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VIDA URBANA: De la mentira a la ilegalidad

VIDA URBANA: De la mentira a la ilegalidad

Mar 15, 2014

Por Benjamín Mora Gómez                                                                                                         

Del devaneo inicial del gobierno de Felipe Calderón pasó pronto al desacierto, el desatino, el despropósito, la insensatez y la imprudencia para terminar en la ilegalidad y el abuso, producto de su impericia y mentira cotidiana. Hoy sabemos que protegió y solapó a los hijastros de Vicente Fox, identificados como unos pillos y granujas, que se enriquecieron descaradamente, siempre en detrimento de los bienes públicos. Hoy sabemos que acusó con falsedad y persiguió sin misericordia a muchos inocentes y que a delincuentes los daba por muertos estando vivos o mal integraba las averiguaciones judiciales para dejarlos después en libertad por faltas de pruebas. Ese es y fue Felipe Calderón.

Fue un mal presidente y es un pésimo michoacano. Los hechos lo denuncian y condenan.

Hoy, su gobierno se evidencia como alejado del Estado de Derecho pues no aceptó someterse al sistema mexicano de leyes e instituciones ordenado en torno a la Constitución General de la República. No lo hizo porque, siendo abogado, sus intereses navegaban en aguas turbias y revolcadas, en tierras movedizas y en infiernos que ni Dante imaginó en su “Divina Comedia”.

Sus deseos personalísimos se volvieron ley, y sus complejos y frustraciones de antes, encontraron en la mentira y el engaño la catarsis que sólo desahogaba en el alcohol.

Felipe Calderón olvidó que su primer mandato como presidente de la República fue sujetarse al orden jurídico vigente, en un ambiente de respeto absoluto e indeclinable al ser humano y al orden público. A esto se comprometió cuando juró cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanan.

En el discurso, Felipe Calderón apelaba al derecho y en las acciones, el Estado de Derecho fue suplido por pifias. Pretendió cubrirse con el manto de la legalidad al asentar privilegios de sus amigos más cercanos. La arbitrariedad se disfrazó de legalidad y la impunidad en grandes negocios.

Esto fue también lo que identificó al gobierno de Emilio González Márquez: Negocios siempre cuestionados, contratos evidentemente ilegales y obras pagadas a sobreprecio. De aquí en adelante –espero– saldrán a la luz pública toda la podredumbre que se vivió en el gobierno de Jalisco durante seis años.

El gran mal de poderoso pervertido es creer que su poder será eterno y que jamás nadie lo tocará. Luego, cuando se descubre desnudo de poder, el temor lo atormenta día a día, noche a noche, y aguarda oculto el día de su juicio y el momento de su condena.

Emilio González aguarda temeroso los resultados de las auditorias que hace don Juan José Bañuelos Guardado, contralor del estado de Jalisco; Herbert Taylor no aguardó más y buscó el amparo del Poder Judicial… el miedo no anda en burro, y el asno jamás aprende en cabeza ajena.

Hoy, el PAN parece haber renunciado a la ética y la moral que buscaba en 1939. Ya no pretende hombres y mujeres íntegros para ejercer el poder. En ese sentido, Fernando Elizondo –ex senador, ex secretario de Energía y ex gobernador de Nuevo León panista– considera, respecto del futuro del PAN, que “cuando los males llegan a ciertos niveles, ya no tienen remedios”. Ojalá don Fernando se equivoque.

El PAN, hoy es visto más como un partido de corrupción, en opacidad, que compra el voto ciudadano y copta a sus militantes. Un partido que hace madejas con tiras de mentiras y engaños. La lista es larga: Calderón, Fox, Nava, Creel, González Márquez… a todos ellos, como dijera William Shakespeare, “…la grandeza les quedó grande”.

benja_mora@yahoo.com