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VIDA URBANA: Complicidades: Corrupción e impunidad

VIDA URBANA: Complicidades: Corrupción e impunidad

Nov 16, 2013

Por Benjamín Mora Gómez —-
Cuando joven, leí a Simone de Beauvoir, quien me envolvió por su existencialismo deliciosamente cuestionante de los grandes dilemas: La libertad, la acción y la responsabilidad; yo, contrario a ella, no encontré en la negación de Dios el camino para asumirme plenamente responsable de mis actos. Simone de Beauvoir es un claro ejemplo de que lo bueno, cuando es breve, resulta mucho mejor: Simone de Beauvoir tuvo por nombre el de Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir, que tan sólo en su lectura ya es una larga novela difícil de recordar.
Simone de Beauvoir bien decía que: “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”. Lo actual, en política y en todo ámbito de la actividad humana, parece ser el escándalo, real y vergonzante, o inventado y soez. Los diarios, noticiarios y pláticas entre amigos lo acreditan: Lo escandaloso ocupa nuestro tiempo pero no nos preocupa al punto de ocuparnos en su solución, valga la expresión.
El pasado miércoles, en el Auditorio Pedro Arrupe, del ITESO, tuvo lugar la IV Cumbre Ciudadana “Derechos Humanos Vs. Sistema de Complicidades” con muy buenos panelistas, varios de ellos amigos.
Me hubiera gustado centraran sus comentarios más en el sentido de las políticas públicas y los derechos sociales que en percepciones personalistas, no por ello menos valiosas.
De tiempo acá, el papel de los actores sociales en la definición de las políticas públicas y los grandes acuerdos internacionales es cada día más fuerte y reconocido globalmente; sin embargo, pareció no saberse o entenderse hacia el interior de los paneles en el ITESO. Ninguno de los panelistas supo poner como ejemplo el papel de las organizaciones de la sociedad civil en la definición de los Objetivos del Milenio Post 2015, en algo que podría significarse como un nuevo Pacto Social que supone la intervención y el apoyo de una amplia gama de actores dispuestos a negociar y consensuar grandes acuerdos.
Alguien de entre el público preguntó sobre el 39 Constitucional, y pobre fue la respuesta. Nadie parecía enterado de lo contenido en el artículo 6 de la Carta Democrática Interamericana de la OEA que a México obliga y que dice: “… la participación de la ciudadanía en las decisiones relativas a su propio desarrollo es un derecho y una responsabilidad. Es también una condición necesaria para el pleno y efectivo ejercicio de la democracia. Promover y fomentar diversas formas de participación fortalece la democracia…”.
La corrupción y la permisividad gubernamental hacia ella, se explican por la complicidad que lleva a la impunidad; círculo vicioso que es resultado de procesos interrelacionados, muy arraigados, que no tienen soluciones unívocas, pero necesariamente exigen del empoderamiento ciudadano que fortalece la democracia; pero, para empoderar al ciudadano, debemos fortalecer sus capacidades individuales y colectivas de gestión gubernamental.
Hoy me cuestiono si la vieja idea de entender la calidad de vida centrada en la posesión de bienes debe cambiar o no, y si lo correcto será el enfatizarse en la capacidad de la personas para desarrollarse plenamente y para ejercer su capacidad de emprendimiento, como sostiene Guillermo Geisse, arquitecto, académico de la Universidad Católica de Chile. Estoy convencido de que la Libertad no se ejerce al “hacer lo que deseemos” sino en “ser lo que elegimos”.
Naciones Unidas sostiene que “la búsqueda continua por mejorar el bienestar material de la gente amenaza con sobrepasar los límites materiales del planeta, a menos que se dé un cambio radical hacia patrones de consumo y de producción sostenibles en relación al uso de los recursos naturales. Las desigualdades existentes y la lucha para acceder los recursos naturales escasos, son determinantes clave de situaciones de conflicto, hambre, inseguridad y violencia que a su vez frenan el desarrollo humano y los esfuerzos para lograr un desarrollo sostenible” (El Futuro que Queremos para Todos. Nueva York, junio de 2012).
Nos hemos perdido en el marasmo de nuestras equivocaciones, hemos confundido el ser con el hacer, y nos engañamos permanentemente. Nos autoproclamamos los seres más inteligentes de la Tierra aunque pocas veces somos conscientes de nuestros actos y nos responsabilizamos de sus efectos, cambiando cuando nos equivocamos.
Hoy, se dice que somos más conscientes del daño ambiental provocado al planeta, pero día a día damos ejemplos de que tal conciencia no existe o es mentirosa. Invadimos suelos de recarga hídrica y con valor ambiental, arrojamos metales pesados a las aguas que río abajo otros beberán para subsistir, talamos bosques para sembrar casas que pronto se abandonarán por estar mal ubicadas, mal servidas, mal construidas y mal comunicadas.
Hoy pagamos las facturas de nuestras malas decisiones pasadas. La corrupción en materia urbana, permitida en gobiernos anteriores, hoy se vuelve en nuestra contra; la corrupción e ineficiencia actual, muy pronto las sufriremos, acrecentadas.
Necesitamos nuevas competencias para asumir nuevas formas para ver y entender al mundo, nuevos valores y normas de comportamiento, éticamente bien sustentados.
En los Objetivos del milenio Post 2015 se asume que “el diseño de políticas anticorrupción debe partir de la vida diaria y de mayor transparencia a nivel nacional e internacional”. Heikki Eidsvoll Holmas, ministro de Desarrollo Internacional de Noruega, afirma que “abrir las bases de datos es fundamental para combatir la corrupción”. Rebeca Grynspan, sub secretaria general de la ONU y administradora asociada del PNUD, sostiene que “lo que mejor funciona […] contra la corrupción […] es un mayor compromiso de la sociedad civil”.
La visión de futuro debe centrarse en derechos, como hoy lo propone el Gobierno Federal en su política social de nueva generación. La agenda pública y de gobierno debe basarse en objetivos, metas y estrategias concretas orientadas al logro de resultados, de ahí que debemos entender la esencia de la política pública para saber incidir en ella como la parte social del Estado mexicano. Es tiempo de que, desde el gobierno y la sociedad, surjan facilitadores del desarrollo, del bienestar, de la prosperidad y la recuperación de valores y principios identitarios.
El futuro deseado debe girar en torno de cuatro grandes dimensiones: Desarrollo social incluyente, desarrollo económico incluyente, sostenibilidad del medio ambiente y, cultura de la paz y seguridad.
La corrupción es una preocupación internacional, aun en países como Noruega, mayoritariamente honesta. La lucha contra la corrupción en México debe asumirse como prioritaria y encontrarse en cada una de las grandes reformas estructurales que hoy se debaten al interior del Congreso de la Unión. Sin embargo, de lo que poco nos enteramos en esos debates es de la participación de la sociedad como ha dado ejemplo Naciones Unidas en reuniones recientes.
En adelante, sugiero a mis amigos de El Parlamento de Colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, A.C. enmarquen sus propósitos en políticas públicas, comprendiendo que éstas son una serie de decisiones o de acciones, idealmente coherentes, a fin de resolver un problema políticamente definido como colectivo y modificar aquellas conductas que se supone lo originaron, en el interés de quienes padecen sus efectos negativos. Entender la esencia de la política pública nos permitirá acceder a su definición, puesta en marcha, acción, retroalimentación y logro.
Como colectivo preocupado por el futuro de nuestra metrópoli, El Parlamento deberá preocuparse por las dinámicas sociales, económicas, culturales, ambientales y políticas que la Gran Guadalajara Metropolitana tiene en su amplio hinterland.
Vivimos en una metrópoli muy desigual socialmente, dividida por una avenida que en el imaginario colectivo es más perniciosa que el Muro de Berlín, la Calzada Independencia. La adopción de un nuevo enfoque de desarrollo integrante es necesaria y el derribo del Muro de Guadalajara debe acelerarse. Es incomprensible que en una sociedad como la tapatía, presumiblemente cristiana, hay tales exclusiones y segregaciones que todos conocen y reconocen.
Jalisco es uno de los estados de la República con mayores índices de abuso y violencia en contra de la mujer. Debe convocarse a foros donde se busquen alternativas para hacer de nuestra ciudad el espacio ejemplar para que la mujer se empodere, mueva y actúe con libertad absoluta y respeto inobjetable a su esencia femenina, tan fascinante y misteriosa para el hombre.
Mucho hay que decir en cumbres como la del ITESO. Veremos si se incluye en futuras reuniones.

E-mail: benja_mora@yahoo.com