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VIDA URBANA: El gran mentiroso

VIDA URBANA: El gran mentiroso

Feb 18, 2017

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Por Benjamín Mora Gómez

Nadie nos salvamos de mentir. Es connatural a nuestra necesidad de vernos más inteligentes, atractivos, educados, poderosos, agradables, gentiles… y al mentir hay diferencias entre los sexos. Unas y otros mentimos y no siempre es con el propósito de ocultar la verdad sino, muchas veces, la de dar una impresión favorable en los demás al buscar seguridad y protección, satisfacción personal. Me atrevería a decir que, incluso, hay quienes prefieren escuchar una mentira antes de enterarse de la verdad, o al menos eso creemos, por ejemplo, cuando necesitamos comunicar que alguien murió y solo decimos que está muy grave. También se miente en el silencio, con descripciones vagas, evadiendo preguntas o fingiendo emociones así como diciendo verdades a medias y provocando interpretaciones erróneas de algún acontecimiento.
Hay quien miente falseando la información que acompaña a sus dichos. Esto requiere y exige de un gran esfuerzo mental… un «buen mentiroso» jamás pierde la compostura y recuerda sus mentiras de tal forma que jamás se contradice, aun cuando otros le descubran sus falsedades. El mentiroso «refinado» no puede admitir que miente.
Construir una historia falsa exige más, mucho más, que decir la verdad, pero siempre hay quienes llegan hasta este extremo para autodefenderse a través de diferentes mecanismos y lograr autolimpiarse de sus más vergonzantes recuerdos. Una historia falsa, para «ser creíble», necesita ser compatible y consistente para quien la dice y quien desea creer en ella.
Hay quien miente por vivir una «realidad paralela», distinta, muy distinta a la realidad verdadera, la de los demás. Quien vive en esa realidad paralela se siente perseguido cuando se le muestran sus mentiras y engaños, generándole estados de angustia y estrés. Quien vive realidades paralelas es un mitómano que elucubrará permanentemente historias falsas aun y a pesar de sus consecuencias para quién miente y para quienes pretende engañar; es un mitómano que sufre de un estado patológico.
De Daniel Handler —escritor y músico estadounidense— he conocido frases en verdad deliciosas; una de ellas dice: «No hay un sonido peor en el mundo que el de alguien que no sabe tocar el violín, pero que insiste en hacerlo de todas formas», y esto es lo que miro en Donald Trump que, metido de presidente, insiste en gobernar a su nación sin saber hacerlo y en ese navegar sin timón ni mando, deja que le dominen sus frustraciones de intentos fallidos de negocios en México.
Donald Trump tiene en la mira dos acciones en nuestra contra: Renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en razón del déficit comercial que Estados Unidos de América tiene frente a México y construir un muro que ponga a salvo a su país de los «bad hombres», a partir de historias falsas creadas y recreadas dentro de su realidad paralela.
El déficit comercial de Estados Unidos frente China ha llegado a ser de 347 mil millones de dólares, más de cinco, casi seis veces, que el que tiene ante México. Frente a Japón el déficit comercial ha alcanzado los 68 mil 900 millones de dólares y ante Alemania hablamos de 64 mil 800 millones de dólares… con nosotros, al final de 2016, el déficit fue de 58 mil millones de dólares. Así pues, los enojos deficitarios comerciales no son el fondo del problema.
Trump miente al decirle a su pueblo que «con acuerdos justos y sensatos, el comercio internacional puede hacer crecer nuestra economía, regresar millones de empleos a suelo americano y revitalizar nuestras golpeadas comunidades» si antes no resuelve muchas contradicciones económicas internas que expulsaron de EEUU a esas empresas que ahora quiere recuperar a base de amenazas.
Que quede claro, las empresas que migraron fuera del territorio norteamericano no lo hicieron para dañar a su país y su gente sino para conquistar mercados desde mejores espacios para producir y así llegar nuevos clientes. Buscaron ser más competitivos; quizá el principio más elemental del libre mercado.
En su mar de contradicciones, el gobierno de Trump amenaza que «enfrentará a aquellas naciones que violen acuerdos comerciales y dañen en el proceso a trabajadores estadounidenses», aunque él viole todo tratado y dañe a sus electores.
En su mundo de realidades distintas, resolvió salirse del tratado comercial de la región Asia-Pacífico aunque ello significará un ascenso más rápido de China al top mundial económico. Trump, al querer defender a su país y pueblo, a quien ayuda es a China y los chinos.
En ese mismo contexto de historias a medias pero muy mentirosas es que Trump «justifica» el muro con México para detener «la migración ilegal, frenar las pandillas y la violencia, y detener la llegada de drogas» a sus comunidades, pero no atiende el fondo del problema interno. Estados Unidos tiene, según cifras reconocidas, a unos 50 millones de adictos a alguna droga: ¿Cómo los ayudará en contra de sus adicciones? ¿Cómo detendrá el transporte de la droga en territorio norteamericano pues hablamos de, al menos, 50 millones de dosis diarias?
Trump preocupa por sus realidades paralelas que algunos califican como patológicas y peligrosas en el hombre —hasta hoy— más poderoso del mundo. Él representa un reto de seguridad para el mundo, pero de responsabilidad para los verdaderos dueños del poder en Estados Unidos. Veremos qué resuelven y cuándo lo hacen.

E-mail: benja_mora@yahoo.com


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