a la mujer compatibilizar los roles que se le asigna socialmente y que debemos reconocer como un derecho: Conciliar su vida familiar y personal con la actividad profesional. Doy algunos ejemplos que especifican a la mujer en sus diferentes realidades laborales: Aquella que se encuentra desempleada o ha estado apartada del mercado de trabajo por su dedicación a la familia; aquella que, estando empleada, se enfrenta a barreras que imposibilitan su promoción profesional; aquella que elige emanciparse del negocio familiar; aquella que, teniendo un nivel de estudios alto, resuelve abandonar el mundo del trabajo asalariado para hacer uso de su experiencia y embarcarse en un proyecto que le dé autonomía.

Debemos reconocer que aun cuando existe una menor iniciativa de la mujer frente al hombre por emprender su propio negocio, ella tiene una vocación superior de continuidad y es más conservadora ante gastos superfluos. La mujer opta por la generación de ese empleo que ella requiere para sí misma y su familia y no tanto por la generación del beneficio inmediato, lo que contribuye a conformar ese tejido empresarial y productivo que México requiere. Adicionalmente, el empoderamiento de la mujer perfecciona el ejercicio de la democracia participativa como forma de vida.

Debemos aceptar la importancia que para la mujer emprendedora tienen los roles sociales que se le asignan y que asume en ese algo que llaman el «Síndrome de la Mujer Maravilla»: empresaria, empleadora, madre, gestora del hogar, compañera, esposa; sin embargo, si la conquista de la mujer del espacio privado no se significa en emancipación de su vida, entonces nos quedaremos en lo discursivo y nada habremos cambiado.

Pero no basta con todo ello, hay que atenderla ante posibles situaciones de precariedad a la que se hallará expuesta como ha sucedido en sociedades muy masculinizadas como la de Jalisco. En ese contexto, es imprescindible encontrar esquemas a la medida de la mujer jalisciense.

Como dijera Michelle Bachelet, como secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y directora ejecutiva de ONU Mujeres, en Lima, Perú: «Cuando las mujeres están empoderadas y pueden exigir sus derechos, ejercer liderazgos, aprovechar oportunidades de educación y empleo, sin duda alguna, las economías crecen. Si queremos aprovechar ese potencial, y lograr la igualdad entre hombres y mujeres como socios del desarrollo, debemos por todos los medios eliminar las violencias contra las mujeres y niñas» (16 de octubre de 2012).

benja_mora@yahoo.com