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VIDA URBANA: Brückentag a la mexicana

VIDA URBANA: Brückentag a la mexicana

Nov 23, 2013

Por Benjamín Mora Gómez —-
Triste futuro hay en quien pierde su identidad como sucedió a George Samsa que un día amaneció convertido en insecto, según Franz Kafka en su maravillosa obra “La Metamorfosis”.
La identidad es nuestro más preciado e íntimo regalo. Por la identidad pertenecemos y nos pertenecemos. A través de ella, somos únicos, diferentes e irrepetibles… singulares; y en nuestra unicidad nos encontramos con el otro… con los otros, y nos convertimos y reconocemos en un nosotros… y nos volvemos plurales… y nos hacemos universales.
Somos producto de nosotros mismos y de cómo actuamos en medio de las circunstancias en que vivimos; lo que hagamos o no, resulta fundamental en la construcción de nuestra identidad. Hoy, los mexicanos jugamos –¿peligrosamente?– con nuestra identidad nacional porque renunciamos a nuestra Historia Patria. Intercambiamos espejitos por oro… olvidamos que en un 20 de noviembre dio inicio la Revolución Mexicana, y nos conformamos con tener solo un Buen Fin.
En nuestras vidas, muchas veces pareciéramos sufrir nuestras propias metamorfosis, y como “George Samsa”, sucumbimos ante lo falaz, convirtiéndonos en insectos. Renunciamos a nuestro pasado común; nos volvemos incapaces de comunicarnos con los demás; mutamos nuestro yo, y al igual que Samsa, dilatamos el momento de enfrentar nuestra conflictiva realidad.
Lo superfluo lo creemos profundo, y lo profundo, lo realmente profundo, se vuelve abismo… y nos atemoriza, y nos inmoviliza.
Una vez leí que la libertad es un discontinuo de comienzos que miran al futuro y nos hacen ser, desde ya, aquello a lo que aspiramos. Hoy, lamentablemente, renunciamos a nuestro futuro enterrando nuestro pasado nacional, envueltos en engañifas publicitarias. De un plumazo, el gobierno y nosotros consentimos en borrar la base social de nuestra historia y suplirla por un fin que no es tan bueno.
Ya no anida en nosotros la búsqueda del sentido de nuestra existencia personal y como nación. Pocos profundizan en el ser del mexicano. Y casi nadie, ahonda en la disyuntiva del ser y del no ser nuestro, tan de Hamlet.
El ser humano puede –y debe– actuar siempre consciente de lo que piensa, dice y hace, discerniendo entre lo bueno y lo malo, entre lo justo e injusto, entre lo veraz y falso; sólo el ser humano está llamado a ser cada día mejor en razón de su voluntad y libertad. En nosotros está el no amanecer un día convertidos en insectos como sucediera a “Gregorio Samsa”.
La identidad nacional es lo que nos diferencia de todos los demás; es lo que nos hace “tan especiales”.
Cuando disminuye o se pierde la conciencia de nuestra propia identidad, entran en juego los trastornos psicológicos.
La Psicología reconoce que hay personas que debido a un severo trastorno de memoria llegan a perder la noción de su propia identidad, no recuerdan quiénes son ni quiénes han sido, no recuerdan ni su nombre ni cuándo ni dónde nacieron; han olvidado quiénes son sus familiares más cercanos, ya no saben ni les importa tener una razón de ser, con lo que pierden su propio yo.
Recién cruzamos un puente festivo más, nuestro Brückentag a la mexicana. La Revolución Mexicana se desdibujó ante el bombardeo de ofertas que no debíamos perder, y dimos un paso más en la pérdida de nuestra identidad nacional.
Éste, me parece, fue el inicio de un Mal Fin.

E-mail: benja_mora@yahoo.com