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Vida Urbana: Exclusión e indiferencia sociales

Vida Urbana: Exclusión e indiferencia sociales

May 27, 2017

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Por Benjamín Mora Gómez // 

Hace tiempo leí una frase que aquí comparto: “A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que una aversión declarada”… por lo que hoy sabemos, gracias al doctor Masuro Emoto, yo cambiaría el “a veces” por un contundente “siempre”.

Somos seres sociales; profundamente sociales y en razón suya siempre esperamos empatía de los demás hacia nuestras necesidades y emociones como los demás lo esperan de nosotros. Cuando ello no sucede nos sentimos –nosotros y ellos- desconcertados e intranquilos, con incertidumbre y desasosiego, pues desestructura nuestra comprensión del mundo y las relaciones sociales., y nos perdemos en un mar de amarguras y dolores del alma.

Somos –así lo creemos- la creatura cumbre en la evolución pero somos, también, los seres más débiles al nacer. Esta aparente contradicción nos ha hecho dependientes de quienes, con amor y cuidados o así deberían obrar, nos hacen seres en sociedad activa y corresponsable.

Hombres y mujeres / mujeres y hombres conformamos nuestra autoimagen gracias a la imagen que los demás tienen de nosotros / nosotras, de manera que, en la indiferencia nos sentimos inseguros y nuestra autoimagen se marchita día con día hasta morir.

La indiferencia es más que la NO respuesta; es un desprecio a reconocer nuestra presencia, necesidades y emociones. La indiferencia es estresante y el estrés que no cesa, mata o conduce, en el caso extremo, al suicidio.

En la indiferencia la soledad se vuelve síndrome.

La indiferencia también es respuesta a otras indiferencias recibidas por quien excluye. Quien excluye teme implicarse emocionalmente y ser herido como ya lo fue en otros momentos y por otras personas que quiso y dio importancia.

En este sentido entiendo la trascendencia y extraordinaria motivación a la Estrategia Nacional de Inclusión del Gobierno de la República, del presidente Enrique Peña Nieto.

Por primera vez, un presidente asume que la inclusión de todos los mexicanos a los beneficios nacionales debe ser política de gobierno y no dádiva política. Por primera vez se entiende que un Proyecto de Nación y Patria debe convocarnos y sumarnos a todos y todas quienes aquí nacimos y vivimos.

Por primera vez, un presidente entiende que no basta con dar acceso a la escuela a todos los niños y niñas sino de reconocer su derecho de deleitarse en el aprender; en el descubrir la maravilla del conocimiento; en trascender desde aquello que nos distingue como especie: Nuestra capacidad intelectual… Somos homo sapiens, es decir, seres que sabemos que podemos saber.

Por primera vez, la salud y la seguridad social dejan de ser un derecho de unos cuantos pero que excluye a millones de mexicanos. Hoy, el Seguro Popular llega a más de 11 millones de mexicanos, y millones de estudiantes de preparatoria, universidad y posgrados tiene Seguro Social.

Por primera vez, el hacinamiento en los hogares se mira como injusto e inhumano y se reconoce el derecho a espacios dignos, y se implementa un programa de apoyo –con recursos públicos- a la construcción de una habitación adicional, en especial para las hijas.

Por primera vez, el derecho al trabajo se vincula con la capacidad de consumo y a éste con una alimentación suficiente, de calidad y nutritiva, y a ella con el aprendizaje, el trabajo, la salud, el bienestar, la cultura…

Por primera vez, el derecho al acceso a los nuevos sistemas de comunicación se reconocen como el medio para vincularnos con el mundo, participar de los debates globales, hacernos ciudadanos universales.

Esto que no es poco, hoy es política pública que vincula y obliga.

Masuro Emoto demostró, en partículas de agua, las causas negativas de la indiferencia mediante experimentos que, en mi parecer, cumplieron con las bases de la ciencia. También experimentó, por ejemplo, con tres vasos de arroz y agua en porciones idénticas que recibieron mensajes, el primero de positividad, el segundo de negatividad y el tercero de indiferencia. Tras un mes, el primero fermentó y creció, el segundo se ennegreció y el tercero se pudrió. Ello se puede extrapolar a los seres humanos.

La teoría del Análisis Transaccional nos advierte que “del mismo modo que el hambre o necesidad de alimento es saciada con comida, para subsanar la necesidad de estimulación es necesario, e incluso imprescindible, que la persona sea tocada -en cuerpo y alma- y reconocida por los demás”.

La Estrategia Nacional de Inclusión podrá, desde la autoestima, propiciar la obediencia a las normas sociales, construir empatía y reducir los conflictos personales y sociales… sería, pues, el mejor camino hacia una sociedad con civismo.

Martin Luther King dijo: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”. Pensemos en quién antes consideró a todos y todas en un Proyectos de Nación y Patria. Nadie es la respueta.

E-mail: benja_mora@yahoo.com


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