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VIDA URBANA | La babel de Zambrano

VIDA URBANA | La babel de Zambrano

Ago 27, 2016

«La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió»
Francisco de Quevedo

Crecí en el seno de una familia en el que todos teníamos el derecho a opinar y expresar sobre los temas que nos daban sentido y pertenencia, y jamás fuimos siquiera molestados por pensar de manera distinta. Una familia en que lo público era y es manifestación abierta de lo que vivimos en privado.

A mi hija y nietos les he enseñado que su libertad no está en hacer lo que les venga en gana aun sin molestar a nadie, sino en convertirse en aquella persona que eligieron ser desde lo más profundo de su pensamiento y su conciencia. Esa libertad de pensamiento y conciencia, que antaño era virtud de grandes hombres y mujeres, hoy se desvanece entre caprichos e irreflexiones, entre ocurrencias y modas, entre incontinencias verbales y descalificaciones fatuas y maldicientes.

Quien desde el poder se ciega caerá, irremediablemente, en excesos, atropellará derechos de terceros y provocará resentimientos que lo confrontarán con los ciudadanos al perder legitimidad ética y moral así como respaldo social; de ello, no tengo duda. Jesús Zambrano es hoy un lamentable ejemplo de tal caída… un hombre que siempre lo sentí probo y seguro en su pensamiento de izquierda.

Olvidándose, Jesús Zambrano, del principio más elemental del liberalismo mexicano: la Libertad de Pensamiento y de Conciencia que se manifiesta en la Palabra y se hace realidad en la Acción, atacó a la Iglesia Católica por «meterse» en terrenos que «no le corresponden» al descalificar los matrimonios entre personas de igual sexo, y con ello oponerse a las reformas legislativas de algunos congresos locales así como a las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a la iniciativa presidencial en cuanto a «matrimonios igualitarios».

Zambrano es hoy claro ejemplo de la soberbia que ciega y obnubila la razón, de esos momentos en que se pierde la belleza del silencio cuando las palabras se vuelven torpes y de los sentimientos que empobrecen al alma, y olvidó —incomprensiblemente— que en democracia jamás hay nada terminado y que día a día las negociaciones se reavivan y renuevan, y que en ese pequeño secreto está la magia, la maravilla y el sentido de la política y la grandeza humana que la transforma y dignifica, que incluye y atrapa, que tolera y respeta.

Jesús Zambrano parece ignorar u olvidar que en algún momento de nuestro devenir nacional, el matrimonio fue solo entre un hombre y una mujer, y que era cosa aceptada por todos y jamás cuestionada… y ello cambió por una o mil explicaciones o por mil o ninguna razón, pero que, de igual manera, pudiera cambiar una vez más, y que los que hoy ganaron podrían perder, y ganar los que hoy perdieron. Ello no significará ni avance ni retroceso, y será, simplemente, parte de los vaivenes sociales que el devenir humano ha experimentado.

Lo que hoy vivimos —y me preocupa la forma sin fondo— es que las ideas de lo que es una familia se confrontan y nos imponen concepciones unidimensionales y cupulares… o como quizá —lo acepto— antes se hizo. En el pasado se motivaron en cuestiones dogmáticas, fe y religión, ahora de modernidades y derechos; derechos que son tan solo creación de quienes están en el poder. Sea cual fuere la definición de matrimonio que se elija en nuestras subjetividades personales, hay algo que no puede soslayarse: La obligación del Estado y la sociedad de defender a la familia, y ello, en su propia interpretación, hace la Iglesia Católica y está en su derecho de oponerse a las leyes locales, las resoluciones de la Suprema Corte o a la iniciativa presidencial. Las leyes, las resoluciones judiciales y las iniciativas presidenciales pueden cambiar. Tal posibilidad da sentido a la democracia y a la acción ciudadana.

Hoy, a Jesús Zambrano le asustan las movilizaciones sociales que ha iniciado la Iglesia Católica y en razón de sus temores la descalifica, y olvida el legislador perredista que la libertad de reunión y asociación pacíficas es un derecho también de los católicos como lo es de los militantes de todo partido, de los demandantes de servicios públicos, de los estudiantes sin acceso a escuela, de los sindicatos que piden mejoras salariales y de los empresarios que exigen transparencia, rendición de cuentas y lucha contra la corrupción, y que en todos esos grupos también hay católicos. El reconocimiento de la personalidad jurídica y de los derechos de la Iglesia Católica no es un asunto que pueda quedar en manos de alguien que hoy empequeñece su estatura democrática.

Es oportuno que Jesús Zambrano recuerde que, durante la Segunda Cumbre de las Américas convocada por la Organización de los Estados Americanos (OEA), los Jefes de Estado y de Gobierno reconocieron el papel fundamental que tiene el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión; no puede pues oponerse a tan alto acuerdo sin caer en lo mismo que critica de la Iglesia Católica pero con la gravedad de hacerlo sobre un asunto de interés hemisférico. La OEA creó la Relatoría Especial para promover la conciencia por el pleno respeto del derecho a la libertad de expresión e información continental, como parte fundamental para el fortalecimiento y desarrollo del sistema democrático… y se podrá estar o no con la intervención de la Iglesia Católica en asuntos que otros convenga e interese, pero nadie, jamás, podrá negarle el derecho de denuncia y protección de aquello que cree justo. La Iglesia Católica lucha por lo que reconoce son justas reparaciones de un orden que cree natural o divino y que ve violentado. Su ámbito es espiritual, pero adquiere sentido y vigencia en lo terreno. La iglesia puede estar equivocada o puede tener la razón, pero ni una ni otra posibilidad le quita el derecho de actuar en el espacio público y mover a sus fieles.

Ojalá Jesús Zambrano recupere el decoro que su partido merece y la izquierda necesita, y vuelva a ser don Jesús Zambrano Grijalva, abierto y franco como buen sonorense, con demandas con altura de miras como la que hizo por un Acuerdo Nacional de Gobernabilidad.

benja_mora@yahoo.com