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VIDA URBANA | ¿Arde París?

VIDA URBANA | ¿Arde París?

Nov 21, 2015

«Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida».
Ernest Hemingway

Italo Calvino fue uno de mis autores más queridos en mi primera juventud o infancia tardía. En su libro «El barón rampante» me deleité con solo imaginar a Cosimo, quien decide vivir en la cima de los árboles el resto de su existencia, después de discutir con su padre por culpa de su hermana… me pareció tan absurda la idea y tan caprichoso el motivo que devoré el libro en menos de una semana. Yo tenía unos 14 años.

Pues bien, Italo Calvino decía que quien llega a París inevitablemente tiene la sensación de encontrarse con un lugar conocido. Y eso me pasó la primera vez que visité la Ciudad Luz, coincidentemente cuando también yo tenía esos 14 años de edad.

Hoy, millones estamos de luto por los hechos terroristas que ensombrecieron a los parisinos, y a quienes, sin vivir ahí, nos identificamos con todo su legado cultural, artístico y democrático. Hoy,  el recuerdo de Dietrich von Choltitz, gobernador nazi de París, quien se negó a incendiarlo según órdenes de Hitler, se vuelve ejemplar… y ¿Arde París?, novela histórica de Larry Collins y Dominique Lapierre, merece releerse.

Coincido con Jack Lang, exministro socialista francés y presidente del Instituto del Mundo Árabe en París, cuando afirma: «Se trata de un ataque a nuestros valores. No sólo los de Francia, sino los de todos los países que comparten la fe en la democracia, la tolerancia y el valor del ser humano. Se trata de una embestida contra los valores de la Ilustración del siglo XVIII, contrarios a su visión totalitaria del mundo».

Para Jean-Charles Brisard, consultor internacional en terrorismo y experto en el financiamiento de las redes yihadistas, las razones son más claras cuando nos recuerda: «El apego de los franceses a los valores republicanos, especialmente el laicismo, es algo que contraría al islam radical, incluido a sus partidarios residentes en Francia», y nos recuerda la ley de 2004 contra el velo islámico o Hiyab en escuelas y sedes de la Administración francesa, loque marcó un punto de inflexión.

No puedo menos que reconocerme parisino tras leer las fábulas de La Fontaine, identificarme con D’Artagnan de Dumas, admirar la grandiosidad Balzac en su Comedia Humana, deleitarme con la sutileza del Comisario Maigret de Georges Simenon, y, sobre todo, el gran Víctor Hugo, autor de Los Miserables, quien fue un incansable luchador en contra de la pena de muerte o, diría yo, un incansable promotor del respeto a la vida.

Víctor Hugo, el 20 de junio de 1867, escribió a Benito Juárez pidiéndole clemencia hacia Maximiliano y respeto a su vida… de esa carta extraigo: «_Maximiliano hubiera vivido por ‘la gracia de la república’_ […] haga que la civilización dé ese paso trascendental. Juárez, es tiempo de abolir la pena de muerte en toda la faz de la Tierra […] Sera _ésta, Juárez, su segunda victoria. La primera, vencer a la usurpación, es grandiosa; la segunda, perdonar al usurpador, será sublime». Maximiliano fue fusilado y la historia fue otra. Un masón debió matar a otro masón para que nunca más nadie osara invadirnos.

Años antes, en 1862, el mismo Víctor Hugo escribió a los hombres de Puebla: «_No es Francia quien os hace la guerra, es el imperio»_. Así, hoy, no son los musulmanes quienes siembran terror en el mundo sino un puñado de enloquecidos por el odio que les corroe sus almas. Fanáticos como los hay en todo el mundo, en religiones, partidos políticos, equipos de futbol… en todo. Sólo que estos, además, son terroristas.

Dicen, quienes saben, que al gran Víctor Hugo le gustaba comer el cordero con judías blancas en el restaurante Grand Véfour, que fue el platillo y restaurante favoritos también de Lamartine y Saint-Beuve.

Pregunto, en dónde más en el mundo es posible sentarse en un café-restaurante como el Café Procope, inaugurado en 1686, muy cerca de Saint-Germain-des-Prés, por el siciliano Francesco Procopio Dei Coltelli. Sólo por comer en donde antes lo hicieron Diderot, Balzac, DantonMaratVoltaireRousseau, entre otros cientos más, vale una tarde en París. Y aunque no soy amante de la cebolla, ahí me deleité con soupe à l’oignon gratinée, y me disculpo por escribirlo en francés pero el Café Procope merece tal respeto. Otras delicias son su foie gras de canard Maison, y su entrecôte de boeuf de race Normande, sauce vin rouge à la moelle, pommes frites. Y yo que soy de antojos dulces, siempre recuerdo su mousse glacée à l’amaretto et au caramel, sus crêpes flambées au Grand-Marnier, su crème brûlée à la gousse de vanille y el exquisito tiramisú, el favorito de mi madre. Quizá por ello, Carlos Ruiz Zafón dijo: «París es la única ciudad del mundo donde morirse de hambre es todavía considerado un arte». Sólo un detalle merece mi reclamo, que a la vainilla de su crème brûlée del Procope la ponen como de Tahití cuando la vainilla, toda, es mexicana.

Hoy, París se convulsiona. Mientras la policía francesa hace redadas en la búsqueda de los cómplices de los terroristas, Francia bombardea Raqa, capital de Estado Islámico en Siria, y de manera específica al centro de mando del grupo yihadista. La sed de venganza de los ofendidos es gigante y la insensatez y tozudez de los yihadistas es aún mayor y más peligrosa. Ello costará muchas vidas inocentes más. Lo absurdo y caprichoso nos acerca a estados de locura.

Hay quien cree que se exagera en el caso francés cuando en México y otras naciones, cientos de inocentes también mueren sin razón ni motivo, a destiempo y de manera violenta, pero no, no es lo mismo. Las diferencias parecerían sutiles pero gigantes cuando se comprenden los orígenes terroristas de los yihadistas.

En París se gestó el señorío ciudadano que hoy conforma la democracia. Por esa única razón, me uno al dolor del pueblo francés y, de manera muy sentida, de los parisinos. En su honor, aquella noche me volví a deleitar con la película de Woody Allen, «Midnight in Paris»… sencillamente deliciosa.

París debe seguir de pie. Su historia y legado universal así lo merece.

benja_mora@yahoo.com