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VIDA URBANA | Con el espíritu de JFK

VIDA URBANA | Con el espíritu de JFK

Mar 19, 2016

Hay vidas que por poco conocidas no dejan de ser fascinantes. Una de ellas es, sin duda, la de Alphonse Marie Louis de Prat de Lamartine político, escritor y poeta francés del romanticismo—, miembro de la Academia Francesa y a quien se le debe mucho en la abolición de la esclavitud y la pena de muerte en la siempre bella Francia, así como principios del derecho al trabajo y programas de capacitación laboral, igual que del sentido de la democracia y el compromiso con el pacifismo… hablo de un hombre que vivió entre 1790 y 1869, y tuvo su mayor auge político durante la Segunda República Francesa.

De Lamartine hoy quiero recordar una de sus frases más bellas: A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.

Cuando yo tenía 10 años de edad, por vez primera me adentré en el mundo de la política —claro, en el entendimiento de un niño— al ver en televisión cómo caía asesinado John F. Kennedy, en Dallas, Texas. Eran días difíciles para los Estados Unidos de Norteamérica: fracasaba la invasión a Bahía de Cochinos en Cuba, se levantaba el Muro de Berlín y se consolidaba el movimiento por los derechos civiles con Martin Luther King al frente, quien también fuera asesinado en 1968… aquel 22 de noviembre de 1963, desde Dallas, comprendí lo efímero de la vida y la dimensión gigante de la maldad. Y con JFK algo de mi inocencia infantil también murió.

Eran, al mismo tiempo, días en que las Américas se volteaban a mirar a sí mismas y se reconocían como partes de un todo continental, que se concretaría en lo que fue la Alianza para el Progreso que el presidente Kennedy anunció en la Casa Blanca ante embajadores latinoamericanos, el 13 de marzo de 1961, como un programa de ayuda económica, política y social de EE.UU. para América Latina… ¿pero, qué hubo detrás de todo ello, bondad, amistad, interés, cambios de fondo? Para responder, deberemos viajar en el tiempo y detenernos en el día en que se encontraron —1939— los presidentes Nelson Rockefeller y Lázaro Cárdenas en México, en que el presidente mexicano explicó al norteamericano la razón más íntima, en el alma del pueblo mexicano, de la expropiación petrolera —1938—. Cárdenas le hizo saber y comprender a Rockefeller que «la expropiación devolvió al país la dignidad, el respeto y la independencia, haciendo hincapié en que esto a veces es más importante para nuestro pueblo que el bienestar físico o económico» (William J. Kemnitzer de la Universidad de Stanford, «México en la Alianza para el Progreso», El Colegio de México).

Kemnitzer nos dice que Rockefeller «volvió a los Estados Unidos muy impresionado por la importancia del elemento humano en las relaciones internacionales, factor al que muy pocos hombres de negocios le habían prestado atención» y dispuesto a reescribir la historia de las Américas. Luego vino la Segunda Guerra Mundial y con ella la presencia e influencia del nazi-fascismo en países como Argentina, y si bien no es este el espacio para ahondar en su conocimiento, no hay duda de que el memorándum de Rockefeller de 1940, de tan solo tres páginas, que se recuerda como «Política Económica Hemisférica», evolucionó hasta convertirse en la Alianza para el Progreso de 1961.

El 17 de agosto de 1961, en Punta del Este, Uruguay, 20 miembros de la Organización de Estados Americanos firmaron los documentos fundamentales de la Alianza para el Progreso en el marco de la Operación Latinoamericana y en razón de la Declaración a los Pueblos de América, con una aportación de 10 mil millones de dólares a través de préstamos, créditos y subvenciones a ejercerse en 10 años. El tiempo pasó y la Alianza para el Progreso dejó de ser.

Inspirados en esa iniciativa de Kennedy, en 1964, se constituyó Partners of the Americas con el propósito de crear soluciones duraderas a los desafíos más difíciles del hemisferio y tender puentes a través de las fronteras para servir y cambiar vidas.

En Partners se entrelazan voluntarios, profesionales del desarrollo, gobiernos, empresarios e instituciones de educación superior a fin de vincular —como ellos mismos señalan— recursos, conocimientos y pasión por hacer bien y duraderas las transformaciones. Para lograrlo, se contactan con organizaciones civiles locales, les amplían las opciones de financiamiento y buscan empoderar a los ciudadanos para convertirse en agentes de su cambio.

En días pasados platiqué por largo tiempo con Steve Vetter, su presidente y CEO, y quedé muy gratamente impresionado, tanto de su visión personal de vida y servicio como de los propósitos institucionales de Partners of the Americas para realizar su convención bianual en Guadalajara, los días 26, 27, 28 y 29 de octubre próximos. No tengo duda, en Steve anida el espíritu de JFK a quien algún día iré a rendir mi admiración al cementerio nacional de Arlington.

Los temas del encuentro de Partners serán cinco: Agricultura, Educación Superior, Salud, Seguridad y Juventud, que precisaré en fechas próximas. En todos, Jalisco tiene mucho qué decir.

Yo ya tengo apartados esos días para estar con Partners.

benja_mora@yahoo.com