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Vida Urbana: Confusión de nombres

Vida Urbana: Confusión de nombres

Ago 26, 2017

Benjamín Mora Gómez //

Viví un tiempo en San Francisco, California, y tuve la muy atinada decisión de pasar horas de ocio respirando los aromas y escudriñando de entre sus libros, su cultura, su olvidado pacifismo, su poesía irreverente y sus sueños sempiternos de un mundo mejor en la City Lights Bookstore en el 261 de la avenida Columbus North Beach esquina con Broadway, en algún tiempo norteamericana centro de la contracultura que significó la Generación Beat con gente Kerouac, Dylan y Burroughs.

Eran días en que lo irreverente me atraía aunque no me atrapaba. Jamás me sentí identificado con la vida Beat ni con sus protagonistas; simple y sencillamente quise conocer, en su obra y vida, a quienes buscaron sentido a sus vidas a través del sexo desmedido, la droga, el zen y otros caminos; hombres y mujeres que al final perdieron el sendero y el sentido de sus vidas.

Nacía el American Way of Life basada en el consumo de todo, dicen que dejando atrás los valores espirituales y culturales enraizados en su historia y devenir patrio…

¿y qué diferencia a ese estilo de vida de allende el Río Bravo del que ahora acá nos invade y dicta que lo otrora valioso por ético y moral está caduco y moribundo?

Fue una generación intensa hasta en el nombre beat que eligieron que lleva a la imagen de harapientos, derrotados y marginados, sin duda, pero colmados de una convicción inmensa, también, aunque sin un destino glorioso y sí de cárceles y manicomios, de muertes prematuras y asesinatos no premeditados.

Y mientras los leía y escuchaba su música, yo hacía Tai Chi Chuan en el Barrio Chino y descubría la comida Thai, Hindú y Marroquí; gozaba de la italiana en su propio barrio. Cruzaba en ferry la bahía de San Francisco hacia el pueblo de Sausalito para sentirme parte de ese algo novedoso que en sus calles y restaurantes se adivinaba, y caminaba por los bosques de Muir entre gigantes secoyas. Recorría, con mi esposa, la ciudad y gozábamos de su vida cosmopolita. Asistía a la Universidad mientras conocía a gente de enorme espiritualidad. Reagan era el presidente de Estados Unidos y vaciaba los manicomios arrojado a la calle a gente con problemas mentales.

De William S. Burroughs hoy quiero recordar una frase que me viene más que bien: Devuélvanme mi nombre. […] Mi nombre no es de ustedes para que se tomen el derecho de usarlo.

Resulta que el jueves pasado, 17 de agosto, nos robaron en casa, alhajas, dinero e identificaciones personales; las primeras imposibles de recuperar y las segundas “casi imposibles” de volver a obtener pues ahora resulta que todas ellas, oficiales, mantenían nombres diferentes entre sí por un punto, por usar abreviaturas o por omitir algún nombre, y sí, en todas, claro está, la autoridad mal hizo lo que nos entregó. ¡Vamos, ni la CURP estaba bien! De ahí el clamor de ¡Devuélvanme mi nombre / nuestro nombre!

Esto, que parece menor, es ejemplo de las ineficiencias de los gobiernos anteriores –federales, estatales y municipales- que hoy, al fin, el Gobierno de la República se atreve a poner en orden. Sé que nos traerá molestias y pérdidas de tiempo pero al final seremos una única y misma persona, sin confusiones, sin excusas y por ello lo aplaudo.

Por años, en México se hicieron programas de gobierno con una efímera vida de tres o seis años. Por años, la esperanza renacía y moría para que todo siguiera igual. Por años nadie se propuso hacer las cosas bien y de buenas. Hoy, que las cosas podrían ser diferentes, hay un alguien que todo lo podría tirar por la borda: Andrés Manuel López Obrador y sus vaivenes emocionales. Me preocupa.

Estamos en medio de los procesos electorales adelantados. Los medios masivos se ocupan de los escándalos de quienes se sueñan presidenciales y olvidan de gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados y funcionarios altos y medios hoy deberían estar en la cárcel por corruptos. Por México, hoy deberíamos separar y arrestar a quienes no merece seguir en cosas de poder público. Los conocemos; forman parte del imaginario colectivo ofendido; están ahí y los sabemos malandros.

Jack Kerouac, de la Generación Beat, en su libro On the road pareciera preguntarnos: ¿Vas a algún sitio o simplemente vas? Y en política, ¿sabemos a dónde vamos, lo saben los partidos, lo saben los gobiernos salientes?

Mientras recupero mis identificaciones y me resigno a perder mis bienes ante la incompetencia de los gobiernos de Guadalajara y Zapopan, me conduelo con mis vecinos de las violaciones en los usos de suelo en los Planes Parciales de Desarrollo Urbano que autoriza Zapopan, nulos de pleno derecho pero efectivos al fin.

E-mail: benja_mora@yahoo.com

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