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VIDA URBANA | Detengamos al rumor

VIDA URBANA | Detengamos al rumor

Jul 23, 2016

La más grande paradoja de la libertad personal es el exigirnos disciplina y compromiso, de ahí que jamás se alcance desde la comodidad de la inacción ni de la concupiscencia del capricho y menos desde la indolencia y la ceguera frente al dolor ajeno.

Los grandes males que nos aquejan como humanidad anidan entre nosotros solo porque nosotros los mantenemos vivos; son nuestras dictaduras personales que solo derrocaremos cumpliendo nuestro deber y renovando nuestra vida tras cada amanecer.

En México, hoy día, nos llenamos de malas noticias, de agravios y de desencuentros en todos los temas nacionales. Así, si alguien desde la cobardía del anonimato suelta un rumor que nos duele y separa como nación, en vez de callarlo o desenmascararlo, lo exaltamos y difundimos su maldiciente mentira como si fuera la verdad más absoluta e incuestionable, dañándonos a todos: así creemos que «El Chapo» volvió a fugarse pues la fuga conviene al gobierno o porque el gobierno le tiene miedo, o aceptamos que la Reforma Educativa se echará a la hoguera para complacer a la nueva Inquisición reanimada desde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Somos un pueblo antisistémico que añora al paternalismo que tanto detuvo su desarrollo. Somos eternos Peter Pan al negarnos la responsabilidad que la realidad y la voluntad de construir nuestro futuro nos exige. Negamos la verdad desde la ironía e ironizamos nuestra propia vida personal y comunitaria sin prever sus consecuencias. Nos excita el morbo de lo que nos desagrada y desdibuja, con crueldad y saña, al mismo tiempo, nuestro futuro compartido.

No lo entiendo.

En educación estamos ante dos opciones: el de la evolución y el de la involución. Y en ambos casos no es cuestión de libros, aulas o maestros sino de contenidos con los cuales alimentaremos e iluminaremos las mentes de nuestros hijos e hijas. Estamos en la disyuntiva más apremiante de nuestra historia nacional, el del respeto o no del Derecho a Saber, Pensar y Elegir que acompañará o no a nuestros hijos e hijas en todas sus decisiones de vida y les permitirá o no sentir la satisfacción de su realización plena. Estamos ante la disyuntiva de elegir la excelencia o la mediocridad.

Por años, por indolencia, nos volvimos conformistas y comodinos vaciando nuestras vidas de contenido y perdiendo la esperanza de ver concretado el Proyecto de Nación plasmado en los documentos fundacionales de México como son los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón.

Hoy, desde la Reforma Educativa, tenemos la posibilidad de elevarnos sobre la mediocridad desde el esfuerzo, la audacia, la visión de futuro y las exigencias que impone el vivir en un Estado de Derecho.

Debemos pensar en grande… atrevernos… es tiempo de liberarnos de las excusas… no se vale quedarnos estancados intelectualmente. De ello se trata —o debería tratar— la Reforma Educativa. Debemos buscar respuesta, todos, a lo desconocido, y para muchos, lo desconocido es el éxito.

La vida no se hace esperando y conformándolos con lo que nos llegue a cada momento.

El conformismo que nos hace inventar excusas a nuestra inmovilidad intelectual solo caricaturiza nuestras vidas. La ausencia de un Estado de Derecho caricaturiza a nuestra nación. No lo permitamos más. Se alcanza un sistema anticorrupción y, en vez de alegrarnos, nos perdemos en el recuerdo de la corrupción vivida.

Hay quienes pugnan porque la nueva educación no llegue a las aulas y alimente e ilumine las mentes de nuestros niños y niñas, y de nuestros jóvenes; son aquellos, detractores de la evolución, que buscan desbarrancar nuestro futuro nacional. Son artífices de la mediocridad pues desde la mediocridad educativa Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas seguirán siendo cuna de pobres y condena de millones de niños y niñas.

Al tomar calles y carreteras conculcan derechos humanos, sociales, económicos, políticos y ambientales, y desde la ilegalidad provocan al gobierno a que los aplaque y cumpla con la ley, inventando, creando, imponiendo héroes y heroínas.

Ante ellos, debemos actuar con altura y dignidad.

Somos hombres y mujeres reconocidos como homo sapiens sapiens, es decir, seres que saben que por su inteligencia pueden descubrir al mundo y descubrirse a sí mismos/mismas, y transformarlo y transformarse a sí mismos/mismas según su voluntad pero siempre hacia algo mejor y superior.

Pensemos y debatamos, que nada hay más delicioso y sensual que la inteligencia humana; exaltémosla en cada pensamiento, en cada palabra, en cada acción.

Uno de los libros más deliciosos que he leído es «Sé por qué el pájaro enjaulado canta» de Maya Angelou, en el que la escritora estadounidense, nacida en San Luis, Misuri, allá por 1928, nos narra su infancia desde un realismo profundo y exaltado donde las mujeres se ayudan mutuamente. Hoy, podemos asumir compromisos y emprender acciones de transformación compartida con la misma fuerza de las mujeres de Maya Angelou.

De Maya Angelou recuerdo una frase: El éxito es amar la vida y atreverse a vivirla. ¡Atrevámonos a ser exitosos!

benja_mora@yahoo.com