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VIDA URBANA: Incitar al odio

VIDA URBANA: Incitar al odio

May 26, 2012

Por Benjamín Mora Gómez

Vivimos un momento muy singular en nuestra incipiente democracia. De un lado, el despertar del interés en la política de los jóvenes universitarios de todo México y, del otro, la incitación al odio como la última –y quizá única– estrategia del PAN y el PRD para mantenerse o acceder al poder, según sea el caso, y evitar que el PRI gane la elección presidencial del primero de julio próximo.

Aplaudo a esa juventud que exige a los medios una forma distinta de comunicar e informar. Me parece que dará muy buenos frutos. Me preocupa el odio que se anida en las huestes panistas y perredistas, con todos sus aliados, pues tiene su origen –según sería explicación desde la Psicología– en la amenaza que les representa la fortaleza de Enrique Peña y su partido, el Revolucionario Institucional, en sus intereses políticos. Odio que se alimenta de sus miedos atávicos y de sus pulsiones políticas más primitivas, que imaginé superadas en este México idealmente más democrático.

La siembra y festejo del odio, desde el poder o por el poder, es un principio de destrucción del entramado social en el que se sustentan las naciones; por ello, me preocupan el regocijo –hasta las lágrimas– de Andrés Manuel López Obrador en el mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco; me sorprende el llamado de Josefina Vázquez Mota a “tomar las calles”, y me indignan las pueriles y peligrosas declaraciones de Felipe Calderón sobre lo anecdotario de que se proteste en contra de quien “aun” no es presidente de la República. Con todo, lo grave de las tres reacciones es que sus alegrías, llamados y anecdotarios comentarios no están en la celebración de una democracia más actuante y sí en esa incitación al odio.

La apología del odio es peligrosa y vergonzante, aun en el ejercicio de la libertad de expresión que consagra nuestra Carta Magna y se establece en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, pues podría desbordarse de forma incontrolada poniendo en riesgo la realización de la elección misma. Sin acusar aun, podría ser la excusa que esperan en el Gobierno Federal para suspender garantías ciudadanas y dar el golpe que perpetúe a Calderón en el poder… “piensa mal y…” aclaro, la libertad de expresión debe prevalecer en una posición de privilegio dentro de las garantías constitucionales en el entendido de que a través suyo se puede encontrar la verdad; lo que defiendo no es sólo el derecho a expresarnos con libertad sino el buscar la verdad como camino a la libertad desde la expresión pública.

La historia está llena de ejemplos en que la libertad de expresión se excedió. Recuerdo el caso de Beauharnais contra el Estado de Illinois (1952), en Estados Unidos, donde un dirigente blanco, al proponer leyes de segregación, fue sentenciado por entregar panfletos que acusaban a la población de raza negra de violaciones, robos y uso de drogas. O el caso, más reciente, en Francia, donde Éric Zemmour, periodista de El Fígaro, fue hallado culpable de incitar al odio racial por haber expresado en televisión que los narcotraficantes son en su mayoría “negros y árabes”. Si bien el caso provocó un intenso debate sobre la libertad de expresión, al final prevaleció el criterio que impuso un límite como lo tiene toda libertad.

Algunos medios han privilegiado las protestas en contra del libre ejercicio de Enrique Peña a aspirar a presidencia de la República conforme a lo que la ley establece. El hecho es una aberración de la libertad de expresión; un abuso fincado en el odio que provoca la frustración anticipada de una derrota anunciada. Bien dicen que el odio es el arma favorita de los pusilánimes.

Llama la atención que Enrique Peña crece en las preferencias electorales, aun y a pesar de los ataques y acusaciones. México, estoy seguro, no padece de Alzheimer social.

Para comprender lo que hoy sucede, invito a recordar lo expresado por el escritor judío alemán Victor Klemperer en 1946, cuando afirmaba que en la Alemania nazi se había “filtrado en lo más hondo de las personas a través de palabras, modismos y estructuras oracionales que les fueron impuestas a través de millones de repeticiones y que asimilaron mecánica e inconscientemente”.

Uno de los temas centrales de quienes se manifiestan en contra de Enrique peña son los hechos en San Salvador Atenco. Hay que recordar que estos fueron judicializados y resueltos según la ley. Los detenidos, liberados, y los abusadores, sentenciados. Derechos Humanos intervino y resolvió. Soy de quienes creemos justificado el enojo de sus habitantes por la forma en que se pretendió despojarlos de parte de sus tierras para construir el nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Estuve en varias de las reuniones en San Salvador, y estuve en los encuentros en la Secretaría de Gobernación en un salón con banderas de nuestra Historia. Hubo negligencia, abuso y estupidez que provocaron el conflicto. Hubo un secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, que hablaba con los gansos y los patos. Hubo un secretario de Gobernación, Santiago Creel, que no entendía de razones como el tal Gabino Barrera. Recuerdo en forma especial una reunión en que se pretendió convencer a los lugareños con explicaciones sobradas de insensatez sobre cómo despegarían y aterrizarían los nuevos aviones. Recuerdo, también, cómo defendieron, los hombres y mujeres de San Salvador, su panteón que pretendían quedara en el polígono de reserva del aeropuerto. Hubo falta de protocolos desde la Policía estatal y Federal, pero es una realidad de que la vida de varias personas estaba en franco peligro de linchamiento.

A la distancia podemos afirmar que fue la mentira con el propósito del engaño la que desató tan grave controversia. Recuerdo que desde la Secretaría de Comunicaciones y Transportes –léase, Pedro Cerisola– se nos dijo que en término de cinco años –febrero de 2002– el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México alcanzaría el límite de su capacidad operativa. Han pasado más de 10 años y el aeropuerto sigue dando servicio. Entonces, afirmo, el origen del mal estuvo en otro lado.

 

E-mail: benja_mora@yahoo.com