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VIDA URBANA | Los olvidados

VIDA URBANA | Los olvidados

May 23, 2015

Ser adulto mayor en México es una condena. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, de cada 10 mayores de 60 años de edad, 8 viven en situación de pobreza. A quienes tienen alguna pensión, ésta no les alcanza, y se ven obligados a “trabajar” en condiciones por demás desfavorables. Uno de cada 4 mayores de 80 años se encuentra laboralmente activo en empleos pagados por debajo del salario mínimo y sin prestaciones como seguridad social, sueldo base, aguinaldo o seguro contra accidentes, según confirma el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Son –somos- hoy parte de los olvidados del sistema jurídico, legislativo, político, económico y social mexicano.

El Consejo Nacional de Población reconoce que “los ancianos tienen el índice de desarrollo social más bajo en el país, lo que se traduce en pocas posibilidades de vivir la vejez de forma digna”, agravado, como lo sentencia el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, por maltrato como golpes, ataques psicológicos, insultos o robo de sus bienes. Así lo confirma el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, para el que, tres de cada cinco ancianos sufren violencia dentro de la familia. En Hogar Vicentino de Guadalajara conocí a ancianos abandonados en la calle por sus familiares por el hecho de estar enfermos de esclerosis… sí, como se lee, ancianos que fueron puestos en la calle por sus familiares; ancianos sin capacidad para moverse o comunicarse, condenándolos a morir.

En el Código Penal Federal el abandono de un adulto mayor no figura como un delito punible. Destaca, sin embargo, la iniciativa de la senadora por Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, presidente de la Comisión de Desarrollo Social, para reformar la Ley de Derechos de las Personas Adultas Mayores y el Código Penal federal, a fin de sancionar con entre un mes y cuatro años de cárcel a quien abandone a un adulto mayor que esté a su cargo. La pena les permitiría alcanzar libertad bajo fianza.

Los adultos mayores son, según cifras de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010, el cuarto grupo de población vulnerable.

Para el año 2050, se espera existan 12.5 millones de adultos mayores de 60 años en México.

En ese escenario, adquiere la mayor relevancia la propuesta de Laura Haro en favor del adulto mayor. Laura nos propone: “Integrar a los adultos mayores a un esquema laboral adecuado a través de capacitación continua y estímulos fiscales para empresas que creen oportunidades para ellos”. Laura parece conocer todo lo antes señalado y, evidentemente, se asume como esa voz que el/la adulto/adulta mayor requiere para recuperar su espacio en una sociedad que lo/la ha segregado.

El compromiso de Laura adquiere una relevancia quizá aún insospechada por ella misma, en un mundo en el que las mujeres y los hombres de más de 60 años podemos aspirar a llegar a una cuarta edad, nutrida de experiencia y sabiduría. Somos parte de esa generación que impulsó y vivió los grandes cambios de la humanidad en el siglo XX. Somos, hombres y mujeres, enraizados en nuestro pasado nacional glorioso, que las nuevas generaciones menosprecian, y tenemos la mirada y el ánimo puesto en un futuro del que queremos ser parte. A diferencia de las nuevas generaciones, nuestra búsqueda nunca se quedó en lo inmediato y mucho menos en lo “light”; nos enseñaron a esperar sin que ello significara dejar de luchar. Nosotros admiramos la tecnología pero no le rendimos culto. Nos reconocemos como seres únicos pero no individualistas; nos aceptamos seres humanos en la medida en que nos encontramos y reflejamos en el otro; la otredad la asumimos como de esencial humanidad. Compartimos nuestra intimidad en la cercanía de los seres que amamos y no en el Facebook o el Twitter, que miramos despersonalizados. Nos sentamos a conversar compartiendo algún platillo preparado por nosotros mismos. Damos tiempo a la magia de convertir algunos alimentos en un manjar sazonado con el amor a los nuestros.

Luis Donaldo Colosio solía reconocerse como parte de la “cultura del esfuerzo” que implica tiempo, dedicación, constancia, temple y tener a México como nuestro más querido afán.

Llegó el momento de elevar a la gran tribuna Legislativa federal, el tema de las pensiones que afecta a 8.6 millones de mexicanos, según Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, y a cambiar, de manera muy específica, la Ley del Seguro Social que es confiscatoria de los derechos de pensión ganados por semanas de cotización y vida de trabajo, al obligar al adulto mayor a cotizar un año más antes de pensionarse, cuando le es imposible conseguir un trabajo digno con prestaciones de ley.

La propuesta de Laura Haro me parece fresca, comprometida, cálida y humana, y es un primer paso hacia la justicia digna y humana en la vida del adulto mayor. Espero volverla a encontrar para seguir hablando de sus propuestas y compartir mis puntos de vista sobre un tema al que he dedicado años de lucha.

 

benja_mora@yahoo.com