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Vida Urbana: Los delincuentes de cuello partidista

Vida Urbana: Los delincuentes de cuello partidista

Oct 7, 2017

Benjamín Mora Gómez //

Mal futuro tiene nuestra democracia cuando motiva su normatividad electoral en la prohibición desde la desconfianza de los políticos entre sí y de los partidos ante ellos mismos.

Una vez leí una sentencia que se atribuye a Rick Riordan, novelista norteamericano de San Antonio, Texas: “Si empezamos a desconfiar unos de otros, nos haremos trizas nosotros mismos”, y eso nos pasa.

En México, políticos y partidos naufragan en los mares de la desconfianza ciudadana que ellos mismos alimentan como condena de su moral degradada y ética perdida. Las excepciones, que las hay, no logran revertir el enojo ciudadano por los Duartes, los Moreiras, los Padrés y cientos de más putrefactos seres que acumularon miles de millones y millones de pesos en el descaro más absoluto y la impunidad más evidente. Todos sabíamos lo que pasaba en sus gobiernos pero nadie desde el gobierno los detuvo.

¿Qué acaso, para evitar su fuga al exterior, no hubiera bastado con retirarles su pasaporte mexicano?

Hoy se les persigue y encarcela pero el daño al erario público y a la desconfianza ciudadana ya está hecho. La desconfianza que nos corroe es responsabilidad de quienes han permitido que la corrupción esté en niveles de no retorno. La desconfianza crece, reproduce y multiplica como la más infesta de las plagas sociales.

En Jalisco, la delincuencia crece en las calles sin resultados concretos de las autoridades. Para muchos, quizá la mayoría, la delincuencia tiene patente de corso que comparte y reparte sus ganancias con la autoridad; hoy lo creo porque lo veo de cerca.

La delincuencia no se limita al robo de un bien material sino que trastoca otros bienes intangibles como nuestra calidad y proyecto de vida en familia y sociedad. Cambios de uso de suelo, contaminación de cuerpos de agua y tierras, secado de mantos acuíferos, invasión de tierras de cultivo, construcciones “regularizadas” rompiendo el orden urbano, etc., también son delincuencia desde el gobierno.

Nadie, en el común social, cree que la justicia acabará con la recuperación del dinero defraudado por los exgobernadores “de nueva generación” a la Nación y al pueblo, a los programas sociales y a la esperanza de una vida mejor en educación, salud, servicios urbanos, infraestructura… y cómo no habría de ser así la percepción social cuando vemos que la esposa del Duarte veracruzano vive libre y millonaria en Londres con el dinero defraudado ¿sólo por su esposo? a los veracruzanos. Se dice que se negoció tal protección a la esposa con su detención y silencio, y no hay forma de debatirlo; todo apunta a creerlo.

No hay semana en que un nuevo escándalo no nos despierte como pesadilla de vida. Socavones aquí y allá en los fondos públicos y creemos –ojalá estemos equivocados- que nada pasa en materia de justicia aunque, confío en sí sucederá. La desconfianza nos impide ver la otra cara de esta dolorosa realidad; la cara de la esperanza.

Recién, ante los desastres naturales de terremotos y huracanes, se ha exigido cambios que no a todos han gustado. El más destacado, terminar con los financiamientos a los partidos políticos y ello, como en otros temas, el pueblo tiene la razón aunque a la mayoría de los partidos les duela aceptar, aunque ahora resulte que el más vilipendiado de todos los partidos políticos sea el primero de devolver lo que tenía asignado.

Entendamos que en la democracia se gobierna escuchando al pueblo. Que en democracia el pueblo decide y el gobernante acata. En la democracia el pueblo manda y el gobernante es el mandatario, es quien recibió una orden que debe acatar.

Por mandato constitucional, los partidos políticos son de interés público, pero pregunto si el interés público está en los afanes de todos los partidos políticos. Tal parece que, para esos que se niega a renunciar al financiamiento público, lo público les causa urticaria.

El asunto es simple: Si el dinero con que se financia a los partidos es del pueblo, dejemos que el pueblo decida si sigue o no financiándolos. Desde la tribuna parlamentaria, dejemos que los políticos y los partidos demuestren de qué están hechos y cuáles son sus prioridades.

Hay quien se atreve a decir que si se resolviera eliminar el financiamiento a los partidos políticos, dinero de la delincuencia organizada entraría a las campañas políticas y se adueñaría de los gobiernos; y hay quien piensa que eso ya sucede aun con los financiamientos púbicos y etiquetados hoy vigentes. Pero el fondo del asunto no es si eso pudiera suceder o ya aconteciera, sino si la autoridad electoral tiene el mandato, la capacidad y la voluntad para combatirlo.

Camilo José Cela, en su obra La colmena, repite algo que se decía antes: “…los hombres se divierten con las frescas, pero al final se casan con las decentes”; hoy, eso no sucede. Muchos, y muchas, se casan con quienes juegan carantoñas y se regalan arrumacos de promiscuidad económica con los recursos públicos con los delincuentes organizados.

El ejercicio de gobierno no es señora ni señor que sonría con cara de suerte a quien a aquel llega y le dé anuencia de tomar lo que nos es suyo. Eso, aquí, ayer y siempre ha sido robo.

No quiero aceptar, pero quizá sea cierto que, cuando el pueblo desconfía, pocas veces se equivoca. Por desgracia, nuestra desconfianza en lo público la han alimentado los propios partidos políticos al solapar y proteger a sus militantes caídos en las tentaciones del dinero fácil y el robo descarado.

Esto debe cambiar. Los delincuentes de cuello partidista deben ir a las cárceles y el gobierno debe recuperar lo defraudado. Es así de simple el camino. No hay otro para que México deje ser referente global de corrupción.

E-mail: benja_mora@yahoo.com