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VIDA URBANA: Límites violentados

VIDA URBANA: Límites violentados

Jun 16, 2012

Por Benjamín Mora Gómez *

A Donaldo lo conocí por su esposa, Diana Laura. Él era presidente del CEN del PRI y ella promovía un extraordinario programa social de cocinas populares; yo era director General del DIF en Naucalpan, Estado de México.

La recuerdo bien. Afable, amable, con don de gente. Acompañada de dos amigas, nos visitó para ofrecernos una cocina popular que tenía como propósitos contribuir en la seguridad alimentaria de niños en sus escuelas, propiciar actuaciones positivas hacia las madres de aquellos y generar una fuente de ingresos a quienes participaran en el programa. Nos vimos un jueves y quedamos de reencontrarnos al lunes siguiente.

Llegado el día, Diana Laura se presentó con puntualidad inglesa. Ella tenía ansias de ayudar, así que sentándose me preguntó a boca de jarro: “¿Entonces qué, Benjamín, qué han decidido? Yo, en mi estilo le dije: “Tenemos un problema…”. Ella pareció bañada por un balde de agua helada. Su voz cambio y apenas se atrevió a decirme: “Ya sé… Manuel Camacho les pidió…”, yo la contuve y le dije: “No, nada de eso. Mi problema es que no quiero una sino cinco cocinas popular”. Y le confirmé que en efecto, Manuel Camacho nos había invitado a platicar en una oficina alterna allá por el rumbo de Observatorio, con un cierto dejo de “no apoyen a Luis Donaldo”. Ella no lo creía. Todos a los que antes había visitado, se habían excusado.

Se construyeron las cinco cocinas y ella las inauguró, el mismo día en que entregamos una guardería a la que llamamos Pilli Tlacoa o “el que ama a los niños” en náhuatl, y un parque recreativo infantil. Ella estuvo feliz aunque incómoda por los dolores de su cáncer.

Donaldo siempre me lo reconoció y se lo agradezco.

Volví a coincidir con los Colosio en la Segunda Semana de Solidaridad; él ya como secretario de Desarrollo Social. Nuevamente nos vimos, en su campaña a la Presidencia de la República, tres días antes de su asesinato en Lomas Taurinas, en Tijuana.

Donaldo alguna vez dijo: “El servidor público sólo puede hacer aquello que la ley le manda y autoriza; no puede hacer más, pero tampoco menos”. Y de esto quiero hablar.

Resulta que apenas la semana que recién terminó, fui por mi hermano al aeropuerto de Guadalajara, pues regresaba de la Ciudad de México. El vuelo se atrasó y decidí esperarlo unos minutos en la gasolinera que está en la salida del aeropuerto. Eran pasadas las 11 de la noche y me estacioné unos minutos –acaso cinco– en un espacio que está frente a la glorieta. No me fijé que había un letrero “hechizo” de no estacionarse que advertía, además: “Se usará grúa”.

Entonces llegaron dos suboficiales de la Policía Federal quienes me pidieron mis papeles pues “estaba en un lugar prohibido”. Yo le expliqué de mi brevedad y ofrecí moverme. Ellos insistieron en que debían cumplir con su deber como decía “El Comanche” en el programa de televisión de Los Beverly de Peralvillo.

Les hice ver que el letrero era apócrifo, hechizo, falso. Me dijeron que eso no importaba. Insistí. Ellos me pidieron mis documentos. Los entregué. Verificaron que mi auto no fuera robado. Yo insistía en que no debían basar su actuar en letreros apócrifos. No importó. Me multaron. Tardaron 40 minutos. Más, muchos más de los cinco que yo llevaba ahí estacionado.

Se dice que México cambió. Que no es el mismo de hace 12 años cuando se dio la alternancia. Que con el PAN todo se hace de forma más honesta… Ahora corroboro que eso no es cierto. Lo vi. Lo viví. Los sufrí… y quizá, hasta deba pagarlo.

Me resulta absurdo que me multen por estacionarme cinco minutos en un lugar con un letrero que un señor pintó y puso frente a su negocio, en horas en que, además, el negocio está cerrado. Fui multado por una prohibición de un particular sin anuencia de la autoridad. Con un letrero que ni siquiera cumple con las reglas básicas en cuanto color, tamaño y forma. No, eso no es ser honesto. Eso es violar el Estado de Derecho. Eso es excederse. Eso es otra forma de corrupción. Es una corrupción que permanece.

Ahora promuevo la nulidad de la actuación de los policías federales pues asevero no se sujetó a la normatividad aplicable. Ahora impugno el pago de la multa, aunque advierto que me saldrá más caro el procedimiento que la multa tal como está. Dicho lo anterior, espero no se me moleste ni hostigue por denunciar este hecho… si algo me pasa a mí o a mi familia, ya saben en dónde estaría el culpable.

 

E-mail: benja_mora@yahoo.com