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VIDA URBANA: Incidir en la redistribución del poder

VIDA URBANA: Incidir en la redistribución del poder

Mar 1, 2014

Por Benjamín Mora Gómez —-
Si queremos avanzar en el ejercicio noble de la democracia debemos pugnar porque el poder político no se quede en manos de políticos imberbes e incidir en su redistribución ciudadana.
Es tiempo de devolver el sentido justo a la responsabilidad diferenciada que implica lo público. Es tiempo de reconocer que a mayor poder, mayor es también la responsabilidad y la exigencia de horas prolongadas de trabajo. Es tiempo de que el político, convertido en servidor público, entienda que su único compromiso es cumplir y hacer cumplir los programas y acciones de la política pública a su encargo. Es tiempo de dignificar lo gubernamental.
En política no puede haber vaguedad.
Por responsabilidad debemos entender la capacidad de dar respuesta. Carecer de tal virtud hace irresponsable a quien no tiene la experiencia, los conocimientos, las virtudes, las cualidades y la voluntad de cumplir su encomienda. Hoy, en la improvisación de servidores públicos, la irresponsabilidad se hace evidente y sus efectos a todos nos dañan.
El servidor público responde dignamente a su encargo cuando, en primer término, entiende lo que es política pública y no se pierde en las aguas turbulentas de las interpretaciones personalistas que solo lo conducen a tomar decisiones equivocadas y, en el extremo de la soberbia, a cambiar los términos de los programas de Gobierno para cumplir con metas mesurables descuidando los impactos sociales, económicos, ambientales, políticos… El Gobierno, no siempre la forma es fondo, pero siempre el fondo es forma.
México está ante la disyuntiva de transformarse o perderse en los miedos ante el cambio. Su futuro será promisorio siempre y cuando nuestro discernimiento refleje la comprensión que hagamos de los problemas de injusticia económica y social, de desintegración ambiental, de resquebrajamiento del entramado comunitario, de la ausencia de democracia activa, y de violencia consentida en toda relación humana.
Para transformarse, México debe redistribuir el poder entre los ciudadanos.
Es hora de cumplir. Es hora de abandonar las ocurrencias en el ámbito gubernamental. Es hora de hablar de la calidad de los impactos gubernamentales desde nuevos paradigmas: Reconocer que los propios beneficiarios de cualquier acción gubernamental son quienes deben diseñar y liderar su propio desarrollo; enfocar la política pública en resultados e impactos en la erradicación de la pobreza, la reducción de la marginación y garantizar los recursos públicos y privados necesarios para la ejecución de los programas; promover la confianza y el aprendizaje mutuos entre los actores del desarrollo, el bienestar y la prosperidad, y potenciar la transparencia y contraloría social en las acciones de intervención gubernamental y ciudadana, dejando claras las responsabilidades compartidas.
La nueva política social del Gobierno de la República rompe paradigmas del pasado al evidenciarse su ineficacia; sin embargo, hay quienes desde el gobierno aun no lo comprenden, e incluso, quienes la rechazan y reman en contra. Presidentes municipales que se conforman con lo mínimo cuando tal actitud sólo nos detiene en nuestro desarrollo. Presidentes municipales a quienes sus partidos políticos quieren salvar de su incuestionable irresponsabilidad, haciendo política discursiva/mentirosa, por no tener capacidad de hacer política efectiva y de resultados crecientes.
En esta redistribución del poder, las organizaciones de la sociedad civil deben asumir su derecho de ejercer su capacidad para penetrar en aquellos espacios, otrora privativos del Gobierno, en eso que hoy se reconoce como la diplomacia ciudadana. No se trata, aclaro, de reemplazar al Gobierno ni de competir con el Estado, sino de debatir, formar opinión, presentar y consensuar propuestas, cumplir acciones de observatorio y de control ciudadano, al abrir puentes de actuación más dinámicos y efectivos. Un nuevo cabildeo de incidencia se impone.

E-mail: benja_mora@yahoo.com