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VIDA URBANA | Aprender a aullar

VIDA URBANA | Aprender a aullar

Ene 23, 2016

La política es arte y ciencia que, en el ejercicio de gobierno, tiene su oriente, límites y alcances mandatados por la Suprema Ley de cada nación. Así, la política jamás puede obedecer a impulsos ni a ocurrencias. Es, por sobre toda actividad humana, la primera que obliga al uso de la razón a fin de garantizar dos principios fundamentales: Proteger del abuso a todo quien pudiera ser vulnerado en su vida, derechos y propiedades, y a crear las condiciones de confianza en el futuro compartido.

En días pasados, la fiscalía anticorrupción de España detuvo a Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila, acusado de asociación criminal, blanqueo de dinero, malversación de recursos públicos y cohecho, y recluido en la prisión de Soto Real. Tras demostrar que el dinero que usó en su estadía en España tenía origen justificado, fue liberado con las reservas de ley. Otras investigaciones están en proceso.

Aquí mi primera reflexión.

Los detractores de Moreira han declarado que se persigue al expresidente del PRI, lo que resulta tendencioso, pues faltan a la verdad temporal: Los hechos que se imputan en España a Moreira no se dieron en sus días como presidente del CEN priista, sino en sus años de gobernador de Coahuila. Esto que pareciera una verdad de Perogrullo es tal que sería igualmente tendencioso decir «el exalumno de la Universidad Iberoamericana está acusado de…» Las precisiones son obligadas cuando se habla de algo así de importante.

Segunda reflexión.

Hace unos días, en medio de las fantasías que acompañan a los escándalos políticos, alguien me dijo: «A Moreira no le harán nada pues hay interés del Gobierno de México en que no se le haga nada». ¡Vaya fantasía! ¿Para qué la fiscalía anticorrupción de España detendría Humberto Moreira si al final de ajustaría a lo que el Gobierno mexicano le mandase? No tiene sentido, y menos cuando al exgobernador le retuvieron su pasaporte y prosiguen las investigaciones en su contra.

Tercera reflexión.

La detención de Moreira pareciera una advertencia a todo servidor público, de México y cualquier otra nación, de que, si «se portaron mal» podrán ser perseguidos por un sistema judicial que los sorprenderá en cualquier momento y en cualquier país. Así, nada quedará impune de hoy en adelante y de ello me alegro.

Cuarta reflexión.

Si Moreira fuese declarado culpable de alguno de los delitos que se le llegase a imputar, sin duda la justicia mexicana quedará muy mal parada ante el mundo, y se podrá hablar de impunidad, complacencia y corrupción. Esto a nadie conviene, ni aun a sus detractores.

Conclusiones.

De la misma manera en como se aprende a ser una persona de bien, honorable, decente, proba, se aprende a ser un delincuente; el cambio está en cómo se resuelven los conflictos a los que cada individuo se enfrenta.

Sin da, la conciencia emocional colectiva que nos marca límites y orientaba hoy_ parece naufragar en una sociedad permisiva en extremo, tras romper con valores y principios que le dieron forma por siglos; una sociedad que hoy no se detiene a reflexionar sobre las consecuencias de sus rompimientos y, adicionalmente,_ que no logra configurarse en ese nuevo modelo que busca pero que tampoco alcanza a imaginar. Pasamos de ser una sociedad «controladora» a una «permisiva».

El modelo de «permisividad ilimitada», imperante en amplios sectores de la sociedad, dificulta la adquisición eficaz de la conciencia moral en cuanto inhibidora del comportamiento antisocial. Lo antisocial se vuelve fuente de tensión y emociones negativas que se satisface en conductas peligrosas y dañinas.

Es de llamar la atención la dualidad en que vivimos pues quien se atreve a hacer lo prohibido se vuelve atractivo y hasta modelo de imitación, en casos como los de «El Chapo» Guzmán, sin importar que al final todo termine mal; pero al mismo tiempo, en casos de servidores públicos acusados de cualquier delito, se les juzga y condena.

Hoy se aprende a aullar porque quienes nos acompañan en la vida diaria son, en muchos casos y al fin de cuentas, lobos.

Más allá de lo que resulte en el caso de Humberto Moreira, mi esperanza está en que nadie, de hoy en adelante, quedará impune, ni dentro ni fuera de México.

Veremos si mi esperanza se convierte en certeza.

benja_mora@yahoo.com