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VIDA URBANA | Compromiso ignorado

VIDA URBANA | Compromiso ignorado

May 28, 2016

A César Luis, Enrique y David:

Mal andamos cuando el dolor del alma de nuestros niños y niñas poco nos conmueve; cuando cerramos los ojos ante sus corazones desangrados de verse envueltos por violencias ensalzadas; cuando poco nos importan sus mentes ofuscadas y confusas por valores y principios declinados.

Hace uno días, Cesar Luis, con casi 9 años de edad, me confiaba su indignación por los contenidos de la televisión. Imágenes de violencia reiterada que repercuten negativamente en la agresividad de los niños y niñas, en horas en que ellos están frente a los televisores.

César Luis me preguntó sobre las clasificaciones —por letras— de los programas de radio y televisión… le expliqué y me dijo:

«Entonces, quién no cuida lo que debiera cuidar… quién no nos cuida».

Sin duda hay vacíos que crean confusión y provocan conflictos morales que llevan a imitar lo que debiera ser inimitable.

Hoy, al perdernos en la apetencia de lo fatuo y del capricho, dejamos de aspirar a lo que nos trasciende y nos hace trascender. Lo inmutable y eterno nos aterra, lo negamos y declaramos muerto… aunque vive por ser eterno… y nos engañamos y pretendemos engañar a otros… lo inteligible nos sobrepasa y sobre pesa. Dejamos de aspirar a la sabiduría y nos volvimos ignorantes. A base de mentiras pretendimos herir de muerte a la Verdad y, ahora, la Mentira señorea los ámbitos del poder y las mesas del absurdo «debate unidireccional»; ahora, la Mentira llena los espacios de incomunicación masiva e impone sus decadencias. La dialéctica, como arte del diálogo, ha sido suprimida desde el descrédito mediático de quien opina diferente; la incapacidad para argumentar de quien se dice dueño de la verdad, hace tiempo, impuso sus adicciones y validó sus orientaciones… se hizo corrupto y corrompió.

Perdimos el rumbo creyendo que los cambios nos llevarían al Dorado y nos llenaríamos de tesoros. Pero no, eso no ha pasado.

Dejamos de lado a esa verdad en que anida la realidad descubierta que nos humaniza, y que, al humanizarnos, nos vuelve cuasi eternos, en esa eternidad tan humana como terrena, tan nuestra y tan propia como la es nuestro devenir que nos une a todos quienes han sido y quienes pronto serán nuestros.

La realidad es devenir del quehacer humano que la transforma y recrea, pero de la que jamás será su Creador y por tanto, tampoco es, no ha sido y no será su dueño ni señor.

César Luis insiste en saber por qué de los descuidos de los mayores hacia los niños y niñas y por qué de las tolerancias sin límites. Le respondo que algunos se creen con el derecho de imponer sus criterios a los otros… a nosotros. Y César Luis me responde: Si su mente y su alma son del tamaño de sus supuestos derechos, entonces qué pequeñas son sus mentes y sus almas, y qué equivocados sus derechos… le doy la razón.

Como seres humanos aprendemos a comportarnos y funcionar como miembros de la sociedad por imitación de los llamados agentes de socialización que son la familia, los pares, la escuela, la empresa y los medios de comunicación, entre otros… pero… ¿qué sociedad estamos creando si los mensajes que damos a nuestros hijos e hijas son de que podemos drogarnos con responsabilidad aunque sea irresponsable el drogarse? ¿Qué sociedad estamos creando si los odios de Trump simplemente se transmiten y no se contextualizan en un lenguaje accesible a nuestros niños y niñas? ¿Qué sociedad estamos creando cuando en Chenaló, Chiapas, a su presidente municipal la hacen renunciar a lo irrenunciable por el solo hecho de ser mujer? ¿Qué sociedad construimos cuando no hay tapujos de lo malo y sí desacreditaciones de los valores y principios? ¿Qué sociedad estamos heredando a nuestros niños y niñas?

El proceso de convertirnos en seres humanos dura toda la vida, en un continuo de cambios y transformaciones e interrelaciones, de encuentros y desencuentros, que se dan en la persona como ser individual y como ser social.

Somos seres interdependientes, y aunque parezca un absurdo atrevimiento, también dependemos de nuestros niños y niñas para avanzar hacia una mejor sociedad. No se vale ignorarlos.

No podemos inocular a nuestros hijos e hijas a lo bueno y malo, a lo justo e injusto, a lo noble y mezquino, sin deshumanizarlos… y no cuidar los mensajes que reciben en televisión y radio es inocularlos a lo que les hará ser mejores.

A César Luis, Enrique y David les enseño el valor del compromiso y a no temerle cumplirlo, y ellos me enseñan la confianza con que se miran cuando les narro historias en que ellos defienden causas nobles y se entregan a los otros, a nosotros.

benja_mora@yahoo.com