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VIDA URBANA | El debate sobre familia y educación, ¿y quién educa a mis hijos?

VIDA URBANA | El debate sobre familia y educación, ¿y quién educa a mis hijos?

Sep 17, 2016

Hoy, que en México se debate la iniciativa presidencial de modificaciones al Artículo 4° Constitucional y diversos artículos del Código Civil Federal que supuestamente contienen la posibilidad de que, desde el Estado y gobierno mexicanos, se obligue a los padres y madres a orientar la educación de sus hijos a partir de la Teoría de Géneros, es imprescindible despojarnos de informaciones falsas y manipuladas para no caer en engaños, y centrarnos en la argumentación del presidente Enrique Peña Nieto: el principio de igualdad y no discriminación y los derechos humanos referidos al matrimonio. El presidente no hace referencia alguna en la forma en que los padres decidan educar a sus hijos y esto debe quedar muy claro; el presidente solo retoma múltiples sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que cita textualmente; adicionalmente, me parece imperante saber que jamás un menor de edad podrá promover cambios a su estatus legal por sí mismo como algunos llegan a afirmar… eso, legalmente, es imposible.

Queramos o no, la Suprema Corte ya resolvió que hay diversas formas de familia y que todas merecen protección y reconocimiento legal al punto de declarar como inconstitucionales las leyes de las entidades federativas que definan al matrimonio exclusivamente entre un hombre y una mujer y/o que declaren que el propósito del matrimonio es el de la procreación. Enrique Peña Nieto no es quien inicia ese algo que enoja a millones de mexicanos y debemos voltear a ver a sus artífices: los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con todo y sus inconsistencias morales personales como las de Genaro Góngora Pimentel que metió a la cárcel a la mamá de sus dos hijos por supuesto fraude.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece que «la orientación sexual de una persona se encuentra ligada al concepto de libertad, y la posibilidad de toda persona de autodeterminarse, y escoger libremente las circunstancias que dan sentido a su existencia, conforme a sus propias opciones y convicciones», que al final tiene que ver con su vida privada e íntima.

Por su parte, la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la que México es parte y por lo mismo obligado solidario, mandata en su Artículo 26, inciso III, que «los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos»; ello, por encima de todos, incluido el propio Estado y gobierno, sin que exista limitante alguna en esa decisión.

El Estado mexicano y el gobierno de Enrique Peña reconocen que son y serán siempre los padres quienes decidirán todo lo referente a la educación de sus hijos e hijas, y saben que una iniciativa en los términos que confronta por su manipulación tendenciosa, sería nula de origen al ser violatoria de un tratado internacional suscrito por México según criterios de la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación… y sería, además, una ley profundamente inhumana y antidemocrática que merecería del amparo en México o ante cortes internacionales de quienes se sintiesen vulnerados.

Hace unos días, en una estación de radio de aquí, Guadalajara, escuché a un «erudito», de improvisada y empobrecida visión que, sin conocer la iniciativa presidencial, señaló que ante las deficiencias formativas de millones de padres y madres mexicanos, el gobierno tiene la obligación de educar lo mejor posible a esos niños y niñas… atrevida miopía y arrogancia desbordada desde la ignorancia de la iniciativa presidencial que raya en la estupidez y la torpeza que, además y le pregunto, ¿Cuál maestro/maestra tomará esa responsabilidad, acaso los de la CNTE con sus prioridades extraviadas en que sus alumnos y alumnas ocupan el último lugar?

El Estado mexicano no puede ni pretende, bajo ninguna circunstancia, negar o manipular este derecho-obligación de los padres y madres que, además, regala a los hijos un sentimiento de gratitud y certeza hacia sus padres y su lugar en su familia y en su sociedad. Hablo de algo que parecen ignorar quienes acusan sin haber leído la iniciativa presidencial y hablo de la obra generativa de los padres y madres, sustento de una sociedad y de una historia compartida por todos los pueblos del mundo y en todos los tiempos de la humanidad. Nadie, por ninguna circunstancia, puede negar la historia sin caer en mentiras y engaños, y en condenarse a repetir sus errores y tragedias.

Por la educación se alimenta al alma y el espíritu de nuestros hijos e hijas, y se cultivan las facultades intelectuales y morales que incluyen virtudes y normas sociales que no pueden improvisarse ni imponerse sin responsabilidad… un punto de cuidado que quizá han subestimado los magistrados.

El derecho a educar y a ser educados/educadas no es una concesión de la sociedad ni del Estado hacia los padres/madres e hijos/hijas, sino un derecho primario en el sentido más fuerte que cupiera de entre otros derechos, solo por debajo del derecho a la vida.

Los hijos e hijas necesitan saberse y sentirse acogidos en el seno de su familia y es en esas certezas en que la salud emocional encontrará suelo fértil para que la libertad crezca y tome forma como esencia de vida y al amor como el camino de encuentro humano. Ello lo ha suscrito el gobierno mexicano y no lo ha modificado.

Entendamos, la educación de nuestros hijos e hijas, de nuestros nietos y nietas, no caerá en la simplicidad de la transmisión de determinadas habilidades o capacidades y conocimientos, empobrecidos por el ansia de los maestros y maestras de instancias como la CNTE de colmar sus gratificaciones efímeras desde el chantaje, la mentira, la toma de calles, la negación del arribo de alimentos a los mercados, el impedir el derecho al trabajo, el libre tránsito y el abandono de sus alumnos y alumnas. Dejemos de jugar a los complots de supuestas privatizaciones de la educación y menos de lo que ahora nos llenan la cabeza y envenenan las almas.

No estamos ante algo menor sino ante una mentira que engaña y que busca en el presidente a quién cobrarle lo que no se atreven a pelear con los magistrados. La realidad es simple: el presidente Enrique Peña Nieto solo recoge lo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha resuelto y que, con la iniciativa o no, ya es obligatorio para todos.

La cordura aún cabe si la verdad se reconoce. Y que quede claro, no veo odios entre quienes se oponen a lo que temen pudiera dañar a sus hijos e hijas, y sí amor hacia ellos y ellas. Y ese es un derecho que nadie puede negarles desde la otra, sí, intolerancia.

¿Por qué correr o pretender correr de su trabajo a un servidor público que se sumó a una causa en la que cree? Eso es intolerancia y es propio de una dictadura.

benja_mora@ yahoo.com