Portal informativo de análisis político y social

VIDA URBANA | Exasperación social

VIDA URBANA | Exasperación social

Ago 6, 2016

Una vez leí: «Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación», que me gustaría se entendiera en mi querido México.

La exasperación social es tangible. De uno y otro extremo los enojos crecen y separan. Unos abusan y engañan, violentan, mientras otros son culpables de largos silencios y omisiones incomprensibles, quizá comodinas o quizá respetuosas de las formas y los fondos.

Tal parece que andamos de naufragio en naufragio, en la desesperación de no saber qué hacer ante un México que necesita cambiar para incluir a todos y el temor de perder con el cambio. Las reformas que hoy nos acompañan son parte de esa esperanza que quizá, hoy, descubramos que no fueron perfectas pero que, sin embargo, me gustan más que la quietud mansa de los sexenios pasados.

Julio Verne nunca pudo comprender que un ser, dotado de voluntad, se dejase dominar por la desesperación… hoy, Julio Verne perdería la razón en medio de nuestros desencuentros sociales amparados en la desesperación.

Me llaman la atención —y me preocupan— los escepticismos irracionales con que nos escondemos de nosotros mismos, con que escuchamos las malas nuevas que son siempre las mismas e igual de viejas, y la forma en que acusamos a otros de todos nuestros males.

Esta semana la exasperación creció a niveles casi de guerra civil. Los empresarios al fin despertaron, y me preocupan sus razones visibles, al menos en los medios masivos: las pérdidas económicas. De ellas hablan, a ellas las cuantifican pero en ningún momento denuncian las pérdidas sociales del movimiento magisterial en los estados más pobres de México, es decir, los años de prosperidad perdidos.

De los maestros de la CNTE no puedo esperar mucho. México no está en sus afanes. Los alumnos no son su prioridad. Oaxaca, Guerrero, Chiapas o Michoacán no les duelen.

Los maestros de la CNTE insisten en borrar la reforma educativa que a la mayoría satisface y para lograr su empeño, violan lo más preciado del ser humano: su libertad, y bloquean calles y carreteras, e impiden que los alimentos lleguen a los más pobres, y roban y esconden la mano ladrona, y exponen las vidas de sus propios compañeros… aunque no niego los horrores de Nochixtlán que claman justicia en la claridad y la objetividad debidas. Los culpables de esas muertes deben ser castigados, pero también lo deben ser quienes han impedido el libre tránsito y quienes han robado al amparo de las manifestaciones.

Es tiempo de ejercer la razón de manera prudente y adentrarnos en el conocimiento armónico de aquello que de verdad importa y trasciende. Es tiempo de practicar la generosidad como forma de vida. Es tiempo de ensanchar los caminos del entendimiento y del compromiso. Es tiempo, también, de entender y aceptar que nuestra felicidad no es responsabilidad del gobierno ni menos del gobernante. Al gobierno y al gobernante solo les corresponde conservar y asegurar el Estado de Derecho protegiendo al vulnerable y dando certeza de futuro al pueblo que sirven… y en ello hay claras omisiones que deben atenderse y corregirse.

Hellen Keller decía que la verdadera felicidad no se consigue satisfaciendo los propios deseos, sino siendo fieles a un cometido que merezca la pena. Creo que la lucha magisterial de la CNTE aún no encuentra ni contenido ni continente porque jamás los oigo hablar de sus alumnos. El bien de sus alumnos no se encuentra en sus propósitos ni en sus causas. No han entendido que la felicidad no se construye sobre la espalda de nadie ni la libertad sobre la ignorancia de otros y que nuestros derechos no pueden reclamarse si no respetamos los derechos de los demás.

Nos hace falta sabiduría.

Nos hace falta elegir las palabras justas que nos den aliento e impulsen a construir.

Debemos entender que las palabras contienen la esencia de lo que sentimos y deseamos. Si en ellas no habita el deseo de ayudar o de sanar, de unir o amar, de construir, simplemente se inclinarán hacia lo que hiere, daña o humilla, a lo que destruye.

En nosotros está la decisión.

Hoy México se confronta. Ojalá se hable menos de derechos laborales y derechos económicos, que no significa olvidarnos de esos derechos, y dialoguemos teniendo al ser humano como origen y destino de nuestro México. Los daños en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán son, por sobre todo, humanos. Se ha empobrecido aún más a los pobres; se ha negado educación a los niños, niñas y jóvenes; se ha aislado aún más a quienes vivían ya aislados de la prosperidad; se han olvidado de México.

benja_mora@yahoo.com