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VIDA URBANA: Amas de casa

VIDA URBANA: Amas de casa

Mar 4, 2017

Por Benjamín Mora Gómez 

Hoy lo recuerdo como si fuese ayer, caminaba con mi madre sobre la playa que estaba frente a nuestra casa allá en Guaymas. Yo tendría quizá unos 7 años y era domingo y de madrugada. Sin más, mi madre me dijo: “El secreto de la vida está en elegir lo que te hace feliz e, igualmente importante, en elegir con qué llenarás tus recuerdos. Luego me dijo: No le creas a quien te diga que su camino es el mejor y no lo sigas si no es el que quieres”.

Por años cada 8 de marzo se vuelcan cifras y denuncias sobre las condiciones de millones de mujeres en el mundo que deben cambiar, y está bien que se haga; sin embargo en ese día nadie habla de aquellas otras mujeres que eligieron dedicarse a su familia: esposo, hijas, hijos. Hay mujeres, muchas, con profesión y un futuro promisorio en los negocios, la política, la ciencia; pero también hay otras mujeres más que felices y satisfechas en tareas tan simples como las de ser ama de casa; tareas, eso sí, de tiempo completo y amor desbordante.

Hay quien cree que ganarse su propio dinero las empodera aunque descubran, quizá demasiado tarde, que no todo en la vida es poder.

Hace algún tiempo, en una mesa de alto debate sobre la mujer y entre mujeres –solo estábamos dos hombres- se levantó una señora de unos 70 años, que enojada, las inquirió tras acaloradas denuncias de las convocantes de feminismo a ultranza: ¿Cómo se atreven a decirme que mi vida con mi esposo e hijos vale menos que la suya entre reuniones de trabajo y horas sin vida familiar tras un escritorio?

El silencio fue profundo y casi eterno, aunque duró solo unos instantes. Una mujer muy joven se paró y fue a darle un beso, y le dijo: “¡Bien dicho!” y se salió del salón orgullosa de saberse distinta.

La señora que había hablado, guardaba silencio; parecía que apenas comprendía que había dicho lo no esperado. Yo me puse de pie y, ofreciendo mi mano, le dije: “Señora, gusta quedarse o retirarse”. Me sonrió, se levantó y me dijo: “¡Nos vamos!”…y con ella, otras más.

La reunión se había acabado y a mí no me volvieron a invitar. Aquel día, de regreso a casa y al encuentro de mi esposa, recordé aquellas descalificaciones en mis años de escuela hacia universitarias que dejaban sus estudios a mitad de la carrera cuando decidían casarse y que las llamaban, despectivamente, las “MMC o Mientras Me Caso”. Jóvenes mujeres a las que “las del otro extremo” tachaban de antifeministas pues promovían “la represión de la mujer en tareas domésticas”, y calificaban de tontas, interesadas y conformistas.

Entonces, como ahora, creo que tanto hombres como mujeres tenemos el derecho de elegir en quién nos habremos de convertir para nuestra propia realización como seres humanos, sin que nadie se entrometa.

Ser independiente, valerse por sí misma y reconocerse como capaz es una aspiración que puede cumplirse en todo ámbito en donde la mujer elija intervenir, aún como ama de casa; pero sin duda, es un derecho que nadie puede imponer criterios personalistas.

Cada uno crece desde sus propias experiencias y aprende, por ensayo y error, cómo enfrentar a sus propios retos…aunque hay, claro está, quien insiste en caer una y otra vez en los errores que le desgracian su vida, remarcan sus amarguras, ahondan las arrugas en sus pieles y envilecen su alma.

Propongo que este 8 de marzo al mismo tiempo en que se exigen nuevos espacios para la realización de la mujer y un trato dignísimo, también reivindiquemos la profesión más rica en especialidades: Ser ama de casa que exige de intuición para ser enfermera, pediatra, traumatóloga, educadora, cocinera, sastre, decoradora, psicóloga, ecónoma, administradora, entrenadora deportiva, asesora de tareas… ¿Cuál otra profesión exige tanto?

Los grandes circos tienen hasta tres pistas…el hogar tiene muchas más y todas son distintas día con día.

El trabajo de ama de casa necesita de nuestra ayuda como esposos e hijos, pero ni unos ni otros podremos sustituir lo que la esposa y madre hacen y entregan. Crean magia. Y aun así hay mujeres –y hombres- que lo desprestigian social y culturalmente.

Si lo visible del trabajo de la mujer ama de casa nos admira, lo oculto es aún más extraordinario. ¿Cuántas veces no hemos llegado a un restaurante que se vuelve nuestro favorito por tener sabor a cas”? ¿Quién, sino nuestra madre ama de casa, puede convertir un simple trozo de tela en la capa de un súper héroe o un vestido de princesa? ¿Quién encuentra cura a todo mal con una cucharadita de “algo” que la ciencia aún no descubre? ¿Quién nos acompaña en las noches de fiebre sin cerrar los ojos ni sentirse cansada? ¿Quién carga a su hijo o hija por horas sin quejarse y protegiéndolos? ¿Quién sabe de nuestros dolores de amores sin preguntarnos? ¿Quién renuncia a todo por un hijo o hija que se convierte en su todo?

Honremos a la mujer en el ámbito de su elección, dentro o fuera de casa, apoyémosla, respetémosla. Reivindiquemos la profesión de ama de casa. Es tiempo de hacerlo. Mi causa con la mujer es la de su felicidad. Tan simple y tan grande como ello y con todo lo que implica.

E-mail: benja_mora@yahoo.com