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Vida Urbana: De la soberbia a la intolerancia política

Vida Urbana: De la soberbia a la intolerancia política

Jun 17, 2017

Por Benjamín Mora Gómez //

En política, las deudas kármicas se pagan con elecciones perdidas. Las posibilidades de perversión del ser humano son infinitas y el único modo de prevenirlas consiste asumir una visión responsable de nuestras propias apetencias individualista.

En estos días, hemos sido testigos de los primeros pasos que podrían llevar a Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno de la Ciudad de México, al precipicio político preelectoral cuando, ensoberbecido, dijo: “soy respetuoso de las instituciones, pero todo tiene un límite” en relación a las oposiciones a la Línea 7 del Metrobús que correría por Paseo de la Reforma, y en clara alusión a la anticipada suspensión de la construcción obsequiada juez octavo de distrito en materia administrativa, Fernando Silva García.

La declaración de Mancera -atrevida e insolente- pone en evidencia a su real personalidad de: Intolerante hoy; peligrosa mañana, ¿amañada siempre?

Mancera no entiende a la ciudad que gobierna ni alcanza a comprenderla como un ente vivo con un pasado glorioso, un presente universal y un futuro extraordinario por promisorio para su gente. Mancera se muestra imberbe ante la historia de la Ciudad de México, otrora Ciudad de los Palacios y cuna del gran imperio azteca. Una ciudad que encierra aun misterios de historia en su subsuelo.

En defensa de la avenida más hermosa del continente, el doctor Ramón Ojeda Mestre, secretario general de la Corte Internacional de Arbitraje Ambiental, acusó al gobierno de la Ciudad de México de actuar manera ilegal, “total y claramente” al negarse a presentar los documentos requeridos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Secretaría de Cultura federal. La transparencia parece no ser virtud del suspirante presidencial ante el PRD capitalino.

Conozco a Ramón Ojeda de años atrás. Coincidimos en Sao Paulo en un Congreso Internacional de UN-Hábitat y juntos trabajamos en proyectos para la Secretaría de Desarrollo Metropolitano del Gobierno del Estado de México. Sin duda, es un hombre íntegro, culto, preparado y seriamente comprometido con las causas ambientales. Ante él, Mancera tiene todas las de perder. A Ramón le asisten razones históricas, culturales, ecológicas y de salud.

Guardando sus debidas diferencias, Mancera se comporta frente a su Línea 7 de Metrobús como Donald Trump lo hiciera ante su Muro Fronterizo: sin tener la razón, insisten e insisten a nivel de terquedad.

Mancera, además, actúa en contra sentido del espíritu de los acuerdos medioambientales de París que Donald Trump también atacara. Pretende talar más de 600 árboles en una ciudad ávida de aire puro.

Mancera se encuentra ante la disyuntiva más importante de su carrera política: Arrepentirse o continuar en su ideota –idea grandota- formando un círculo vicioso que lo atrapará, le oscurecerá su entendimiento y debilitará su imagen hasta hoy positiva. Enganchado en su idea, los valores democráticos del jefe de gobierno capitalino morirán y con ellos sus escasas posibilidades de encontrar algún otro partido político que lo postule hacia la Presidencia de la República o lanzarse como candidato independiente.

Mancera debe arrepentirse, dejando atrás este momento malo y volverse hacia aquello que no necesite de explicaciones amenazantes. Mancera debe arrepentirse de aquello que hoy le seduce y que a todas luces es inmoral y antiético… más aún, de aquello que afearía a esta gran avenida que es, por sobre todas las cosas, un PASEO.

No hay duda, como dijera papa Pio XII: “el pecado del siglo –aun hoy- es la pérdida del sentido del pecado”. La defectibilidad del pensamiento de Miguel Ángel Mancera lo lleva a confundir un bien aparente -la Línea 7 del Macrobús- con lo real, cayendo en la insensatez de preferir la ¿modernidad? por sobre la historia.

Que quede claro, nadie puede vivir de espaldas a una realidad ambiental global que todos conocemos. La Línea 7 del Metrobús es insostenible ambientalmente, pero sobre todo ambiental e históricamente.

De una cosa estoy totalmente seguro: Ramón Ojeda Mestre escoge sus guerras y jamás claudica ante sus batallas, y esta guerra, él la ganará; esta guerra todos los demás la ganaremos.

Termino: “En política jamás queda una deuda sin pagar”.

E-mail: benja_mora@yahoo.com